Esta información procede de documentos desclasificados por el Ejército de Estados Unidos obtenidos por The Associated Press (AP), en 1995, en respuesta a una solicitud bajo la Ley de Acceso a la Información (FOIA); ahí se describe que el Ejército de Estados Unidos exploró la posibilidad de utilizar venenos radiactivos para asesinar a “personas importantes”, como líderes militares o civiles.

La información queda en la especulación pero sin mucha imaginación cuadra impresionantemente con la enfermedad del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien tiene contados meses de vida luego de un fulminante cáncer de pelvis transformado en metástasis ósea, según fuentes de inteligencia del mismo Washington.

De que los intereses de Estados Unidos están en juego en cualquier lugar del mundo donde exista petróleo nos ilustró bondadosamente una película magistral, “Los tres días del cóndor”, donde un agente de la CIA dedicado al trabajo de investigación descubre una trama dentro de la propia Agencia para invadir Oriente Medio y Venezuela a causa del petróleo.

El comandante Hugo Chávez Frías se enmarca en la línea de los militares y civiles patriotas que ante la arrogancia intervencionista de Estados Unidos en América Latina adoptaron un nacionalismo exacerbado como mecanismo de defensa, que condujo a algunos de ellos hacia un rumbo socialista como única alternativa ante el poderío militar norteamericano.

Este es el caso de Juan Domingo Perón (Argentina), Fidel Castro Ruz (Cuba), los militares nacionalistas peruanos de los sesenta, Juan Torres (Bolivia), Salvador Allende (Chile), Omar Torrijos (Panamá) o Jacobo Árbenz (Guatemala).

La variante de Chávez implica un reacomodo estratégico al lado de Rusia, Bielorrusia, Irán y China.

Hugo Chávez, quien en su juventud coqueteó con los caras pintadas golpistas argentinos de Aldo Rico, y que tuvo como mentor en sus primeros años de vida política a un teórico del fascismo latinoamericano, Norberto Ceresole, hizo un impresionante viraje de la nación y el pueblo de Venezuela, al poner al servicio de las mayorías necesitadas, pero también de la corrupta nueva clase hegemónica, las riquezas venezolanas, especialmente la del petróleo. Asesorado por la socióloga chilena Marta Harnecker, quien vulgarizó el marxismo con un manual intitulado “Los conceptos elementales del materialismo histórico” en los setenta, Chávez bautizó su proyecto político como Socialismo del Siglo XXI.

Desde 1999 el Gobierno expropió 3.6 millones de hectáreas distribuidas entre 2,340 predios en favor de unos 175,000 agricultores, en los 23 estados del país; y creó las misiones que en salud, educación y alimentación permitieron a las clases pobres una vida digna y sana. A escala internacional su apoyo a Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia es ejemplar y ha ayudado a su desarrollo económico y subsistencia, como es el caso de Cuba y Nicaragua.

El de Venezuela, con esta forma de hacer mutis del presidente Hugo Chávez Frías, probablemente es un escenario digno de la célebre y profética frase de Luis XV: “Después de mí, el diluvio”.