Investigando sobre educación chárter, procesos educativos especiales en orden a mejorar la enseñanza, he encontrado más opositores que simpatizantes. Los que se oponen es porque ven intenciones de privatizar la educación. Y como la idea ha surgido en Estados Unidos, donde el 90% de los centros escolares es público, es ahí donde se debate sobre la educación en el sentido de poner énfasis en enseñar a aprender para que se pueda aprender, inculcar capacidad de resolver dudas cuando en encuentros internacionales se ven superados por coreanos, indios y chinos.

La idea es resolver sobre ¿qué conocimientos tengo? ¿Soy capaz de elaborar pensamientos constructivos que me permitan convivir con mis semejantes y estudiar para mejorar mi vida? El tema es extenso, pero quisiera ligarlo a nuestra realidad, sin nominaciones, tendencias, intereses y prejuicios. El interés principal es consolidar la educación con escuelas inclusiva con propuestas artísticas y desarrollo físico, y buscarle continuidad al proceso. Nunca ha sido así, las políticas educativas han ido cambiando desde 1989: escuelas saludables, Educación con Participación de la Comunidad (EDUCO), educación continua, Plan 2021 y el actual Vamos a la Escuela, que implica crear escuelas inclusivas que proponen optimizar el sistema hacia el arte. Resumiendo dichas propuestas de las dos últimas décadas, las políticas públicas evitarán que los buenos propósitos queden en el papel, y para lograrlo se deben borrar las tendencias que nos imponen su hegemonía para partir desde cero, suficiente para que las aspiraciones de desarrollo queden en cero, por vacíos de visión a largo plazo.

Aun países desarrollados cuestionan la educación tradicional, en la que los jóvenes son llevados al molino de carne, tal como se expresa en la película “The Wall” de Pink Floyd; o al suicidio, como en la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”. Ambas críticas se refieren a Inglaterra.

Cuando en El Salvador se pregunta sobre calidad educativa la respuesta unánime es a favor de las escuelas privadas, aunque sean unas pocas las instituciones que puedan enorgullecerse de la calidad: las católicas y las bilingües, con ligeras excepciones en escuelas públicas y privadas. Depende de la mística docente o del apoyo público. Recuerdo hace cinco años, desde la Biblioteca Nacional, patrocinados por la Fundación Paiz, se organizó un concurso de cuento y poesía para estudiantes de instituciones públicas y privadas. Se hizo visitas de promoción a institutos nacionales, no por privilegio sino para contar con mayor cantidad de estudiantes avanzados en sus estudios. Una vez recibidos los 2,500 trabajos, al contabilizarlos, nos llamó la atención cuáles habían sido las instituciones con más trabajos enviados. Esto nos hizo agregar un premio a esos centros educativos. El primer lugar tuvo 95 participantes y fue un centro educativo de Guatajiagua; el segundo lugar fue para el cantón El Carmen, departamento de Cuscatlán; y el tercero para un cantón del departamento de La Paz. Los tres eran estatales.

A la entrega de premios se invitó a los ganadores en poesía y cuento, y a los docentes coordinadores del proceso de estimulación literaria. Al preguntarle al maestro de Guatajiagua el motivo principal del alumnado para participar, manifestó que se les planteó el reto de despertar el espíritu creativo, porque el manejo del lenguaje incide en otras disciplinas, incluso en las matemáticas. El maestro nos manifestó la importancia de la expresión lingüística para una formación integral. “Si el joven no sabe escribir, si no lee, no sabrá imaginar para ser constructivo en la vida cotidiana.” De complemento nos dijo que él, en sus ratos libres, era experto en elaborar cerámica negra, que no solo es hacer comales y vasijas, sino productos estéticos, aunque en la capital no sean tan conocidos.

De mi parte, pese a limitaciones naturales, me siento orgulloso de mi educación pública, aunque fueron tiempos diferentes, y me gusta reiterar cada vez que puedo el hecho de haber aprendido en séptimo grado, en el orfeón del Instituto Nacional de San Miguel, el ave María en latín, o en italiano un fragmento de la ópera “Nabucodonosor” y otras más. Ahora, con la tecnología al alcance de un click, puedo escuchar a Luciano Pavarotti y Andrea Bocelli cantando el “Va Pensiero”, cuya letra aún puedo repetir parcialmente. La nostalgia surge a mares. Nunca imaginé tener esa larga ruta luminosa desde la infancia hasta mi avanzada adultez y disfrutar con hondo beneplácito esas canciones interpretadas por cantantes tan notables. Doy gracias a la vida por haberme dado educación para la vida. Significa sensibilización humanística, elemento fundamental para prevenir la violencia.

Estas proyecciones de la escuela pública, hace medio siglo, nos convencen de que si queremos desarrollo nacional, hay que invertir sin lástima ni lamentos, y aun con viento en contra, en educación. Mejora la calidad de vida –individual– y el desarrollo de las potencialidades de nación. Así, espero que las tendencias de la educación chárter no lleguen a nuestros espacios.

Con inversión educativa ganamos salud mental, espiritual, física. Incidiría incluso en las tragedias automovilísticas, pues este tema se ha vuelto círculo vicioso, irresoluble, que ha permitido crear una insensibilidad rayana en lo grotesco. Lo digo con conocimiento de causa, pues dadas mis inclinaciones de cronista social, una de mis principales aficiones es caminar, aunque a veces parezca jugar a la ruleta rusa al atravesar cualquier calle de San Salvador, en especial la avenida España y calle Arce y aledañas, lugar donde transito. No es masoquismo ni tendencia suicida, sino experiencias para absorber verdades para un cronista cuya fuente es la realidad.

Hay que defenderse, caminar con lucidez para no caer en las emboscadas de los homicidas temerarios. Termino insistiendo: nadie me convence de subir una pasarela, preferible correr aunque sea indigno y vejatorio. Ya antes escribí sobre este tema: al obligar al peatón a subirlas, educamos para la muerte y no para la vida. Es problema educativo que no alcanzamos a entender su práctica inconstitucional. Necesita demandarse en la sala respectiva. La alternativa a las pasarelas, lo he dicho en anteriores ocasiones: semáforos peatonales, sencillo como el agua azucarada o el abecedario.