Desde que tengo memoria estoy oyendo que se va a acabar el mundo. Siempre hay una fecha amenazadora en el futuro sobre la cual hay que estar pendientes porque el mundo se va a acabar de no se sabe bien qué rotunda manera. Lo único que se sabe con certeza absoluta es que la humanidad no va a sobrevivir.

Recuerdo un día en el corredor de mi colegio, jugando una ronda de jacks con dos o tres amigas. Una de ellas nos preguntó mientras jugábamos, muy seria y con toda convicción posible, que si sabíamos que el mundo se iba a acabar en el año 2000. Y que si nos habíamos puesto a pensar que todavía estaríamos vivas.

El juego de jacks se detuvo por completo. Todas hicimos cálculos mentales. Si no nos ocurría nada trágico, era cierto, teníamos toda la oportunidad de estar vivas para el año 2000. Ergo, nos tocaría presenciar y vivir en carne propia el fin del mundo. Yo sinceramente no sabía si quería ser testigo de tal acontecimiento. Sigo sin saberlo.

Siendo niñas como éramos no se nos ocurrió hacer la pregunta más elemental, que era de dónde tenía ella dicha información. Pero el año 2000 estaba todavía demasiado lejos como para preocuparse.

A medida que se aproximaba, se dio todo tipo de exaltación manifestada en muchas teorías de lo espantoso que ocurriría, una de ellas el Y2K, el descalabro de toda nuestra sociedad porque las computadoras no iban a poder hacer, de manera apropiada, el cambio de año en la fecha.

Pero llegó 2000 y no pasó absolutamente nada. Henos aquí. Sobrevivimos al fin del mundo.

Y así lo hemos sobrevivido varias veces. Porque son incontables los anuncios que hubo en el pasado de que el mundo iba a terminar. En el mismo año 2000, específicamente el 5 de mayo, hubo una inusual alineación de planetas con el Sol y la Luna. Los catastróficos anunciaban que eso causaría numerosos terremotos y erupciones volcánicas, de manera que la Tierra se fracturaría por la tensión causada por la gravedad originada por el alineamiento.

Anunciar el fin del mundo no es nuevo. En 1910, el paso del cometa Halley, que reaparece cada 76 años, causó todo tipo de temores y presagios oscuros al difundirse la creencia de que la cola del cometa contenía un gas venenoso que se esparciría por la atmósfera, matando toda la vida en el planeta.

En 1997, 38 miembros de la secta conocida como “La puerta del cielo”, liderada por Marshall Applewhite, se suicidaron convencidos de que sus almas viajarían hacia la nave extraterrestre que los esperaba detrás del cometa Hale-Bopp, que visitó la tierra en marzo de ese año.

El paso del cometa era todo lo que estaban esperando para marcharse. Sabían que ésa era la señal, no solo para abordar el ovni, sino también para que Lucifer viniera a la Tierra a destruirlo todo mediante el fuego apocalíptico.

El presentador de radio estadounidense Harold Camping causó revuelo no hace mucho cuando vaticinó como fecha del fin del mundo el 21 de mayo de 2011. Y cuando no pasó nada aquel día, rectificó y dijo que se había equivocado en sus cálculos matemáticos, que la fecha correcta era el 21 de octubre de 2011. En la que tampoco pasó nada.

No era la primera vez que Camping fallaba en vaticinios de este tipo. Ya en 1994 había hecho una predicción similar y falló. Esta vez, sin embargo, el despliegue mediático fue tan fuerte que se vio forzado a disculparse con sus oyentes, admitiendo que estaba equivocado.

Hay otros rumores o versiones del fin del mundo que siempre escuchamos. Gracias a Hollywood tememos que un meteorito impacte la Tierra y nos haga polvo. Recuerdo que en las calles de San José me detuve alguna vez a leer unos volantes pegados en los postes de luz sobre la amenaza de un planeta gigante llamado Hercólubus que viene directo a impactar contra nosotros, como lo que ocurre en la película “Melancolía de Lars Von Trier”.

Nuestra nueva fecha del fin del mundo es el 21 de diciembre. La NASA ha tenido que desmentir categóricamente de que el mundo va a terminar en dicha fecha, ante las numerosas preguntas de ciudadanos estadounidenses preocupados por la supuesta profecía maya. Incluso han abierto una sección especial en su página web para informar sobre este tema.

Y no seríamos humanos si no hubiera quienes no vieran la oportunidad de hacer negocio con todo esto. El sur de México impulsó un programa turístico que espera que para fines de este año, el total de turistas que los habrá visitado en 2012 será de unos 80 millones de personas. Precisamente para el día del fin del mundo se espera inaugurar en Yucatán, el Museo Maya de Mérida.

El secretario de turismo de Campeche, Augusto García Rosado, anunció hace dos años cuál iba a ser la estrategia a seguir para conseguir un aumento en dicha área: “Bombardearemos turísticamente al mundo con el tema de la profecía maya del supuesto fin de la humanidad”, según citó un reporte de la BBC.

Si a usted le preocupa mucho el asunto, apresúrese a ir al pequeño pueblo de Bugarach, al sur de Francia, que dicen será el único lugar que se salvará del desastre. Acaso sea por la montaña junto a la cual está enclavado el pueblo, el Pic de Bugarach, de 4,300 pies de altura. Se cree que la montaña emite ruidos extraños y desde ahí se han reportado varios avistamientos ovni. De hecho, algunas teorías conspiradoras creen que este pueblo se salvará porque la montaña es hueca por dentro y funciona como un “garaje de ovnis”, que saldrán en masa a invadir el planeta, una vez que la humanidad haya sido destruida.

En todo caso, ya veremos si sobrevivimos, otra vez, al fin del mundo. Y si no, allá nos vemos en la otra vida. O en algún ovni.