Los salvadoreños de alrededor de 30 años de edad sabemos bien qué era “Jardín infantil”. En pleno conflicto armado, a través de un televisor de antenas y perillas, sintonizábamos ese programa donde las estrellas eran cuatro personajes que solían alegrar a los niños de todito El Salvador: Prontito, Chirajito, Pizarrín y Tío Periquito. ¿Cuántos aún recordamos el estribillo del himno de aquel programa? ¿Los comerciales narrados de Apetol y “chibola o nada”?

A excepción de Tío Periquito, quien era un cantautor, el resto formaba parte de un gremio artístico tradicionalmente subestimado e incomprendido, el de los payasos. A diferencia de Chocolate —un payaso salvadoreño que fue muy celebrado durante la primera mitad del siglo XX, pero que murió en la miseria y el olvido—, algunos de los payasos de “Jardín infantil”, expuestos en televisión durante años, recibieron algunos reconocimientos, pero a cuentagotas.

Aplicando la ley de “más vale tarde que nunca”, y antes de sus respectivas muertes, la Asamblea Legislativa reconoció, con un pergamino, la labor de Tío Periquito y luego la de Chirajito. Y hace unos días, fue el turno del último “personaje” vivo, Pizarrín. El periodista Ronald Portillo —quien también veía “Jardín infantil”— se acercó a este payaso de cabellos rubios y bigote negro. Ahora tiene 57 años de edad. Y como leeremos en este perfil, en su vida ha debido reír para no llorar. Pasó fugazmente por la universidad. Durante la guerra quiso empuñar un arma. Migró indocumentado a México. Se casó con una menor de edad. Y en un acto quizá aún más intrépido, decidió ser un payaso en El Salvador.

Para esta edición, hemos incluido también un reportaje gráfico del avezado fotoperiodista Francisco Campos, quien se enfocó en la ley que regula el consumo de tabaco, misma que acaba de cumplir año de vigencia. Sus imágenes son contundentes: un payasito que pide dejar de fumar, venta de cigarrillos al menudeo y hasta un niño fumando en plena calle.

Casi al final, dos reportajes internacionales que podrían adaptarse a nuestra realidad. El primero gira alrededor de las pésimas condiciones laborales en las maquilas de Bangladesh y que están dejando a cientos de muertos. Y el último describe las consecuencias de que alguien lea algo tan íntimo como nuestro correo electrónico. Esperamos que disfrute de esta edición.