Porque es muy fácil y muy cómodo echar la culpa a todo, o a casi todo, lo que nos rodea cuando se aborda el problema de la drogadicción. Que si la falta de valores de la sociedad, que si la educación se está yendo por el caño, que si la pobreza que nos rodea, que a lo mejor si las autoridades hicieran algo más aplicando leyes más duras, que si el narcotráfico, que la delincuencia y las pandillas, que si los jóvenes fueran como los de antes, que si los medios de comunicación no transmitieran tantas cosas inútiles, que si los jóvenes tuvieran más lugares de entretenimiento sano, que si... en fin, cualquier cosa que nos explique por qué los jóvenes caen en la tentación de involucrarse en el consumo de las drogas, ya sean estas legales (como los licores y los cigarrillo) o ilegales (como la marihuana y la cocaína, por poner un par).

Como lo dijo el Maestro de Galilea, “es más fácil ver la astilla en el ojo ajeno, que ver la viga en el propio ojo”, con esto no pretendo ponerme teológico, sino que llamar a la atención que cuando se aborda este crítico problema que está destruyendo muchas vidas de personas que podrán ser valiosas, convirtiéndolas en un desperdicio de la existencia, la mayoría de argumentos presentados están fuera de la participación directa de nuestras decisiones o de nuestro comportamiento.

Posiblemente esta reflexión es más triste cuando ya hemos descubierto, de una u otra forma, que uno de nuestros hijos, un miembro de nuestra familia está consumiendo drogas, del tipo que sea.

Por tanto la pregunta correcta deberá ser: ¿Qué hice yo para evitar que mi hijo haya caído en las drogas? ¿Qué se hace en casa, para evitar el consumo de drogas en los hijos?

Y en honor a la verdad la respuesta no es fácil, ya que está ampliamente demostrado con investigaciones serias, de mucho respeto y credibilidad, que la drogadicción no respeta edad, sexo, nacionalidad, creencias religiosas o políticas, nivel socioeconómico, educación, estructura familiar, estado civil, etcétera.

A lo que quiero llevarle, amigo lector, es a que se plantee cuál es el papel que usted juega en esta lucha a brazo partido contra el problema del consumo de drogas. ¿Es usted parte de la solución o parte del problema? ¿Qué hace usted EN SU CASA para prevenir el consumo de drogas CON SUS HIJOS?

Por favor tome en cuenta que aquí la clave está en LA PREVENCIÓN, más que en la recuperación, por todas las ventajas que la prevención posee, que siempre son preferibles a los largos, dolorosos y costosos procesos de recuperación.