El fin del calendario maya se aproxima cada día más y con su culminación se va también un año repleto de historias dignas de echar al olvido. Sin embargo y para que no me tachen de pesimista, si empiezo por los terribles meses de inestabilidad institucional y jurídica que provocaron el desacuerdo entre la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia, no puedo dejar de mencionar que, en semejante contexto, este año permitió demostrar que en El Salvador existe un grupo de jóvenes que están dispuestos a defender, trabajar y actuar por la institucionalidad salvadoreña.

Es un grupo de personas comprometidas auténticamente porque nuestra Constitución sea algo más que unas cuantas palabras escritas en un pedazo de papel y porque sus artículos dejen de ser solo números que poco o nada significan.

Es cuando se enfrenta una crisis cuando el intelecto, la creatividad y el esfuerzo humano se potencializan. La crisis institucional por la que atravesó el Estado salvadoreño fue el detonante para que jóvenes de diversos sectores unieran esfuerzos e ideas para construir el país en el que quisiéramos vivir y, estoy segura que cada vez que sea necesario, habrá una voz de alerta que reclame y señale las situaciones de las que estamos ya cansados y que no estamos dispuestos a dejar pasar.

Parece también que 2012 ha sido el año de las negociaciones. En primer lugar, las pandillas, uno de los grupos sociales con más influencia en el colectivo salvadoreño, han llegado a un trato con el gobierno.

Hay que recordar todas las versiones que se generaron en torno a este proceso en un inicio y que culminaron en un “sí, hubo negociación”, que aún da mucho de qué hablar y tendrá su continuación durante 2013. Por otra parte, importantes funcionarios políticos pasaron reunidos en CAPRES en 16 largas sesiones –con sabor brasileño–, mientras el país se preguntaba ¿qué pasará?

Cabe recalcar entonces que la transparencia parece ser el ingrediente ausente en ambas negociaciones: en ellas, la tranquilidad, el futuro y la vida de los salvadoreños se discute a puerta cerrada.

¿Cómo olvidar las elecciones? El año 2012 nos dio la oportunidad para que los salvadoreños tengamos el poder de elegir por rostro a quienes nos representan en la Asamblea Legislativa. ¿Se acuerda usted por quién votó? ¿Se ha dado cuenta de las decisiones que esa persona ha tomado por usted desde su silla en la Asamblea? Pues ahora, conociendo la cara de su diputado, tiene toda la potestad de pedirle cuentas por su trabajo y por las veces que ha alzado su mano –o dejado de hacerlo–. El voto por rostro es un importante recurso del que debemos apoderarnos como ciudadanos, pero solamente es efectivo si tenemos claro qué está haciendo desde su curul esa persona a quien le di mi voto.

En fin, este año ha estado lleno de interesantes sucesos que ahora formarán parte de la historia de El Salvador. Los retos que quedan pendientes para 2013 son muchos y si el mundo no se acaba, la esperanza de un mejor país, tampoco.