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En la actualidad, los desesperados por la situación económica no son los únicos que emigran, sino que cada vez más personas con mayor nivel de educación buscan nuevas oportunidades.
Oportunidades que el Gobierno no les puede ofrecer.Ya se nos hizo común escuchar a cada momento, en nuestras colonias, comunidades y hasta en los mismos cantones, que “sutanito” y “menganito” se van a ir a Estados Unidos. Es una situación que ya no sorprende.
No es novedad enterarse de que El Salvador tiene 2.5 millones de sus ciudadanos residiendo en Estados Unidos.
Tampoco que se estima que unos 700 salvadoreños se van de El Salvador cada año vía terrestre en busca de la frontera estadounidense.
Creo que ya muchos caímos en la cuenta que la situación económica del país es la que empuja a estas personas a buscar el famoso “sueño americano”.
Lo raro de este fenómeno es que los 250 salvadoreños que son deportados anualmente no son considerados hermanos lejanos ni mucho menos hermanos luchadores, dado que no alcanzaron a aportar dólares a nuestra economía.
Quienes sí son benéficos para el Gobierno son los residentes salvadoreños, legales o no, porque por cada ciudadano que sale es un pobre menos, y ayudará, como mínimo, a otros tres a salir de la pobreza
.Al ver estas estadísticas es fácil determinar por qué son tan queridos nuestros hermanos lejanos.
Pero, no se razona todo lo que ellos tienen que trabajar y pasar para conseguir ese dinero que nos será de provecho.
No se estima que sea difícil vivir en un país multicultural, donde no se encuentran las tortillas en la esquina y donde se sufre discriminación de todo tipo.
Con todo ello, debemos tener claro que los migrantes no son personas incapaces o que hubieran representado una carga para la sociedad, aunque esta misma, con el mismo Gobierno, le impone un peso demasiado grande, el cual causa incertidumbre y cada día afecta a miles: la situación económica.
Es hora de caer en la cuenta de que estas personas, quienes son expulsados del país por el sistema, en su mayoría son jóvenes que quizás ni siquiera han iniciado su vida productiva y que posiblemente hubieran llegado a ser líderes. En fin, gente con potencial y que no pueden realizarse en El Salvador.
Para finalizar, basta con citar a Miguel Huezo Mixco, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quien en el Cuaderno sobre Desarrollo Humano, Migraciones, Cultura y Ciudadanía expresó: “Hasta ahora, la respuesta del Estado ha sido tardía y tímida”.
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