La transparencia en la función pública es el mejor antídoto al cáncer de la corrupción . La fórmula de la corrupción en los gobiernos es monopolio más discrecionalidad menos transparencia (C=M+D-T). En consecuencia, la transparencia es un principio de buen gobierno y es de conveniencia para todo político o funcionario con vocación democrática.
La corrupción es la principal amenaza de la democracia y del desarrollo de los pueblos, porque desacredita la política y la función pública, y porque desvía los limitados recursos del Estado para enriquecimientos ilícitos de funcionarios inescrupulosos en detrimento de amplios sectores.
Nuestra tradición política es de autoritarismo y no de democracia . Esto explica la cultura de no participación ciudadana y el secretismo de los asuntos de Estado. El oscurantismo en el manejo de recursos públicos es compatible con regímenes autoritarios y es la fuente para la corrupción.
En esta campaña para las elecciones de 2009, es oportuno que los partidos incorporen en sus plataformas electorales el tema de la transparencia como una obligación de los funcionarios y un derecho ciudadano. La construcción de la democracia en El Salvador es tarea de todos.
Un criterio ciudadano para evaluar las candidaturas u opciones partidarias es el compromiso con la práctica de la transparencia en el gobierno, ya sea municipal o nacional. En los procesos electorales es vital que la gente use el poder ciudadano para castigar a los políticos corruptos e incompetentes y premiar a los transparentes, honestos y capaces.
La falta de transparencia es una amenaza a la institucionalización de la democracia.
La ciudadanía debe de exigir transparencia al TSE para que, gane quien gane, se respete la voluntad popular. Pero una tarea urgente de la ciudadanía es demandar el control y transparencia del financiamiento de las campañas políticas.
La sociedad democrática que deseamos edificar debe fundamentarse en la transparencia. Para ello se necesita que la gente se apropie de la cultura de la transparencia .