Ya retirado de su vida profesional, Emilio Abucharara Amaya se siente complacido de haber honrado su juramento hipocrático al consagrar su vida y su profesión “al servicio de la humanidad”.
Y es que este hombre de 68 años —nacido de padre palestino y madre salvadoreña— dedicó más de 30 años de su vida a curar a cientos de personas que llegaban al Hospital Regional San Juan de Dios para recibir tratamiento contra tuberculosis.
“Yo nunca ambicioné fama ni dinero, sino simplemente aliviar el dolor y el sufrimiento de mis pacientes. Siempre actuando con ética y respeto”, asegura categóricamente este hombre, graduado como médico de la Universidad Autónoma de Guadalajara, en México, en 1968.
Abucharara cuenta que su inclinación por la medicina se desarrolló en la adolescencia, justo después de padecer paludismo y experimentar en carne propia el sufrimiento ocasionado por las fiebres y los dolores provocados por la enfermedad.
Al recibir los cuidados de un médico amigo de la familia, decidió que lo suyo sería aliviar las dolencias ajenas. El primer paso fue ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
“Lo más difícil de mi carrera fue alejarme de mi familia y adaptarme a una nueva cultura. Pero todo ese sacrificio valió la pena”, cuenta el galeno, quien para obtener la licencia médica y ejercer la profesión tuvo que repetir el período como residente y el año social en dos diferentes hospitales de este país.
Al finalizar el año social, en 1972, le llegó una oportunidad de oro, ya que le ofrecieron ingresar al Programa de Planificación Familiar y Tuberculosis del Hospital Nacional San Juan de Dios. En este puesto permaneció durante más de 30 años, hasta que decidió retirarse en 2003.
Mientras realizaba el año social conoció a Elvia Argentina Hernández, quien laboraba como enfermera en este mismo hospital. Al cabo de un tiempo, se casó con ella y procreó tres hijos que le han dado grandes satisfacciones, pues además de coronar sus carreras en odontología e ingeniería, formaron sus propias familias que le dieron dos nietas.
Ahora en el retiro, Abucharara recuerda con nostalgia la filosofía que les inculcaban en las facultades de medicina. “Antes se tenía más respeto por los pacientes, por la profesión y por nuestros colegas. Para diagnosticar había que tener más ojo clínico y poner más empeño. Ahora, hay jóvenes que solo ingresan a las facultades para ganar dinero”, dice complacido por haber cumplido con su misión de aliviar el dolor ajeno.
Hoja de vida
Emilio Abucharara Amaya practicó la medicina general durante más de 30 años en su cargo como jefe del Programa de Planificación Familiar y Tuberculosis del Hospital nacional San Juan de Dios.
Estudió la primaria en el Instituto Católico de Oriente (colegio marista) de donde se graduó de bachiller en 1960.
En 1961, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara, en México, y se graduó en 1968; luego, regresó al país para incorporarse al sistema de salud.
Durante 1971 y 1972 realizó el internado y el año social en El Hospital Nacional de San Miguel.