A tres meses de las elecciones municipales y legislativas de 2009, la maquinaria electoral de los diferentes partidos —principalmente los que tienen mayores recursos— están en marcha, pese a que por ley no se puede pedir abiertamente el voto, sino únicamente en el período oficial de la campaña.
San Miguel, con sus particulares e incluso “folclor”, ya está en esa línea. Tres partidos ya escogieron a sus candidatos a la silla edilicia de la cabecera departamental, cuyos métodos para reafirmar a sus simpatizantes y atraer a los indecisos ya son más que visibles en la ciudad.
No hay ninguna duda de que el actual alcalde de San Miguel, Wilfredo Salgado, es el rival a vencer, ya que su popularidad y ejercer el poder desde mayo de 2000 le dan una ventaja envidiable sobre sus dos rivales: Orlando Parada (ARENA) y Ricardo Canales (FMLN).
El peligro de esa ventaja con la que cuenta Salgado es que él considere que su popularidad y dominio mediático son suficientes para ganar un cuarto período en la alcaldía migueleña.
Pero es aún más riesgoso que su base electoral se olvide de exigirle proyectos que mejoren a la ciudad para convertirla en la metrópoli por excelencia de la zona oriental.
Para ello es imperativo que la ciudadanía sea exigente con cada uno de los candidatos, para que el ejercicio de campaña pase de ser la trillada época de regalar bagatelas a ser una etapa de compromisos reales y factibles de alcanzar.
Parada y Salgado ya tuvieron la oportunidad de participar en un debate televisivo, al que a última hora declinó asistir el aspirante del FMLN.
El ejercicio debe continuar de forma seria y con los tres candidatos para que el electorado tenga los insumos suficientes a la hora de expresar sus preferencias.
Lo deseable sería que el vencedor tenga la suficiente madurez para retomar las buenas ideas de sus rivales, todo en beneficio de una ciudad que esté a la altura de lo que sus ciudadanos merecen.
El municipio urge de obras y “megaobras”, como una gestión eficiente del rastro municipal, ordenamiento del centro, mejor aprovechamiento de sus mercados y el adecuado mantenimiento de las calles de acceso a muchas colonias, entre otras.
Tampoco hay que olvidar que, aunque no es su competencia directa, las municipalidades pueden colaborar con el Órgano Ejecutivo y otras instituciones a prevenir la violencia. Será interesante conocer las propuestas que los candidatos tienen en ese rubro, ya que la inseguridad frena el desarrollo al que todos los países, y sus municipios, deben aspirar.
No es descabellado pensar que las fórmulas exitosas de algunas ciudades colombianas en reducir sus índices de violencia e inseguridad pueden “tropicalizarse”.
En resumen, San Miguel merece propuestas de altura y es tarea de sus ciudadanos exigirlas.