Daniel Enrique Medina asistió junto a su abuela Rosa Hernández a una de las procesiones en honor de la Virgen María en su advocación de reina de la Paz. Estas peregrinaciones comenzaron el 21 de septiembre y finalizarán en la víspera de la fecha que conmemora la coronación de la imagen como reina de la Paz y patrona de El Salvador.
Como dicta la tradición, el niño vistió con ropa de manta, sombrero campesino y una matata de pita colgada de su hombro. Se tomó fotos en el atrio de la iglesia El Calvario y formó parte de la caravana que acompañó la carroza hasta la catedral migueleña.
“Este es el segundo año que traigo a mi nieto a la ‘bajada’ del barrio El Calvario, el año pasado también lo llevé a la procesión del 21 de noviembre, que es el propio día de nuestra virgencita”, contó doña Rosa, fiel devota de la Virgen de la Paz.
La migueleña añadió que en su familia siempre se conservó la tradición de acompañar la imagen en las procesiones de los barrios y colonias donde residieron.
Cuando era niña, sus padres la llevaban a peregrinar. Luego ella asistió a las procesiones en compañía de sus dos hijos, y ahora la historia se repite con su nieto.
Al igual que doña Rosa y el pequeño Manuel Enrique, varios fieles de la parroquia El Calvario llegaron hasta la iglesia y acompañaron la procesión, la cual fue encabezada por decenas de niños vestidos de indígenas, ángeles, policías, sacerdotes y monjas.
La tradición
El párroco de la iglesia La Merced, Nelson Joel Santos, recordó que las procesiones en honor de la Virgen de la Paz nacieron a partir del 21 de septiembre 1787, cuando el volcán Chaparrastique hizo erupción.
La amenaza del macizo hizo que algunos pobladores de la ciudad sacaran la imagen de la virgen para implorar su protección divina y evitar la destrucción de sus casas.
Según la tradición católica, en ese momento las nubes formaron una palma en el cielo y que la lava cambió de rumbo; es por eso que cada 21 de septiembre los católicos parten desde las faldas del volcán Chaparrastique y peregrinan hasta la catedral migueleña, donde se celebra un acto religioso.
El sacerdote afirmó que desde esa fecha se saca la imagen como recordatorio y agradecimiento del primer milagro de la patrona de los migueleños.
Luego, los pobladores acostubraban peregrinar hasta el lugar donde llegó la lava y de ahí extraían piedras, que luego depositaban en el sitio en el que se estaba construyendo la catedral de San Miguel.
“La devoción de la virgen está estrechamente relacionada con la historia de la catedral de San Miguel, que se comenzó a construir el 21 de noviembre de 1862 y finalizó 100 años después”, finalizó el religioso.