Mi mamá salió a los doce años embarazada de mí. Doce años, sí. Siempre fue una violación. A los doce años de mí y a los catorce de mi hermana. A mí me fue a dejar a la casa de los viejitos que la habían criado. Ahí me dejó mi mamá, en una colonia que se llamaba Escorial, en la Escalón norte, y se llevó a mi hermana. Yo me crie con esos señores, y ellos decían que eran mis abuelos. Pero, claro, no era así.
Me crie ahí hasta la edad de doce años. Pero comencé a sospechar porque llegaban un montón de hombres y escuchaba que cuánto valía yo. Llegaban bolos, de diferente clase de hombres. Y el señor no me dejaba salir y, cuando iba a la escuela, siempre iba vigilada por alguien. Vivía con el señor y con la señora, y una vez el señor se puso bolo y salió con los amigos y me escapé. Me salí como a las seis de la noche. Me fui donde mi mamá.
Mi mamá vivía cerca de la casa de los señores, cerca una Despensa. Ahí me fui a vivir. Sabía dónde vivía mi mamá, pero mi mamá no ha tenido, que se diga, mucho amor para mí. Dice que, desde que salió embarazada de mí, la vida se le complicó y siempre me ha echado la culpa a mí. Prefirió más a mi hermana y a mí me dejó ahí. Yo me fui para pedir ayuda a mi mamá. El señor también quería abusar de mí y siempre me pegaba y me tocaba. Yo no aguantaba eso. Fue la desesperación.
Tenía mi mamá, déjeme ver, sí, 24 años. A la semana de haber llegado ahí, mi padrastro ya me comenzaba a tocar. Mi mamá ya tenía años de estar con él, aunque él no era el padre de ninguna de nosotras. Él era mayor que ella siete años. Me comenzaba a tocar y entonces una vez me desesperé y me fui al trabajo de mi mamá. Fue a las seis de la tarde. Me fui a Santa Tecla, en un restaurante trabajaba mi mamá. Llegué llorando, y le conté lo que había sucedido, que su marido me tocaba. Ella me dijo que yo era una mentirosa, que andaba acusando a su marido porque no quería ser una bicha de bien, educada, me dijo, que quería andar como las demás bichas en la calle. Me puse a llorar y no me podía regresar porque no andaba para el pasaje.
Esperé a mi mamá, pero ella se enojó porque ella andaba de novia con uno de los meseros del restaurante. Había noches que mi mamá no llegaba. Ella decía que se quedaba haciendo horas extras, que cerraban noche, pero yo sabía que se iba con el mesero. Lo supe porque esa vez se enojó. Estaba yo afuera cuando los vi: él estaba fumando y le reclamaba a mi mamá. Los vi cuando se estaban besando y él le decía que esa noche no se quedarían juntos porque yo había llegado, y que entonces no se podía porque yo le podría decir a mi padrastro. Se vino bien enojada mi mamá conmigo, y no me creyó.
A los dos meses de estar ahí viviendo con ella yo no sabía que ella estaba haciendo trámites para irse a los Estados Unidos. Me vine a dar cuenta cuando faltaban tres días para que se fuera. Ella me dijo que me iba a quedar con la mamá de él y con él, con mi padrastro. Había hecho un poder para que ellos respondieran por mí y por mi hermana, que en ese momento tenía diez años, porque yo soy dos años mayor que ella. ¿Por qué se va?, le pregunté, y si se iba a separar de él. No, me dijo, me voy a los Estados Unidos. No sabía, le dije, y yo acabo de venir. Su respuesta fue algo así: Libertad, vos no me vas a estorbar los planes. Me voy, me dijo, voy a buscar un mejor futuro y ya no quiero estar aquí. Se fue legal porque la patrona de ella le ayudó a sacar papeles. Se fue el primero de diciembre de 1999.
Se fue mi madre y siguieron los tocamientos. Yo le decía que si me seguía tocando le iba a decir a mi mamá. Él me decía que le dijera, que a la calle iba a parar si lo hacía, que me iba a hacer una bicha prostituta, me dijo, y vos sabés que eso no te conviene porque tu mamá me ha dejado un poder y yo te puedo botar, te puedo meter al ISNA. Me amenazaba. Pasó y pasó. Para el 2000 fue que llegó enojado y bolo. Fue en la tarde, específicamente no recuerdo la hora, y llegó y me agarró y me aventó de un solo a la pared y me golpeó el codo. Me agarró del cuello y me aventó a la cama y no pude hacer bulla porque me agarró la garganta. Me quedé callada. Me quitó la ropa y... de un solo, se propasó.
Pasó eso sucesivamente y siguió pasando hasta que en el 2001, cumpliendo yo los catorce, quedé embarazada de él. Yo había llegado a ver a mi tía, bueno así le decía yo a la hermana de él, a su casa en Lourdes, y ya se me comenzaba crecer el vientre. Yo era bien delgada y por eso ella me preguntó si estaba engordando o qué. Me revisó los pechos, porque los tenía muy negritos, y me dijo que me iba a hacer un examen en una clínica en Lourdes, y al día siguiente nos dieron los resultados.
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La tía me preguntó que de quién era, porque yo no le quería decir ni a la mamá de él. La señora siempre ha creído a su hijo un angelito. La tía me había preguntado si era de algún bicho de la escuela. No, le dije. La verdad es que tenía miedo, y no le quería decir, pero ya por último, de tanto que me estaba preguntando, le dije que era de su hermano. ¿El qué?, me dijo, ¿cómo vas a creer que es de mi hermano? Vos has de ser mentirosa y vos fuiste la ofrecida, me dijo. Vos, vos. A saber qué le hiciste a mi hermano, me dijo.
Le pedí a ella, le lloré, porque quería abortar. No quería tener un hijo del hermano de ella porque yo lo odiaba. Ella me dijo que por qué lo quería abortar, como sabés que no es de él, me dijo. Lo querés hacer responsable de algo, me dijo. No quiero tener un hijo de él, le dije, porque yo lo odio, le dije, porque ha sido el marido de mi mamá, ¿cómo voy a aceptar tener un hijo de él?, le dije. Tenés que aceptar las consecuencias, me dijo, vos te has metido con él y has sido ofrecida.
En la clínica llegó una muchacha a hablar conmigo que había estado oyendo la plática, que yo estaba llorando y que quería abortar. La muchacha tenía quince años y me dijo que a ella le había pasado lo mismo y que los niños no tenían la culpa, que ellos no tienen que pagar las consecuencias. Ella también estaba embarazada, como de ocho meses, y se puso a llorar conmigo. El bebé no tiene la culpa de lo que hacen los demás. El niño no tiene por qué pagar, usted enfréntelo, me dijo. No haga esa barbaridad que es un pecado, me dijo. Y sí es pecado, aun cuando fue a la fuerza, aun cuando yo no quería. Es que los niños no tienen la culpa... Ya, sé que tampoco yo tenía la culpa, pero menos los niños, y ya no tuve valor. La muchacha me explicó las consecuencias de un aborto, que uno queda mal y eso me asustó más. Me dijo que algunas quedan con grandes hemorragias, que algunas se mueren cuando abortan. Vámonos, le dije a la tía.
El sábado siguiente se reunió toda la familia para que yo dijera toda la verdad. Él estaba, claro, y también estaban todos los hermanos, el papá, la mamá. Fue en la casa de la Escalón. Lo dije todo. La señora, la mamá de él, se enojó conmigo y me gritó de todo, que yo era una puta, una regalona y de todo me gritó. Él me dijo que lo abortara si no lo quería tener. No lo negó en ningún momento y solo eso me dijo, que si no lo quería, que lo abortara. No, le dije.
Pasó el sábado y el domingo él me dijo que si no quería abortar, ni regalar, que no podía andar en la calle. Me propuso que a la niña no le faltaría nada, que iba a tener el apellido del padre y que yo iba a seguir estudiando si me acompañaba con él. Le dije que yo no quería, que no lo quería a él y le dije que no. Entonces querés que el niño ande en la calle, me dijo, que lo regalemos y vos vas a andar en la calle, porque si vos no aceptás, te voy a echar, me dijo, así embarazada. Acepté con tal que no le faltara nada, que me cumpliera todo lo que me había prometido, pero eso sí, le dije, yo no quiero tener relaciones con usted. Va, está bueno Libertad, me dijo, durante el embarazo, no. No, no, no durante el embarazo, le dije, sino que el tiempo que esté viviendo aquí. Sí puedo salir con usted, le dije, para aparentar, pero no tener relaciones.
No me cumplió. Y también pasó durante el embarazo, que él llegaba bolo y me agarraba a la fuerza, y a veces que me golpeaba y me aventaba.
Nació la niña, el 10 de abril nació de 2002, justo cuando a mí me faltaban dos meses para los quince. Él tiene ahorita cuarenta, es 20 años mayor que yo. La señora, la mamá de él, se había ido de la casa. Ya nadie llegaba a verlo, solo él, yo y mi hermana vivíamos ahí. La señora llegó al siguiente día y la niña cuando nació era idéntica a ella. La tuve en el Hospital Zacamil. Me llegó a pedir perdón la señora, que la perdonara por los nueves meses en los que me había hecho la vida imposible. Le dije que no le tenía ningún rencor, pero le pedí que me ayudara a que su hijo me cumpliera lo que me había dicho, que yo ya no quería tener relaciones con él. Y no es su marido, pues, me dijo. Va en contra de mi voluntad, es como que me esté violando, le dije.
Siguió pasando. En 2002 no fui a estudiar. Al año siguiente ya me puso en la escuela, en la Concha viuda de Escalón, cuando la niña tenía nueve meses. Me puso a octavo porque en séptimo quedé embarazada. Él me iba a vigilar, a evitar que no tuviera novio porque en el embarazo y el tiempo que había estado ahí no había tenido novio. Me iba a traer a la escuela y, si me despedía de mis amigos con un beso en la mejilla, cuando llegaba era solo a pegarme. Mis amigos me preguntaban que quién era él, y yo decía que era mi papá... y es que parecía mi papá a la par mía. A veces él enfrente me quería abrazar, besar, y yo trataba de evitar eso, y él se enojaba y llegaba a la casa a pelear, a pegarme.
Una vez, bien enojado, me reclamó una mañana que por qué mentía delante de mis amigos, que él no era mi papá. Se enojó conmigo y agarró un diario y la agarró contra la niña. A ella le pegó. Yo no le decía nada a nadie porque él me decía que las consecuencias las iba a pagar la niña. Siempre me atemorizaba, me hacía cosas que me asustaban. Yo no decía nada y lo aguantaba solo por ella.
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Seguí estudiando y mi hermana me cuidaba la niña. Ella estudiaba en la mañana y yo en la tarde. Saqué el noveno. Dos años tenía la niña cuando vi que mi hermana salió embarazada. Ninguna de los dos nos decíamos nada porque con mi hermana no me he llevado bien, hasta ahora que nos comenzamos a llevar bien. Siempre con mi hermana ha habido un pleito porque mi mamá siempre ha tenido más preferencia por mi hermana. No me contaba nada, pero vi que pasaban dos meses, y no le venía la menstruación y le comencé a ver sus pechos y además que ya andaba vomitando. Mi hermana también era bien delgadita y de repente comenzó a echar cuerpo, a echar panza. Vine yo y a la fuerza le hice un examen, le hice que me diera orina para una prueba en la farmacia.
Salió positivo. Le pregunté que de quién era. Durante ese tiempo mi hermana se quedó callada. De la misma edad mía salió embarazada. No me lo decía, pero yo sospechaba de él, porque él la mandó una vez a la clínica, y mi hermana pasó todo el día fuera. Cuando ella llegó, él le preguntó si había pasado consulta y me hermana le dijo no, que le había dado pena. Él la agarró a patadas y le pegó con el cincho. Sos una estúpida, le dijo, ya vas a ver si... y no terminó la palabra. Yo sospeché porque, ¿por qué mi hermana iba a tener pena si otras veces había ido ella a la clínica a pasar consulta? No me respondía y me decía que qué me importaba. ¿Es de Richard?, le dije, porque así se llama él. Ella se quedó callada y se encerró.
La mamá de él se había ido también a Lourdes. Ahí fuimos a verla. Mire, le dije, mi hermana está embarazada de su hijo. Su hijo es un gran cínico, ya embarazó a mi hermana, le dije yo. Mi hermana habló con la señora y no sé qué le dijo, solo ellas dos hablaron, y pues quedaron que para que nadie sospechara, eso sí lo escuché yo, ella se iba a ir para Lourdes, para que nadie pensara que él era el papá y que había dejado embarazadas a las dos hermanas. La llevaron a Lourdes y allá tuvo mi hermana a su niña. Él les dio los apellidos. Mi hermana no quería, pero la convencieron.
Al año que tenía la niña, mi hermana se fue de la casa y se acompañó con un pastor de una iglesia. Yo me quedé aquí.
A la par de la casa donde vivía yo alquilaban un cuarto y ahí vivía un muchacho. Nos hicimos novios a escondidas, pero los bichitos vecinos le dijeron a él que me habían visto con el muchacho. Eso fue para un 6 de agosto de 2006. Ese día, él se enfureció y no se imagina usted. Agarró... tenemos un camarote y las gradas son de hierro y agarró eso y me pegó con eso en la espalda. Me contraminó y me pegó, me empujó, me golpeó la cabeza y de ahí me agarró del pelo. Él quería matarlo. Vine yo, como pude, evité que le hiciera algo al chero ese. Él me dijo que tenía que dejar al chero y quedar embarazada de nuevo de él, y que tenía que firmar una carta en la que yo me comprometía a quedarme solo en casa, y a no salir para ningún lado.
Me dio un gran miedo, un gran asco. Ese día no hallaba qué hacer de la desesperación porque... porque más anteriormente tuve un intento de suicidarme. Fue para un día jueves, antes de que pasara eso, siempre en 2006. Me tomé todo un frasco de antibiótico de la desesperación y ese día estaba comenzando a echar espuma y la señora, la abuelita de la niña, porque llegaba a cuidarla, me comenzó a echar limón, a darme leche, a sacarme el veneno. Ese día otra vez me quería matar. Quería irme, no quería tener otro hijo con él, no quería estar con él.
Salí esa mañana cuando venía la señora, la abuelita, e hice como que iba para el instituto. Me fui, pero no ya no fui al INFRAMEN, sino que donde una amiga. Al muchacho con el que yo andaba, la vecina del cuarto que alquilaba le dijo mira, se fue la Libertad. Le dijo que Richard me había vergueado y que quería que tuviera otro hijo con él. El muchacho me habló en la tarde, que llegara a su casa, me dijo, que nos acompañáramos. Vine yo y necesitaba refugio y me acompañé con él y me fui a ese cuarto, a la par de la casa donde antes vivía. Llegué yo al siguiente día a intentar recuperar a la niña porque mi novio me había dicho que la trajera, que como sea le íbamos a dar de comer. Nos vamos a rebuscar, me dijo. Él trabaja, es mecánico.
Richard me amenazó. Voy a matar a ese hijueputa, me dijo, vos ya no tenés ningún derecho porque dejaste abandonada a la niña. Libertad, vos ya no sos la mamá de la niña, me dijo, y ya no vas a tener derecho a verla. Si no me dejás ver a la niña o me las das te voy a denunciar, le dije. Si lo hacés, me dijo, para empezar no te van a creer porque has dejado a la niña abandonada. Hasta presa podés ir, me dijo, porque la dejaste por irte con un hombre. Me dio miedo eso, porque yo no quería ir a la cárcel. Soy muy joven para estar cometiendo locuras y no lo hice. Viví cuatro meses a la par y, siempre que quería ver a la niña, él llegaba a amenazarme al cuarto o al INFRAMEN. Me iba a buscar y me decía que nos casáramos, que nos formalizáramos, que formáramos una familia. Le decía que no, y entonces él me decía que no tenía derecho de ver a Aurora nunca más.
Pasó un año y medio que él no dejó que yo la viera. Parte de 2006 y todo 2007 no la vi. Para diciembre de 2007 vi a la niña por la Despensa, y vine yo y me fui detrás de ella. Iba con la abuela, y la señora bien enojada porque yo le había hablado a la niña. Aurora me vio y me dijo Hola, ya estoy yendo a la escuela. No me di cuenta, ni de dónde salió él, pero me agarró por detrás y me dijo que no viera a la niña si no quería que me mandara a matar. Me gritó y yo no quise seguir ahí. Entonces decidí poner la denuncia.
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Me gradué en diciembre de ese año, en el 2007. Comencé a buscar trabajo porque yo quería pelear a la niña, como sea. Me arriesgué a perderla o a ganarla. Trabajé y vine a terminar aquí, a esta venta en el centro. El dueño de la tienda me ha apoyado bastante, me ha dado valor. Una vez me dijo que cuidara a la niña porque a ella le podía pasar lo mismo que a mí. Pensá en tu hermana también, me dijo, mirate vos, que a ninguna las pudo ver como hijas tampoco a tu niña la verá. Además, me dijo, eso es un delito y como sea lo tiene que pagar. Con tu consentimiento o sin él, me dijo, vos eras menor de edad.
Fui a la Procuraduría General, donde ponen las denuncias por violencia familiar, y ahí me zamparon una gran chamarreada. ¿Y ahora para qué viene a pelear el caso?, me dijeron, si usted estuvo viviendo siete años con él. Eso fue en enero de este año.
Nunca perdía la esperanza. Contraté a un abogado y le conté mi caso y él me dijo que sí, que tenía validez. Fui a la Fiscalía de Mejicanos y una licenciada ahí me dijo que sí se podía, porque hasta los diez años un caso prescribe. Puse la denuncia. Pasó un tiempo en el que estuvieron investigando para ver si yo podía tener a la niña o si no para el ISNA, porque tenía que comprobar si yo podía hacerme cargo de ella. Fue para el 10 de abril, para el cumpleaños de Aurora, que lo agarraron a él. Si no entiendo mal, él sigue todavía en Mariona. Él me gritó en la calle, porque yo tenía que identificarlo. Supuestamente me iban a dar a la niña ese día, pero no fue así porque la escondieron y cerraron la puerta, y los policías no podían entrar a la fuerza porque no andaban orden. Esperamos, pasó toda la vacación de Semana Santa, y el sábado siguiente me dieron una orden para ir a Lourdes. El lunes llegué a la policía de Lourdes con la orden. Íbamos yo, mi hermana y uno del juzgado. La señora, la mamá de él, se opuso y les dijo que desde que estaba tiernita yo la había dejado abandonada a la niña para irme con otro hombre. Los policías le dijeron que como fuera me tenía que dar a la niña y me la dio. Eso fue el 14 de abril.
Yo ahora vivo cerca de la casa donde vivía antes y sí, sigo con mi esposo. Como a las dos semanas de darme a la niña me mandaron a llamar a los juzgados que están aquí, el Isidro Menéndez, para que yo explicara, para ver si él podía salir libre. Él no estuvo presente, solo su defensor y la defensora mía, una fiscal que se llama Claudia Lara. Pero antes de que me citaron al juzgado me mandaron a hacer dos pruebas para ver si había dado a luz y si tenía traumas psicológicos, para comprobar si había pasado por una violación. Los dos exámenes que me hice en Medicina Legal dieron positivos.
Presentaron esas pruebas en los juzgados. El defensor de él decía que la niña no podía quedarme porque tenía esos traumas y estaba loca. Montón de cosas que inventó el muchacho. La jueza le dijo que el examen psicológico no era para eso, para ver si estaba loca o no, sino para hacer una prueba, para ver si en verdad que había sido abusada o no. El abogado de él dijo que había una ley que decía que una menor de edad ya podía vivir con un adulto. No me acuerdo qué código dijo él, el abogado. La jueza dijo que no, que era un delito y que eso no estaba reformado, que siempre era un delito porque yo era menor de edad. Lo que dijo, al final, la jueza es que él tenía que ir a la cárcel penitenciaria y dentro de tres meses, en agosto, queda la otra audiencia.
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En realidad la protagonista de esta historia no se llama Libertad, pero esa fue su única condición para contarla. Su hija tampoco se llama Aurora ni su padrastro, Richard, aunque también tiene un nombre inglés, es salvadoreño y ahora tiene 40 años. Todo lo demás es cierto. Libertad lo denunció el 9 de enero, en la Fiscalía de Mejicanos, como consta en el expediente que tiene en su poder el Juzgado Segundo de Instrucción de San Salvador. El caso está ahí, desde que Claudia Lara, de la unidad del Menor y la Mujer de la Fiscalía de San Salvador, se hizo cargo a principios de año, cuando se decidió que el delito debía juzgarse en la jurisdicción donde se cometió.
Lara tiene un manojo de papeles en los que acumula pruebas en contra de Richard, cuyo verdadero nombre es M. A., y que está recluido en el penal La Esperanza desde el 10 de abril. Lara se remite al Código Penal y a la edad que tenía Libertad cuando comenzó a ser violada: a los doce años. El artículo 159 dice literalmente: “El que tuviere acceso carnal por vía vaginal o anal con menor de quince años de edad o con otra persona aprovechándose de su enajenación mental, de su estado de inconsciencia o de su incapacidad de resistir, será sancionado con prisión de catorce a veinte años”.
Libertad sonríe apenas. Tiene un callo en toda la cara que le impide ser expresiva cuando cuenta su historia. Es fría, tal como apunta el examen que le practicó el psicólogo Luis Alfredo Turcios en Medicina Legal. Depresiva, tímida, con muchos traumas, desconfiada. Todo eso lo dice Turcios.
El caso lo ha impulsado Libertad, pero su hermana América, que tampoco se llama así, se ha sumado para hacer más lapidaria la denuncia. La fiscal Lara tiene las partidas de nacimiento de ambas niñas y las dos aparecen con los apellidos de Richard. Lo que falta es el resultado de las pruebas de ADN para confirmar el delito: violación contra dos menores incapaces. Libertad aún recuerda con hastío el día que se realizó esa prueba...
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El 6 de mayo nos hicieron pruebas de ADN para ver si ella es hija de él. Solo estoy esperando la otra audiencia para que me digan cuántos años le van a poner. Justo antes de que entráramos a hacer la prueba de ADN, porque desgraciadamente coincidimos en Medicina Legal, el policía que lo llevaba lo dejó que se acercara a mí. Él me dijo que llegáramos a un acuerdo, que por qué lo había hecho, me dijo, si yo me le había entregado voluntariamente, que si yo llegué a su casa era porque quería ser mujer de él. Me dijo entonces que llegáramos a un acuerdo, que me daba la casa a cambio de que él saliera libre. Que si quería dinero, me dijo, que pidiera. Le dije que no, que en ningún momento le había pedido que me tocara, que abusara de mí. Nunca te pedí, le dije, quedar embarazada.