El 1.º de marzo de 2008 los lazos políticos de Suramérica se tensaron al máximo. A las relaciones ya de por sí tensas entre Colombia y Venezuela se sumó Ecuador en un hecho que continúa repercutiendo en el continente. El detonante fue la muerte del número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), “Raúl Reyes”, en un operativo militar colombiano en territorio de Ecuador.
Las primeras versiones dijeron que el hecho había ocurrido luego de que los rebeldes atacaron a los militares colombianos y en su huida se habían adentrado en Ecuador. Inmediatamente surgieron las diferencias entre los gobiernos de Quito y Bogotá. El mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, no aceptó la explicación hecha por su homólogo colombiano, Álvaro Uribe, e inmediatamente llamó a consultas a su embajador en Bogotá.
Al día siguiente comenzaron las revelaciones contenidas en tres computadoras encontradas a Raúl Reyes. Uribe señaló a Ecuador de tener vínculos oficiales con la guerrilla. Correa respondió con la expulsión del embajador colombiano en Quito y con el reforzamiento militar de la frontera.
Los documentos en las computadoras también involucraban a Venezuela e indicaban que el presidente Hugo Chávez habría financiado a las FARC con $300 millones. Sin tener un vínculo directo en el hecho, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, se unió a la ruptura de relaciones con Colombia, que ya había anunciado Caracas.
La crisis generó una movilización diplomática por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) que al final emitió una resolución que no satisfizo a Ecuador, dado que no condenaba la violación que había hecho Colombia de su espacio territorial.
La tensión se trasladó hacia la Cumbre del Grupo de Río, que una semana después desactivaba, en teoría, la crisis al final de una tensa reunión en la que como muestra de buena voluntad hubo abrazos entre todos los mandatarios involucrados en el conflicto. Sin embargo, Ecuador advirtió que restaurar las plenas relaciones llevaría tiempo.
A nivel de vicecancilleres, Ecuador y Colombia han sostenido al menos dos encuentros, uno en Panamá y otro esta semana en Perú, aún sin resultados.
La onda expansiva del enfrentamiento también afectó a otros países no involucrados directamente en el conflicto. Ahí encontramos a Costa Rica, con el dinero que se logró ubicar a principios de marzo gracias a un correo en la computadora del segundo de las FARC.
En México, se presentó un video de Lucía Morett, la ciudadana de ese país que resultó herida en el ataque del 1.º de marzo. De acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia Penal (CCSJP), que presentó la cinta, Morett —asilada en Nicaragua— y otros tres mexicanos, muertos en el bombardeo, pertenecían a una célula de las FARC en su país, con vínculos a las guerrillas mexicanas del Ejército Popular Revolucionario (EPR) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
En total se dice que más de 400 organizaciones en 17 países, incluyendo Estados Unidos, tienen vínculos con los rebeldes colombianos.