Las afueras del Palacio de San Carlos, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, fueron invadidas por periodistas desde las 10:30 a. m., dos horas y media antes de que se revelara el informe de la INTERPOL.
Dos agentes de policía custodiaban la mesa donde habían copias del informe de INTERPOL. “No se pueden hojear”, dijo una de las uniformadas a varios camarógrafos que hacían tomas de los documentos y trataban de hurgar más allá de la portada.
En otro rincón del Salón Simón Bolívar, cuya pintura dominaba el lugar, dos grupos de reporteros, uno nacional y otro extranjero, rifaban quiénes harían las ocho preguntas permitidas, cuatro por bando.
Le tomó 20 minutos al secretario general de INTERPOL, Ronald K. Noble, dar su informe, durante el cual los reporteros se amontonaban alrededor del parlante con el audio de la traducción al español. Pasaron otros 25 minutos en los cuales Noble respondió las preguntas.
Después se levantó e indicó a los periodistas que habían copias del informe. Se marchó para no perder el vuelo y dejó detrás suyo una estampida de personas en busca de las una de las copias analizadas por dos expertos forenses de informática de Singapur y Australia.
Ninguno de ellos conoce el idioma español, por lo que ese fue un punto de mucho valor para la INTERPOL, pues, dijo, los peritos no estuvieron condicionados a temas afines a su realidad.
La valoración de la Policía Internacional es que toda la información localizada equivale a 39.5 millones de páginas creadas en el editor de textos Microsoft Word. Para consultarla, serían necesarios más de 1,000 años, a razón de 100 páginas diarias leídas por una persona. Toda una eternidad.