Adonai A., de cinco años; su prima Joseline S., de siete; y su hermana Ericka A., de nueve; llegaron al Hospital de Niños Benjamín Bloom a las 6:40 de la tarde del sábado; siete horas después de que un artefacto explotara cuando lo manipulaba Joseline.
Llegaron referidos del Hospital Nacional de Chalatenango, donde se encuentra ingresado Gerson A., un cuarto menor que también resultó lesionado tras la explosión.
Con un poco de temblor en su cuerpo y entre sollozos, Ericka hizo un gesto de negación con su cabeza cuando se le preguntó si recordaba lo que pasó. Pero, cuando se le cuestionó sobre si recordaba cómo era el objeto que estalló, se incorporó rápido, asustada, y enseguida afirmó: “¡De eso sí me acuerdo!”.
Lo describió como redondo, del tamaño de una pelota (de tenis), metálico, mohosa abajo, con “una chibolita” encima, y de color café oscuro, como la cuna en la que ayer se encontraba acostada en la sala de cirugía general.
Todos los heridos han crecido jugando en el lugar de los hechos, el caserío Portillo El Caralar, cantón Sumpul Chancones, municipio de San Francisco Morazán, Chalatenango. La familia no encuentra explicación. Solo sabe, por lo que los menores les contaron, que fue Adonai quien encontró el aparato a pocos metros de un río cercano, caminó con él junto a Ericka y Gerson; llegó hasta el potrero, donde estaba la prima de ellos, y le dijo: “Yo ya no quiero esto, tomá, Joseline”. El artefacto explotó y ambos cayeron sentados. El reloj marcaba las 11:30 de la mañana.
Joseline sufrió la amputación de su pierna derecha. Adonai, perdió un dedo del pie izquierdo. Mientras Ericka resultó con perforaciones en el intestino delgado. Gerson se fracturó un brazo.
Jorge Milla, jefe de turno del hospital, explicó que por la gravedad de las lesiones es poco probable que sea una granada, ya que lo usual es que provoque heridas por esquirlas; no obstante, no se atrevió a afirmar que se haya tratado de una mina de las que se sembraron durante la guerra.