La XVIII Cumbre Iberoamericana, primera en El Salvador, se llevará a cabo en un momento en que los movimientos integracionistas toman fuerza en América Latina. Sin embargo, los lazos establecidos con Estados Unidos o Venezuela mantienen dividida a Latinoamérica en dos polos.
Muestra del impulso integracionista es el establecimiento, hace cinco meses, de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), un ente del que son miembros 12 de las 13 naciones del Cono Sur y que promete convertirse en un actor de peso debido a iniciativas como el Banco del Sur.
Por su parte, Brasil está impulsando una nueva cumbre de jefes de Estado de Latinoamérica y el Caribe, a desarrollarse en diciembre próximo en Salvador de Bahía, para discutir los problemas de la región sin actores externos.
“La cumbre de Salvador constituirá una iniciativa inédita y una oportunidad singular para que los países de la región discutan, con base en una agenda y perspectivas propias, cuestiones fundamentales referidas a la integración y el desarrollo”, según indica una nota de la Cancillería brasileña.
El presidente brasileño, Luiz Inácio “Lula” da Silva, quien podría ser uno de los grandes ausentes en la XVIII Cumbre Iberoamericana, dijo que el objetivo del encuentro que promueve en Salvador de Bahía es conectar los mecanismos de integración que ya existen, como Mercosur, UNASUR, la Comunidad de Naciones Andinas (CAN), el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Comunidad del Caribe (CARICOM), y “comenzar a construir la verdadera unión latinoamericana”.
Al mismo tiempo, Centroamérica transita su empedrado camino hacia la integración, empujado en parte por las exigencias de la Unión Europea, con quien negocia un tratado de asociación.
Las tensiones
En los últimos meses, los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Nicaragua han aumentado su discurso antiestadounidense. Bolivia y Venezuela incluso llegaron a expulsar a los representantes de EUA de sus territorios.
Dichos países pertenecen a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), a la que recientemente se adhirió Honduras. En el marco de esta alternativa, Bolivia y Honduras recibirían cooperación iraní, lo que ha generado nuevas tensiones con Washington, que considera a la nación árabe como un miembro del “eje del mal” en la retórica de la llamada “guerra contra el terror” impulsada por la administración de George W. Bush.
La posición antiestadounidense de los miembros del ALBA contrasta con la afinidad que El Salvador y Colombia tienen con esa nación.
Relaciones con España
El mandatario venezolano, Hugo Chávez Frías, fue el gran protagonista de la última reunión iberoamericana. En Chile, la presidenta Michelle Bachelet tuvo que solicitar el regreso a la sala del rey de España, Juan Carlos I, quien, indignado ante la posición de Venezuela, Cuba y Nicaragua, abandonó el pleno. Minutos antes, Chávez recibió de su parte un definitivo “¿Por qué no te callas?” ante sus continuas interrupciones al jefe del Gobierno español, José Luis Zapatero, y una serie de acusaciones conta el ex mandatario José María Aznar.
Así, las relaciones con España, uno de los mayores donantes de las Cumbres Iberoamericanas, también generaron divisiones en Santiago.