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No todos los invitados asisten a la fiesta tricolor

El lleno total de asambleístas dispuestos a dar el “sí” a las propuestas de la cúpula no llenó el vacío de areneros ausentes en la cita, en la que hubo invitaciones a la unidad y convencimiento.

Jessica Ávalos
politica@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/13/2008

El aperitivo de la mañana fue la música ranchera de la cantante Cecilia Regalado. Ella se encargó de entretener a los 13,524 asambleístas areneros, antes de la entrada de sus autoridades. Los invitados que sí llegaron prepararon sus mejores atuendos para la gala. Las prendas iban desde carteras bordadas con el logo del partido hasta cabelleras teñidas de rojo, blanco y azul.

“Juela, si está topado”, comentó una militante. Su pupila no la engañaba. Las gradas del Gimnasio Nacional Gustavo Pineda estaban repletas, y las banderas tricolor ondeaban con fuerza de un lado a otro. A las 10:11 a. m., la música ranchera cesó y dio paso a la marcha nacionalista. El maestro de ceremonia anunció la entrada del Consejo Ejecutivo Nacional (COENA).

Ese ingreso fue aplaudido durante 20 segundos, pero fue aun más aplaudido el ingreso de los presidentes honorarios del partido. Antonio Saca, Alfredo Cristiani y Francisco Flores se robaron las palmas por 36 segundos. Ellos fueron los únicos que recibieron confeti de colores a su llegada. Pero el grupo estaba incompleto, el ex presidente Armando Calderon Sol dejó plantados a los areneros. El rótulo con su nombre tuvo que ser retirado a última hora de la mesa de honor. El anfitrión, Rodrigo Ávila, dijo que esa ausencia obedecía a condiciones de salud.

Detrás de los tres presidentes se coló René Figueroa. Sin anuncio ni bulla, caminó directo a la parte baja de la tarima principal. No había espacio asignado para él, como tampoco lo hubo para otros ex dirigentes del partido. En las últimas líneas de sillas plásticas se sentó Hugo Barrera. En medio de esa multitud, también se ubicó Francisco Laínez. Caras como la de Ana Vilma de Escobar y Luis Mario Rodríguez, que pelearon contra Ávila por la candidatura presidencial, no se dejaron ver. Faltaron dirigentes históricos, como Mario Acosta Oertel; expresidentes del partido, como Roberto Murray Meza y algunos de los miembros del plan de gobierno. Diputados que fueron sacados de la bancada legislativa, como Wilfredo Iraheta Zanabria, Julio Gamero y Carlos Reyes, también dijeron no a la cita.

El himno arenero sonó como disco rallado, una y otra vez. Y sonó más fuerte con el ingreso de los cartas presidenciales del partido: Rodrigo Ávila y Arturo Zablah. El primero, fiel a su camisa tricolor, entró y recibió efusivos abrazos en la mesa de honor. Zablah, con camisa blanca, dio y recibió saludo con mano extendida y no gozó de la exclusividad de Ávila para los abrazos ni un efusivo saludo de los expresidentes.

Todos cantaron el himno nacional. Al llegar el turno para la marcha nacionalista, Zablah fue el único que no lo entonó, ni lo aplaudió; tampoco alzó su mano derecha para gritar como los demás: “Patria sí, comunismo no”.

Después del himno, el maestro de ceremonia fue pidiendo aplausos. Hubo palmas para Cristiani, para Flores —que hace mucho no aparecía en público— y también para Saca. Aplausos y porras para Ávila, pero nadie pidió aplausos para Zablah. Él se concentró en escribir en una hoja de papel bond, mientras Ávila —por unanimidad y aclamación— daba por aprobadas las planillas legislativas y municipales.

A las 11:41 a. m., Ávila se acordó de Zablah y pidió un aplauso para su compañero de fórmula. La gente respondió. El empresario sonrió y alzó sus pulgares. Después, inició su discurso. Durante siete minutos de disertación fue poco aplaudido, pero al final habló de victoria electoral en 2009 y fue ovacionado. La asamblea de ARENA cerró con palabras del candidato presidencial, que hizo un llamado especial a su concurrencia y ausentes: “Es momento de cerrar filas”.

Fotos de LA PRENSA/Victor Peña