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Columna invertebrada
Arias, ideólogo firme, fiel; Funes, frágil reformista



Ivo Príamo Alvarenga/ Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
ipalvarenga@telemovil.net
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 8/20/2008

Salvador Arias ha sido uno de los diputados más activos del FMLN —incansable militante, capaz de opinar en variadas materias, con especial referencia al sector agropecuario, del cual viene ocupándose desde los años setenta, cuando después de desempeñar varias funciones en el Ministerio de Agricultura y Ganadería ascendió a viceministro en tiempos de Enrique Álvarez, el aristócrata convertido en revolucionario y terrateniente promotor de la reforma agraria, quien renunció al Gobierno cuando Molina abandonó su promesa, ya bien adelantada, de realizarla— y se lanzó a la política como presidente del recién nacido Frente Democrático Revolucionario (FDR), brazo político de la guerrilla; cuya dirigencia, incluyendo a Álvarez, fue salvajemente asesinada.

Arias se fue del país. En los años de guerra, de técnico y economista agrícola se transformó en marxista leninista férreo, plenamente identificado con Schafik Hándal, de quien tenía la convicción y esperanza de ser el sucesor.

Acusarlo de haber sido un mal diputado es una excusa del señor Funes tan ingenua y mal fundada como la de que José Luis Merino podía no ser el “Ramiro” que se mencionaba en los archivos de las FARC, porque en la guerra otros usaron el mismo alias; una afirmación tan contraria a la evidencia de los hechos, como la de que los fondos de su campaña vienen exclusivamente de la membresía del partido.

Funes tiene las buenas intenciones de convertir al FMLN en socialdemócrata; prefiere que lo comparen con “Lula” y no con Chávez; ha dicho que no se unirá al eje antiestadounidense; su plan de trabajo, al menos como lo ha sintetizado la prensa escrita, podría ser suscrito por cualquier partido “burgués”. Es idéntico y a la vez lejano al de Schafik en varios puntos cruciales. Uno, la renuncia a volver al colón, tan cara a Hándal que en el bolsillo de la camisa portó durante toda la campaña un billete de esa denominación. Otro, la aceptación del TLC que el fallecido líder juraba revisaría letra por letra. Y la fundamental, abjurar del que era lema central de Schafik: “Desmontar pieza por pieza el modelo neoliberal”. Renunciar igualmente a términos esenciales como “socialismo” y “revolución”.

Funes ilusiona a muchos de que exista un partido reformista, moderado, que sea alternativa no aterrorizante de ARENA.

Esa perspectiva entra en choque con Arias y quienes como él creen en la ortodoxia revolucionaria del FMLN. Muchos la aceptarán pragmáticamente: como táctica electoral, para tomar el poder y después... ya veremos. Aunque conocen el riesgo de que el reformismo llegue para quedarse.

Si Funes logra excluir a Arias de la planilla de diputados, su socialdemocracia —real o fingida— obtendrá un triunfo apoteósico. La tradición marxista padecerá una debacle con caracteres de terremoto grado 10, que podría ser el primero de los golpes en la nuca para descabezarla. Un traslado de Arias, por ejemplo al Parlamento Centroamericano o a una alcaldía importante en vez de eliminar el descalabro, lo pondría bajo lente de aumento.

Lo mejor para el partido es posponer esa partida. Al fin y al cabo, Funes ya se ha curado en salud diciendo que aceptará la decisión de la Comisión Política en cuanto a la planilla de diputados. Que Arias sea incluido le será humillante, pero no será la primera ni la última, le esperan en el camino muchas de las veces que deberá doblegarse ante las determinaciones de la cúpula partidaria.