Empiezan a aparecer ideas, intenciones y propósitos de corte electoral, en ruta a las urnas que definirán quiénes se harán cargo de la Administración del país a partir del 1.º de junio de 2009. La lista de ofertas es ya muy abundante y heterogénea, pero falta por ver y conocer planteamientos verdaderamente concretos en las temáticas fundamentales más sensibles, que son de naturaleza estructural. En otras palabras, aún no aparecen las grandes líneas de acción que deberán presentar los partidos de cara a la gestión futura, que será especialmente compleja por distintas razones que también habría que tener muy claras.
El FMLN dio a conocer el pasado domingo lo que llama su programa de gobierno, que en realidad, tal como está estructurado, es un popurrí de infinidad de propuestas de muy distinta índole, y del cual es prácticamente imposible sacar conclusiones claras, al menos por el momento. A estas alturas, la campaña tan anticipada de los partidos más grandes no ha producido conceptos básicos de trabajo de cara al próximo período, de los que tendrían que partir los planteamientos más detallados. En otras palabras, estamos viendo hasta ahora, en buena medida, aunque hay también atisbos de adaptación a lo que la realidad demanda hoy, una reiteración de estrategias electorales ya caducas.
Y no se trata sólo de explicitar, en lo básico y en lo específico, “qué” es lo que cada quién se propone hacer, sino sobre todo “cómo”, “cuándo”, “con quiénes” y “con cuánto”. Y en tanto más pronto se diluciden estos componentes de la acción mejor preparado se hallará el electorado para acudir a hacer su selección. Los catálogos ya no bastan: hay que puntualizar y priorizar las grandes líneas de trabajo.
EL REALISMO ES ESENCIAL
La problemática del país, tal como se está experimentando en esta fase de la transición democratizadora que vivimos, requiere, en primer lugar, una muy alta dosis de creatividad, que está más allá de cualquier encuadramiento ideológico. Es comprensible que haya puntos de vista diferentes según la ubicación de los actores en el escenario de la política, pero lo que la realidad ya no admite es que esas diferencias sigan siendo abismos insalvables, porque lo real es que los problemas están ahí, y no es posible enfocarlos satisfactoriamente con los absolutismos que prevalecieron en la etapa anterior a la globalización.
Aunque el reto es para todos, en esta actualización de perspectivas y mecanismos de acción le toca a la izquierda un trabajo mayor de adaptación a lo factible en las condiciones actuales del país, de la región y del mundo. En el entorno hay tentaciones de revivir el viejo sueño socialista, pero son tentaciones sin futuro, como ya se está viendo en los hechos.
La ciudadanía, que en esta etapa ha evolucionado con más consistencia y coherencia que la llamada “clase política”, debe estar muy atenta no sólo a lo que se le ofrece sino sobre todo a la viabilidad y a la sostenibilidad de eso que se le ofrece. El momento es de decisiones cruciales, porque lo que se nos viene en los años inmediatos será tarea de alta complejidad, que habrá de requerir mucha madurez programática, mucho sentido histórico y especialmente mucha responsabilidad institucional y social.