William Walker había pasado los últimos meses visitando familiares en el sur de Estados Unidos, deseando que se presentase una coyuntura que le permitiese volver a tierra centroamericana, haciendo su típico papel de mediador y cumplir ante quien pidiese su ayuda.
Estas circunstancias se fueron presentando cuando en 1860 Inglaterra decidió devolver a Honduras las Islas de la Bahía (Roatán). Esta medida enfureció a los isleños británicos, quienes no concebían pasar a ser súbditos hondureños. Estos isleños confundidos pusieron sus ojos en Walker como su salvador. La marina inglesa ordenó al capitán Salmon que rondara las aguas caribeñas para mantener el orden. Walker ni siquiera tuvo la suerte de desembarcar en Roatán pues por todos lados por donde lo intentó le salía al paso la goleta armada “Icarus”.
El capitán Salmon fue objeto de muchas críticas por parte de los periódicos estadounidenses. El presidente Buchanan se expresó así: “Os felicito porque sé que ahora prevalece en el país un sentimiento general de repudio contra el delito de organizar expediciones dentro de los límites territoriales de Estados Unidos para ir a hacerle la guerra a Estados inofensivos con los cuales estamos en paz”.
Walker fue desembarcado del vapor “Icarus” y fue entregado a los soldados hondureños, lo que significaba su sentencia de muerte. Después de un corto juicio fue sentenciado a muerte, con la rúbrica del presidente Santos Guardiola.
La guerra en Centroamérica terminó el 10 de mayo de 1857 con la rendición del filibustero ante los aliados. De regreso a Nueva Orleans empezó una campaña para recaudar fondos destinados a una tercera invasión a Nicaragua. La campaña fue exitosa, pese a que ya había empezado la guerra civil y en varios juicios, Walker era juzgado y absuelto. Buscaba un pretexto para marchar a Centroamérica y este se presentó cuando Inglaterra decidió devolver la isla de Roatán a Honduras; y los enfurecidos isleños británicos buscaron ayuda en Walker, pues no querían ser súbditos hondureños. Aunque no pudo hacer contacto con los isleños (sus nuevos patrones), Walker estaba seguro de que esta sería su gran aventura para reconquistar Centroamérica.
Antes de esta frustrada aventura todavía intentó reconquistar Centroamérica con dos pequeños barcos, pero el comodoro norteamericano Paulding lo hizo prisionero y lo devolvió a su país.
Cuando no pudo desembarcar en Roatán se dirigió con sus 150 hombres a las costas hondureñas e incursionó por varios ríos aunque perseguido por lanchas británicas armadas; hecho prisionero fue embarcado en el “Icarus”, en donde se sintió protegido por la bandera británica.
El presidente Campo en una proclama a los salvadoreños dijo: “La obra de salvar a Nicaragua más que del gobierno es vuestra; el gobierno tiene en vosotros la más ilimitada confianza y espero que llenos de merecimiento y gloria no volveréis a vuestro hogar sin haber dejado a nuestros hermanos nicaragüenses en el pleno goce de sus derechos como nación independiente y libre”.
Nicaragüenses serviles de Walker llamaron a la Guerra Nacional la guerra de los tres Rafaeles y popularizaron la siguiente coplilla:
“Con un Rafael de Carrera,
y otro que no se de Mora,
y además otro del Campo
¿Qué hará Nicaragua ahora?”
El 12 de septiembre de 1860, cinco fusileros formaron el cuadro. Al primer disparo Walker cayó muerto y le dieron el tiro de gracia que le destrozó el rostro. Fue sepultado en Trujillo y las gestiones para exhumarlo y sepultarlo al sur de Estados Unidos no fueron atendidas.