Rogándole a Dios que los demócratas continúen por la senda de la autodestrucción, en la víspera de su Convención los Republicanos se envuelven en la bandera nacional al tiempo que con asombrosa displicencia se sumergen gozosos en la contradicción.
Concebida como escaparate para resaltar las virtudes de John McCain, el candidato del partido a la presidencia, la asamblea de los republicanos en Saint Paul, Minnesota, cuyo lema es: “El país es primero”, gira en torno a cuatro temas centrales: servicio público, reforma, prosperidad y paz. El elenco de oradores que debe transmitir el mensaje incluye al presidente, al vicepresidente, a sus rivales en las elecciones primarias, a hombres y mujeres de negocios, y a un selecto grupo de gobernadores y congresistas republicanos.
El lunes 1.º de septiembre, el programa abre con una alabanza pública al historial de servicio y “sacrificio” del candidato. Y cuando hablan de “sacrificio”, la referencia es a los cinco años que McCain permaneció en cautiverio durante la guerra de Vietnam. Lamentablemente, al permitir que se subraye como virtud su “victimización” por descaradas razones electorales, McCain hace a un lado la reticencia que le impedía hablar de su encarcelamiento y tortura. Hoy, el candidato muestra que la modestia es cosa del pasado.
Para los estrategas de McCain, tal y como están las cosas ahora sería un error no exprimirle hasta la última gota de heroísmo a su singular historia personal en la guerra. La terrible ironía, sin embargo, es que hace apenas cuatro años fueron esos mismos operadores políticos republicanos los que destruyeron la reputación de John Kerry, héroe de la misma guerra que no solo evitó ser capturado por el enemigo sino que fue condecorado por su extraordinario valor.
El programa del lunes contempla además, una exposición de algunos de los planes e ideas que tiene McCain para reactivar la economía y preservar la seguridad nacional en un mundo de paz y concordia. Sarcásticamente, ese mismo día le toca hablar al vicepresidente Dick Cheney. ¿Será acaso para recordarle a los votantes que además de la imperdonable sangría que han significado las guerras en Iraq y Afganistán, la juventud estadounidense debe irse preparando para pelear por todo el orbe contra sus enemigos reales, imaginados o inventados por intereses mezquinos como los que defiende Cheney para garantizar la paz americana?
El tema del martes será el estilo personal de gobernar de un candidato que privilegia los principios y el reformismo como motores del cambio. Ese día, le corresponde hablar al ex pastor evangelista y ex candidato presidencial Mike Huckabee, un hombre que duda de la teoría de la evolución de Charles Darwin y está en desacuerdo con Copérnico, Isaac Newton y Albert Einstein.
Rudolph Giuliani, quien durante sus ocho años como alcalde de Nueva York se esmeró siempre por mantener en la oscuridad total el manejo del departamento de policía, es el orador escogido para hablar el día que el candidato quiere resaltar la imperiosa necesidad de gobernar con transparencia.
Y Rosario Marín, una mujer que en 1994 se desempeñó como vocera de prensa del gobernador Pete Wilson defendiendo la Proposición 187, que exigía expulsar de las escuelas a los hijos de los trabajadores indocumentados, hablará en nombre de las mujeres latinas que con orgullo ostentan sus principios conservadores.
El miércoles, el tema es la ruta a la prosperidad que el partido republicano y su candidato proponen. Afortunadamente para ellos, ese día el principal sospechoso de ser el causante del deterioro económico del país, George W. Bush, el presidente con el índice de popularidad más bajo en la historia moderna de la nación, ya habrá hecho un mutis discreto y estará de regreso en Washington, D.C.
A otro orador le tocará prometerles a los votantes comunes y corrientes que con McCain el costo de la gasolina bajará. Otro más intentará convencerles de que la incertidumbre laboral que ahora sienten desaparecerá como por arte de magia. Alguien más les dirá que con el derrame de prosperidad que los hombre más ricos del país generarán gracias al descuento en sus impuestos que Bush les concedió y ahora McCain quiere refrendarles bastará para que la clase media conserve las casas que está a punto de perder y, con un poco de suerte, podrían llegar a tener tantas casas que, como McCain, necesitarán preguntarle a sus asistentes cuántas son y dónde están.
El gran reto de McCain es convencer al ala derecha de su partido que si no le apoyan, la alternativa sería mucho peor para su causa. Al mismo tiempo, debe convencer al votante independiente de que a pesar de su débil manejo de los temas económicos él sabe cómo no repetir el fracaso de su antecesor. La encomienda no será fácil.