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La PNC no puede esperar
Depuración, el reto eterno



Héctor Silva Ávalos
Gerente de Redacción de LA PRENSA GRÁFICA

hsilva@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/12/2008

 

En la Policía no hay una depuración permanente, como argumentaron el viceministro de Seguridad Pública y el ex director de la corporación hace seis meses, cuando una investigación de este periódico reveló que un agente y un alto jefe de la División Antinarcóticos estaban directamente relacionados con la banda de crimen organizado Los Perrones. “La Policía se depura constantemente”, alegaron entonces las autoridades. No es cierto. Hasta hora, seguimos esperando respuestas sobre la depuración en la DAN por aquel caso.

El único objetivo de estos eufemismos era ocultar la falta de voluntad para extirpar de la Policía a los jefes y agentes que actúan en connivencia con el crimen organizado, no solo en el caso de Los Perrones. En la revista Séptimo Sentido publicamos, en agosto pasado, un reportaje que reveló otro capítulo —uno más grande y feo— sobre la relación entre el grupo criminal de oriente y la Policía. La revelación fue que la DAN “durmió” en 2004 un expediente de investigación contra Reynerio Flores Lazo, el narcotraficante miembro de Los Perrones que, según publicamos en la misma historia, logró escapar en marzo a un flojo operativo montado por Antinarcóticos en San Miguel. Hasta ahora, el jefe de la DAN no ha dado explicaciones al respecto.

¿Y qué decir del caso de los asesores del ex director Francisco Rovira, cuyas implicaciones penales y administrativas quedaron en el limbo tras un confuso juego de palabras de Inspectoría y Fiscalía?

Cada vez que un reportero o editor de este periódico se sienta con alguna fuente de la Fiscalía, Policía o Hacienda para reportear estos casos, las voces muestran indignación e incredulidad, como reveló aquel reportaje de Séptimo Sentido. Los fiscales nos cuentan, por ejemplo, que para garantizar el éxito de algunos operativos se han visto obligados a guardarse información con el fin de evitar filtraciones desde la Policía.

No son casos aislados, las células cancerígenas han vuelto a surgir en el interior de la corporación. A estas alturas, ante la gravedad de estos casos, no puede ser que la única respuesta institucional sea el bulo según el cual “la depuración es constante”.

La llegada de José Luis Tobar Prieto, un oficial de buenas credenciales técnicas que accede a la silla principal de la PNC con muy aceptables referencias sobre su probidad, es una gran oportunidad para que la institución pase de la frase hueca a las acciones definitivas en lo que a depuración y limpieza respecta.

Si en el pasado reciente la respuesta de algunos oficiales ante los cuestionamientos fue el silencio, la matonería o la simple desidia, hoy, con la nueva administración, debe ser una firme de control sobre toda la estructura territorial de la Policía. Una que apele a la buena técnica, a la mística y al profesionalismo. La única respuesta posible es la depuración efectiva, de verdad.

Hay algunas señales en el sistema de justicia, como las voces que llegan del oriente, esta vez desde el sistema judicial y la Fiscalía, que hablan sobre intentos aislados de limpiar unidades de personal aliado con el crimen organizado. Esas acciones son las que deben alentar sin temor las autoridades de San Salvador.

No es posible que la PNC pierda la credibilidad que ganó tras lograr disminuir los índices de homicidios en 2007. No es posible que deje caer en el vacío los logros que ha obtenido, junto a la Fiscalía, en un caso como el de Los Perrones. El país no puede permitírselo.