¿Cómo valora al general chileno Augusto Pinochet, muerto hace unos días?
Adalberto P., 67, casado, tres hijos, jubilado: “En Chile, Pinochet fue como aquí el Mayor D'Aubuisson: defensor de la democracia. Pinochet paró a los comunistas, y los chilenos pudieron avanzar. D'Aubuisson mantuvo a raya a los rojos, y mire el progreso que tenemos. Los que los odian —¡de todo hay en la viña del Señor!— es porque no los dejaron hacer su santa gana: adueñarse de estos países y convertirlos en otra Cuba de Castro”.
Berta F., 45, soltera, dos hijas, vendedora ambulante: “¿Y quién es ese señor, usté? (…) ¡Ah! ¡Y qué le pueden importar a uno las cosas de lejos? A mí, por lo menos, me interesa lo de aquí. Deberían morirse los pícaros que nos han gobernado y que nos han dejado como estamos. Pero me gustaría que antes pagaran lo que han hecho y lo que se han bombeado”.
Edilberto H., 57, casado, cuatro hijos, contador retirado: “Mire: ¡morirse en la fecha de los derechos humanos! Más claro no habla ‘el de arriba’. Allá si uno lo entiende o no. A ese hombre, Dios le dio tiempo para pedir perdón. ¡Y mire si lo hizo! Con lo que salió fue con que los otros debían pedirle perdón a él”.
Alex M., 20, soltero, estudiante: “En la tele chilena, que ha sido diez en la cobertura, vi un cartel que andaba una señora. Decía: ‘¿Qué habrá hecho el infierno para merecerlo?’, y tenía las caricaturas de un diablo afligido y de Pinochet, que llegaba. Para mí, eso no está bueno: es una bajerada”.
María Elena C., 47, divorciada, una hija, comerciante: “No hay mal que por bien no venga. Los chilenos no serían lo que son, sin Pinochet. Que con él unos la pasaron más mal que otros... así tenía que ser. Lo cierto es que hizo mucho por la economía y por la política de allá”.
Danilo S., 52, acompañado, tres hijos, docente universitario: “Pinochet fue un tirano, aunque le digan gobernante de facto. Allende lo hizo comandante del ejército. Confiaba en él. ¡Después dio el zarpazo, como buen oportunista! Cuando el golpe del setenta y tres, Allende fue el primero al que buscó, para que le ayudara. No lo halló. ¡Y cómo lo iba a hallar si estaba dando el pencazo! ¡Lástima: no se le pudo ver tras las rejas, y se llevó un montón de secretos!”
Margarita L., 40, viuda, un hijo, maestra: “¡A mí lo que me deja con la boca abierta es la declaración de los gringos! Han salido diciendo que ahora piensan en las víctimas de Pinochet y en los familiares de esas víctimas. ¡Descarados! ¡Como si uno no supiera que ellos también estaban detrás de todo!”
Luis A., 38, acompañado, dos hijos, obrero: “La presidenta de Chile sí que los tiene en su puesto. Ni fue al sepelio, ni permitió honores de jefe de estado”.
Viviana G., 62, viuda, cinco hijos, ama de casa: “Según uno ha ido viendo en los diarios y en la tele, no se fue limpio. Le pusieron pleito: por gente que desapareció y por cosa de pistos. Así debería ser aquí. Pero para eso, ¡uhhh: falta tiempo! Lo mejor es agarrar lección en cabeza ajena y trabajar duro: a ver si algún día aquí se hace justicia sobre tanta masacre cuando la guerra”.