De vendedora de frutas en su niñez a hotelera en su adultez. Es el caso de Bellyni Sigüenza, la fundadora y presidenta de la cadena de hoteles Villa Serena, una mujer que ha sabido luchar con entrega para llegar a ser lo que es ahora, una profesional y empresaria.
Desde los siete años de vida es huérfana, pero gracias a que sus padres le inculcaron valores y fe en Dios empezó a ser visionaria en sus planes.
“Yo siempre decía, voy a ser una profesional”, recuerda, y eso se le convirtió en realidad, porque puso en práctica esos dos pilares fundamentales que a su criterio son importantes para triunfar y saber salir adelante.
Con sacrificio estudiaba al mismo tiempo que trabajaba en el mercado de Ciudad Delgado, su lugar de origen. Vendía pan y leche.
Esa parte marcó su existencia. Según cuenta, a sus 11 años, descubrió el talento por las ventas. Aprendió que la vida requiere de emprender y no quedarse estancado. También lo hizo en el mercado Chiquero, el cual estaba ubicado cerca de la iglesia El Calvario, en el centro capitalino, ahí vendía fruta a viva voz, hasta los 13 años.
De día trabajaba y por las noches estudiaba el bachiller en Contaduría en la Escuela Nacional de Comercio (ENCO). Pero al coronar su bachillerato, una de sus metas era dejar el mercado. Y así fue. Una compañía constructora, donde se había monitoreado su carrera, la contrató como auxiliar contable, “pero como me gustaban las ventas empecé a vender casas”, relata. Y fue ahí donde vio la necesidad de poner su propia oficina de bienes y raíces.
Ganaba ¢1,500, en aquel entonces, allá por 1981. Se hizo de buen colchón de dinero; sin embargo, cuatro años más tarde, una crisis económica invadió al país y la industria de la construcción se vino abajo “ y nosotros quebramos”, recuerda.
“¿Dios mío, cómo voy a hacer para salir adelante?”, se preguntaba con aflicción en aquel momento, y la primera idea brillante que se le vino a la mente fue hacer un hotelito en la casa donde tenía las oficinas de bienes y raíces, donde ahora es el Hotel Villa Serena, Flor Blanca. Empezó con cuatro empleados y endeudada con unos ¢125,000 para hacer seis habitaciones. Como tuvo la gran suerte de que una empresa constructora internacional le cancelara hasta $600 por habitación para un grupo de empleados radicados en el país, un año después ya construía la otra media docena de cuartos confortables, con todos los servicios básicos de un hotel.
En 1998 se hizo socia de José Miguel Carbonell y se inició el segundo hotel de la misma marca en la colonia Escalón, con 30 habitaciones. Desarrolló un concepto más de hostal y con todos los servicios básicos para hombres y mujeres de negocios, turistas internacionales que deseaban una estadía en paz y tranquilidad, y con servicios especializados internacionales de negocios. En 2008 ya cuenta con el tercero, en la colonia San Benito.
A pesar de que ha encontrado situaciones adversas en el transcurso del tiempo, sobre todo financieros, ha sabido sobreponerse.
“Me siento realizada y agradecida con Dios y con la vida. Dispuesta a seguir aprendiendo y sirviéndole a mi país por que es la tierra que me ha dado todo esto”, dijo.
Su hijo, Mauro, sigue sus pasos, la apoya en todo el trabajo, y en especial la nueva cadena que han creado: la firma de hoteles Serena. “Ella es mi sombra, es una mujer batalladora que no se rinde, le gusta el trabajo, siempre apoya a los demás”, afirma Mauro.
Eva Quiroa, una de las recepcionistas, lo confirma, puesto que los sábados que debería de estar trabajando, su jefa le da permiso para que a sus 26 años de edad estudie su bachillerato. Ella se incorporó como camarera a la empresa hace seis años. Su familia también trabaja en la misma firma. “Es un buen ejemplo de jefa, nos da la oportunidad de que salgamos adelante, que nos superemos”, concluyó la empleada.