Bien lo dijo John Gray: “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”. Este terapeuta de pareja vendió millones de ejemplares de un libro que se basa en las diferencias entre hombres y mujeres; diferencias que tienen que ver con cómo funciona el cerebro.
Si ya te has preguntado por qué a veces pareciera que los hombres no hablan tu mismo idioma, la respuesta podría estar en que nuestros cerebros son, simplemente, distintos. De hecho, como se dice popularmente “cada cabeza es un mundo”. Pero los cerebros femeninos y masculinos son más que eso: son universos.
La neuróloga Ericka López explica que el término médico para definir estas diferencias es dismorfismo sexual. “Desde que se unen el espermatozoide y el óvulo, la información genética es distinta si es un niño o es una niña”, dice la doctora. “No quiere decir que un sexo sea superior al otro. Esas diferencias nos complementan”, concluye.
El primer dismorfismo sexual en cuanto al cerebro es el tamaño. El masculino pesa alrededor de 1,380 gramos, mientras que el femenino 1,250 gramos. Pero el tamaño, como dice la doctora López, no importa en este caso, porque este es proporcional a la estructura del cuerpo y además no se ha comprobado que por esto los hombres tengan más neuronas que las mujeres.
No obstante, se sabe que las mujeres tienen un 11% más de neuronas en ciertas áreas cerebrales, como la del lenguaje, la memoria, el cálculo de operaciones cortas y otras habilidades. Esto podría explicar por qué las niñas desarrollan antes el lenguaje.
Pero también los estudios científicos han encontrado que los hombres superan a las mujeres en el pensamiento matemático avanzado, lo cual no significa que no haya mujeres exitosas en la historia de la matemática.
Asimismo, se ha comprobado que ellas tienen la habilidad de hacer varias cosas a la vez o incluso más facilidad para aprender a leer, mientras que ellos tienen mejor desarrollada su capacidad de orientación en el espacio.
Esta última es útil, por ejemplo para encontrar una dirección. Pero las mujeres usan su memoria visual para ubicarse en el espacio.
Por otra parte, se ha identificado un tipo de células cerebrales encargadas de la empatía, es decir de la capacidad de identificarse con lo que otros sienten en determinada situación.
Se llaman neuronas espejo y al parecer los cerebros femeninos las tienen más activas, porque, según la doctora, otra característica de las mujeres es la capacidad de sensibilizarse con el sufrimiento del otro.
Si bien todas estas diferencias se han advertido en el aspecto anatómico y funcional del cerebro, la influencia del medio ambiente sigue siendo importante para que una persona, sin importar el sexo, desarrolle determinados tipos de capacidades.
Conocer estas diferencias no persigue solo objetivos lúdicos. La búsqueda de la ciencia es dar respuesta a las particularidades en cuanto a ciertas enfermedades neuropsiquiátricas, como la depresión, y los beneficios que estos hallazgos tendrían al momento de crear y administrar tratamientos farmacológicos.
La resonancia magnética, explica la doctora López, ha ayudado a sacar ciertas conclusiones; aunque como todo en el cerebro, la mayoría de procesos siguen siendo un misterio.
No solo la neurología estudia estas diferencias, lo hace también la psicología, la antropología y la sociología, entre otras disciplinas. Ahora ya sabes por qué cuesta tanto entenderlos y que ellos te entiendan.