Se le llama también leucodermia adquirida idiopática, o conocida popularmente como “diente veo”, pero desconozco el porqué le han dado este nombre tan conocido por toda nuestra población.
Es una enfermedad muy frecuente, crónica, asintomática, con múltiples causas, con o sin alternaciones sistémicas, y en la cual intervienen factores como: los genéticos (40%), neurológicos, autoinmunitarios, endocrinológicos, psicológicos, entre otros.
En nuestra gente hay un temor inmenso sobre esta enfermedad antes de consultar. Siendo una actitud equivocada, piensan en que jamás se van a curar, en que se les va extender en todo el cuerpo y, en mi opinión, llegan mentalmente derrotadas a su primer consulta. ¡Qué error más grande! El darse por vencidos antes de luchar contra una enfermedad que puede mejorar con tratamientos, que puede curarse en la mayoría de los casos, puede extenderse o no, puede progresar o no. ¿Por qué no consultar a tiempo? ¿Por qué aplicarse remedios caseros y dejar que la enfermedad progrese? ¿Por qué se aplican mil cremas de botiquín y le creen al vecino antes de consultar a la dermatóloga?
La edad inicial en que se presenta en niños es entre tres y cuatro años, y entre los 10 años y los 30; afecta ambos sexos, en un 50% antes de los 20 años y el resto en edad media, afecta toda raza. Su aparición es brusca, lenta e insidiosa. La extensión del padecimiento puede ser rápida, lenta o intermitente, muchas veces estacionarias. Se caracteriza por “manchas” blancas o hipocrómicas, de diferentes tamaños, que puede presentarse en muchas áreas:
1) Focalizada: Una sola mancha, localizada en cualquier parte del cuerpo.
2) Segmentaria: Afecta un lado o segmento del cuerpo.
3) Generalizada: Es la más frecuente, aparece en diversas áreas del cuerpo.
4) Acrofacial: Alrededor de la boca, o solamente en manos y pies.
5) Mucosas: Afecta la región bucal o genital.
Se observa en cuello, genitales, párpados, región peribucal, axilas, zona de la cintura, cara anterior de las muñecas, dorso de las manos, contorno de ojos. En las zonas pilosas, como en cejas, pestañas, vello corporal, y cabello.
Hay otras enfermedades que pueden “parecerse o confundirse” con el vitiligo: como el nevo de sutton u otros nevos (“lunares”) Acrómicos (blancos), pitiriasis versicolor (que es producido por hongos), hipomelanosis gutata idiopática (manchas blancas, en brazos y piernas), albinismo, discromías por “materiales plásticos” (que pueden presentarse en las personas que usan guantes de hule o zapatos plásticos).
Para realizar el diagnóstico no solamente es clínico, también hay que realizarle examen con luz de Wood y biopsia de alguna de las lesiones; además de toda una serie de análisis de laboratorios.
El pronóstico es variable e impredecible. Nunca se le debe decir a un paciente que tiene enfermedad incurable, porque hay muchos casos en que la repigmentación suele ser espontánea.
Hay tratamientos orales, múltiples tratamientos tópicos, para el vitiligo segmentario y estacionario, están los miniinjertos autólogos. Hay maquillajes que esconden las manchas, y que son fáciles de aplicar (sobre todo en aquellos que tienen en área facial y que están muy acomplejados) y que todavía no están bajo ningún tratamiento médico.
El apoyo familiar es fundamental. El dejar de preguntarle a un amigo que tiene la enfermedad: “¿qué te pasa?”. Tener buenos amigos y compañeros de trabajo es muy importante para que esta persona se empiece a tratar y acepte su enfermedad. ¡Ánimo!