Algunos consejos
Estos son algunos de los cambios que se experimentan, según Luciane Garbin.
Descubres en tu interior una fuerza que te agarra de sorpresa y hasta te asusta por su intensidad. Te sientes como una leona, preparada para defender a tu “cachorrito” con tus propias uñas y dientes.
Te das cuenta de que puedes ir más allá de tu límite... Y esto te hace sentir infinitamente exhausta y fatigada, pero a la vez infinitamente capaz.
Sientes crecer dentro de ti un amor tan fuerte, poderoso y profundo, que a veces hasta te espanta y confunde. “¿Podré querer a otro ser como a esta criaturita?”, te preguntas. Garbin asegura que sí. Asegura que esa será tu gran sorpresa cuando nazca tu próximo hijo.
Empiezas a entender, respetar y admirar a tus padres como nunca antes en la vida, “¿no es posible que mi mamá haya hecho todo esto?” seguramente dirás, “¡con cuatro hijos, tan jovencita y sin pañales desechables!” y crece genuinamente tu comprensión y gratitud hacia ellos.
Por primera vez entiendes que “sacrificio” no significa sufrimiento sino: “sacro” + “oficio”, es decir, “trabajo sagrado”. Comprendes la enorme importancia del lugar que ocupas en el mundo como madre, y el gran valor de tu trabajo.
Aumenta tu compasión por todos los niños. Poco a poco te vas haciendo madre no solo de tus hijos, sino de todos los demás niños del mundo. No soportas ver sufrir a un niño en las telenoticias, ni en una película de televisión, ni en la calle.
En tu casa, tu vida, tu trabajo, reina un nuevo orden, o más bien, desorden. Aceptarlo es clave para tu felicidad y paz interior, es decir que date por vencida y disfrútalo.
Descubres el placer y el valor de los momentos de silencio, de una ducha caliente al final del día, una tacita de té con una amiga, una película en casa con tu pareja, una noche de sueño profundo... y disfrutas a fondo cada uno de esos instantes.
Borras de tu diccionario la palabra “asco”. Cuando a tu hijo se le cae algo o deja de comer, perfectamente te comes lo que sobra o lo limpias con tus propias manos.
Aprendes a dominar el arte de la improvisación. Compones increíbles melodías, transformas tus dedos en marionetas, e inventas fantásticas y absurdas historias para mantener entretenido a tu bebé cuando está aburrido.
Tu cinturita (y todo lo que queda al norte y al sur de ella) definitivamente no es la misma de antes, pero te sorprendes al darte cuenta de que estás mucho más interesada en el ombligo de tu bebé que en el tuyo propio.
Las horas dejan de tener 60 minutos y los días dejan de tener 24 horas. El tiempo ahora parece transcurrir a un nuevo ritmo (debido seguramente a algún arte de magia del bebé) y por ese extraño cambio llegas retrasada a casi todas tus citas.
Los momentos a solas con tu pareja son escasos y breves, pero los dos aprenden a disfrutarlos y aprovecharlos, aunque un cierto grito de tu pequeño interrumpa en un momento inesperado.
Como un malabarista que va agregando más y más objetos a su acto, aprendes a hacer dos, tres, cuatro, cinco... cosas a la vez, ¡y sin que se te caiga ninguna pelota! Tu familia se asombras de tus capacidades que has adquirido en el hogar y en el cuido de tu hijo.
Y por fin, como esa leona que defiende a sus cachorritos, a medida que crecen vas “soltando la rienda” y te das cuenta de que ser mamá no significa proteger eternamente a tu niño de los peligros, problemas y conflictos de la vida, sino permitir que vaya enfrentando sus pequeños problemitas, confiada en haberle dado las herramientas necesarias para que vaya aprendiendo a solucionarlos.
Algo tan común que sucede en los seres humanos es que siempre nos tomamos la tarea de “aconsejar” a las demás personas de lo que está por venir en sus vida, si hace x cosa. Pero hasta cierto punto lo que a veces se logra con ello es “predisponer”.

Un ejemplo es cuando se casan, más de alguien dice la típica frase “tu vida va a cambiar”. Y no se diga cuando se embaraza viene la larga lista de cambios a experimentar, que para qué entrar en detalle.

Incluso hay algunas personas que temen dar ese paso por temor a ese “cambio”.

Porque según lo explica la experta Luciane Garbin en Espanol.babycenter.com en realidad eso es lo que cuesta. Captar el verdadero significado de ese cambio. Cuesta entender si será para mejor o peor.

“Los cambios son tantos que es imposible enumerarlos, pero no son una sentencia sino un desafío, y como todo desafío, una oportunidad para aprender, crecer y hacernos mejores seres humanos”, explicó Garbin. Agrega que, entre otras cosas, el nuevo estilo de vida por el que pasa una mujer embarazada sirve para “crecer y viajar”. ¿Te animas a experimentarlos?