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Color de rosa

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Intento explicarle a mi hija que el color rosa no es de uso exclusivo de las niñas. La moda, la cultura, el ambiente escolar y la publicidad influyen para que algunos colores se asocien a lo femenino y otros a lo masculino. El significado que socialmente se atribuye a los colores no es accidental, sino que responde a experiencias muy enraizadas desde la infancia.

5 de Septiembre de 2013 a la(s) 6:0 / Miguel Huezo Mixco

Mi carné de un club de Santa Tecla es de color rosado. El de mi mujer, azul. El mundo no está al revés. Hace dos años decidimos hacer uso del beneficio de tomar la membresía pagando una cuota de ingreso menor por ser ella hija de un miembro del club.

Si bien ambos hicimos cabuda para pagarla y las mensualidades salen de nuestro presupuesto, por línea familiar la propietaria de la cuenta es ella.

Los estatutos establecen que los carnés azules corresponden a los “jefes de familia”, por lo general varones, y los rosados a las esposas. La primera vez que ingresamos a las instalaciones con mis hijas la menor de ellas se sorprendió cuando le mostré mi tarjeta al encargado. “¿Por qué tenés un carné rosado? No eres una niña”, me dijo casi en un susurro, provocándome una sonrisa.

Hace unas semanas, en este mismo espacio, publiqué mis impresiones sobre la pieza teatral “Anafilaxis”, que hace una crítica demoledora a la homofobia.

Mi texto llamaba la atención sobre el hecho de que la noción de “hombre” que domina en nuestra cultura ha provocado enormes daños y confusiones sociales. Un lector anónimo me hizo llegar un mensaje acusándome de “marica” que viste de rosado.

Este color no siempre tuvo un valor femenino. Eva Heller ha probado que durante el período rococó (1730-1760) hombres y mujeres habrían vestido de rosa. Su uso para diferenciar a las niñas de los niños parece haber iniciado, por razones prácticas, en los orfanatos de Francia, en la segunda mitad del siglo XIX.

Los pioneros en su uso discriminatorio fueron los nazis, que identificaban a los prisioneros homosexuales con una insignia rosada de forma triangular.

El rosa, o rosado, no es un solo color. Bajo ese nombre se encuentra toda una gama de coloraciones similares. Rosados, aunque diferentes, son el del carro de la Barbie, el del vestido que lució Adele en la entrega de los Grammy 2013, y el de algunas de las prendas de lencería diseñadas por Rosie Huntington-Whiteley.

Pero no todo es color de rosa. Entre las heroínas de Disney, Blancanieves usa blusa azul y saya amarilla. En su noche mágica Cenicienta lleva un vestido celeste, de un tono similar al de la Bella Durmiente, cuyo príncipe azul, sorpresa, usa una capa de intenso color rosa.

Algunos piensan que su tenaz asociación con la feminidad amenaza con restringir las libertades de la niñez. No hay razones para pelear contra el rosa. “Rosa fue un amor a primera vista/ Rosa cuando apago la luz/ El rosa es como el rojo pero no tanto/ El rosa me eleva como una cometa”, dice el estribillo de la canción “Pink” de la legendaria banda Aerosmith.

En su libro ilustrado “¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?” (2012), Raquel Díaz Requera cuenta la historia de Carlota, una niña con un armario atiborrado de vestidos rosa, que desea vestir de rojo, verde o violeta, y convertirse en una chica aventurera. Sonará ingenuo, pero un color no debiera detener a nadie para lanzarse al mundo, como la intrépida Dora, la exploradora, que se mete en aprietos vistiendo una camiseta rosada.

(Lea más en: http://talpajocote.blogspot.com/)

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