El poblado, de unos 4 mil habitantes, está en el corazón del antiguo mundo lenca. En la lengua de los antiguos habitantes del nororiente salvadoreño, Amún Shéa significa “tierra de semilla”. El centro escolar es una iniciativa de la Fundación Perquín para el Fomento de Oportunidades Educativas (PEOF, por sus siglas en inglés), una entidad sin fines de lucro presidida por Ron Brenneman, un norteamericano que llegó al país en 1987 para trabajar por el retorno de millares de familias salvadoreñas que abandonaron sus lugares por causa del conflicto.

En su libro “Perquin musings. A gringo’s journey in El Salvador” (2013) Brenneman relata que después de muchos años presenciando cómo los proyectos de desarrollo derramaban dinero sin conseguir mejoras sostenibles en la vida de las personas, llegó a la convicción de que la única manera de esquivar la trampa de la pobreza es invirtiendo en la educación de los niños y las niñas. Se puso manos a la obra. El centro educativo, ubicado en un paraje montañoso, es una realidad. Imparte clases hasta el octavo grado y no hay duda de que está creando una generación de niños con una iniciativa y empoderamiento asombrosos.

“Educar es importante pero no se trata de cualquier tipo de educación”, asegura Brenneman. Su filosofía se sustenta en tres ejes: provocar un cambio cultural que transforme las actitudes de los niños frente a sus limitaciones y les prepare para asumir responsabilidades en su comunidad; poner en marcha un proceso de enseñanza-aprendizaje relacionado con los problemas de desarrollo socioeconómico de la zona; y crear oportunidades de trabajo digno para reducir la fuga del capital humano calificado y superar el estancamiento socioeconómico.

El recientemente publicado Informe sobre Desarrollo Humano 2013, del PNUD, sostiene que los rezagos económicos y sociales del país tienen a la base un sistema educativo que viene arrastrando deficiencias desde hace 200 años, y hace un llamado urgente a convertir la educación en un pilar del bienestar de la sociedad. El documento sugiere que El Salvador obtendrá mejores frutos en materia de desarrollo cuando caiga en la cuenta de que las principales inversiones deben realizarse durante la infancia y la adolescencia, una etapa crucial para la potenciación de las capacidades y libertades de las personas.

Amún Shéa está poniendo a prueba esta afirmación del PNUD, implementando en las montañas de Morazán un “modelo” construido a partir de las necesidades de su contexto.

El pasado mes de octubre, con Everardo Rivera, director de la ESEN, asistimos a una serie de presentaciones sobre el uso de remesas en el norte del departamento, la medición de la precipitación pluvial de este año, la crianza de tilapias para autoabastecimiento y hasta una demostración sobre la aplicación de la sucesión de Fibonacci, realizadas por niños entre seis y 14 años de edad.

Actualmente, la PEOF gestiona apoyo financiero de entidades o filántropos nacionales y extranjeros interesados en facilitar acceso al programa a más niños y niñas, y en cualificar lo hecho hasta ahora. Para El Salvador es decisivo invertir en educación de calidad en zonas tradicionalmente rezagadas de las políticas públicas. Para el PNUD la inversión del Estado en este rubro debiera alcanzar el 6 % del PIB. ¿Es mucho? Derek Bok, quien fue presidente de la Universidad de Harvard, dejó dicho: “Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia”.

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