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“José tuvo que sobrevivir solo por mucho tiempo... Cuando finalmente fue rescatado, muchas manos amigas salieron a su auxilio”.
“Debido a su aún frágil condición de salud
es muy importante que (José Salvador) reciba la atención médica adecuada”.
Jaime Miranda, canciller
“La OIM manejó los arreglos de vuelo y auspició el transporte de regreso de Alvarenga bajo su fondo de asistencia humanitaria”.
Comunicado OIM
El náufrago salvadoreño José Salvador Alvarenga, visiblemente agotado, arribó anoche al país en medio de una gran expectativa y medidas de seguridad para proteger su privacidad y la de sus familiares. En un vuelo comercial procedente de Los Ángeles, California, el compatriota llegó a El Salvador acompañado de un funcionario consular que lo escoltaba desde islas Marshall, de donde salió el lunes pasado.

Poco más de una hora después de su llegada, apareció en una silla de ruedas, tomó el micrófono que le cedió el canciller Jaime Miranda, pero luego de unos segundos solo pudo articular “no sé qué decir”.

Mientras los medios de comunicación esperaban sus palabras, cabizbajo, no pudo decir nada. Inmediatamente unos cuantos aplausos trataron de animarlo, pero fue imposible. Enseguida la silla fue girada hacia dentro del salón vip del aeropuerto.

Momentos antes, a las 8:40 p. m., Miranda se dirigió a los periodistas: “La historia de José es una historia de fe, pero también de lucha por la vida”. “José Salvador tuvo que sobrevivir solo por mucho tiempo, pero cuando finalmente fue rescatado, debemos reconocer que muchas manos amigas salieron a su auxilio”.

De esa forma, agradeció a los gobiernos de Estados Unidos, México, islas Marshall y a la Organización Mundial para las Migraciones (OIM).

“Debido a su aún frágil condición de salud, es muy importante que reciba la atención médica adecuada”, expresó.

Anoche y durante los días previos, el Ministerio de Relaciones Exteriores reiteró que la familia del connacional había solicitado privacidad, una situación difícil de manejar ante el interés despertado por la historia del salvadoreño, quien sobrevivió 13 meses a la deriva en el océano Pacífico, luego de ser arrastrado por una tormenta el 21 de diciembre de 2012 cuando salió a pescar en Tonalá, Chiapas, México.

El jefe de misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Delbert Sield, dijo que el trabajo de ellos ha sido organizar la logística del transporte, desde que se conoció el caso en islas Marshall, hasta que llegó al país.

La OIM cubrió el costo del boleto aéreo, pero Sield no precisó el monto. Solo dijo que el organismo creó en 2006 el fondo de Asistencia Humanitaria para Migrantes Desamparados (HASM, por sus siglas en inglés), que ha brindado asistencia de forma directa a más de 2,200 migrantes en situación de vulnerabilidad.

Alvarenga fue trasladado al Hospital San Rafael de Santa Tecla, donde un equipo de médicos haría chequeos y exámenes de laboratorio para determinar la condición de salud, dijo la viceministra del ramo, Violeta Menjívar.

El compatriota continúa hospitalizado y según las autoridades del nosocomio continuará ingresado por al menos 48 horas, para poder realizarle todo los exámenes médicos necesarios.

Se tiene previsto que hoy a las 8:00 de la mañana, las autoridades de Salud brinden una conferencia para informar sobre su estado de salud.

La funcionaria dijo que no podía decir cuándo el pescador podía ser trasladado a Garita Palmera, en San Francisco Menéndez, Ahuachapán, donde vive su familia.

Alvarenga se reencontró con sus familiares en el hospital, quienes se encontraban en el lugar a la espera de él.

Una aventura increíble

Alvarenga arribó el 30 de enero al atolón Ebon, perteneciente a las islas Marshall, en el bote donde, sin quererlo, inició su travesía.

Fue atendido por pobladores y luego trasladado en barco a Majuro, la capital del archipiélago. Ahí llegó el lunes 3 de febrero y fue ingresado en dos ocasiones a un hospital.

Inicialmente fue atendido por personal diplomático de México destacado en Filipinas, ante las primeras versiones que aseguraban que era mexicano. El lunes fue despedido de las islas por el presidente, Christopher Loeak.

La primera escala de su viaje de regreso fue Honolulu, Hawái, territorio estadounidense de ultramar, y de ahí hacia Los Ángeles, California. El último tramo fue el vuelo de cinco horas para llegar al país.