Las elecciones del 2 de febrero han demostrado una vez más que en El Salvador existen dos fuerzas políticas mayoritarias cuya responsabilidad por sacar adelante al país es insoslayable. Si estas dos fuerzas políticas no llegan a acuerdos difícilmente se conformará una línea clara de desarrollo que defina una ruta única y el ahorro de grandes cantidades de recursos y de energía en su construcción.

Las últimas cuatro elecciones así lo han demostrado: el FMLN y ARENA captan los más altos niveles de preferencia; sin embargo, las dos grandes fuerzas continúan empecinadas en querer imponer una a la otra las rutas por donde debe caminar el país.

Teniendo en cuenta que ese es el gran mensaje de la población a través de las elecciones recientes y considerando que las fuerzas políticas sabrán leerlo y desde ahí tomar sus decisiones, se vuelve indispensable y urgente la búsqueda de acuerdos comunes.

Y más aún, la lectura de este mensaje electoral quizás deba ir más allá de nombres de partidos políticos, quizás deba hablarse de dos grandes tendencias de la sociedad salvadoreña: una tendencia hacia el centro-derecha y otra tendencia hacia el centro-izquierda.

En ese sentido, y analizando el comportamiento del sector educativo desde 1995, se puede hablar de un ámbito en donde se han dado claros acercamientos entre los diversos sectores para formular políticas conjuntas.

En ese año se formó la Comisión Nacional de Educación, Ciencia y Desarrollo compuesta por empresarios, historiadores, educadores, rectores de instituciones de educación superior, religiosos y diputados quienes formularon interesantes propuestas orientadas a la transformación del sistema educativo

Hoy, varias universidades privadas y la Nacional vienen ejecutando investigaciones y formación a docentes del sistema educativo. Recientemente la UCA, a través de la dirección de la maestría en educación, inició un análisis de las diferencias y acercamientos de propuestas en el campo educativo de los partidos contendientes.

Por otro lado, FEPADE también de alguna manera ha trabajado directamente con proyectos educativos y cuenta con una masa crítica con un importante conocimiento de la realidad de las escuelas del país.

Además, hay investigadores y pensadores, entre quienes se incluyen los exministros de Educación desde 1995, rectores de instituciones superiores, los gremios magisteriales, empresarios y maestros destacados, cuyos aportes pueden ser de gran valor en la construcción común de una propuesta única en el campo de la calidad de la educación.

Por el lado gubernamental, se está haciendo un esfuerzo significativo con la Educación Inclusiva de Tiempo Pleno, en donde ya se ha invertido tiempo y miles de dólares.

Estas fuerzas antes mencionadas deberían de trabajar por iniciar una especie de foro permanente a fin de llegar a conformar un trascendental acuerdo nacional en el campo educativo y constituirse en el primer esfuerzo conjunto para superar un gran problema nacional.

Un mensaje de unificación de criterios en este sentido seguramente daría aires diferentes a esta campaña y sentaría un precedente esperanzador para el quinquenio que se avecina.

El que lance la primera piedra en esta dirección puede ganar muchos seguidores.