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“La libertad de expresión es el derecho que permite defender otros derechos”

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Botero destaca la libertad de expresión como un derecho fundamental para que se cumpla el resto de derechos. Llega al país en el marco del centenario de La Prensa Gráfica.

6 de Julio de 2015 a la(s) 6:0 / Hermelinda Bolaños

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Catalina Botero fue titular de la Dirección Nacional de Promoción y Divulgación de los Derechos Humanos en la Defensoría del Pueblo de Colombia. Además, es exrelatora de la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Este año, Botero fue galardonada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) como Gran Premio Chapultepec 2015. Por otra parte, Botero también es la autora del libro “Libertad de expresión en las Américas”, en el cual explica los avances y desafíos del derecho a la libertad de expresión en la región.

Este día, Botero participará en un conversatorio organizado por LA PRENSA GRÁFICA, en el cual abordará temas relacionados con la situación de la libertad de expresión en América Latina y la relevancia de la prensa escrita.

Usted es la autora del libro “Libertad de expresión en las Américas”. ¿Qué contiene el texto y cómo contribuye a la libertad de expresión de la región latinoamericana?

Se trata de un informe que da cuenta de los más importantes avances, pero también de los desafíos del derecho a la libertad de expresión en la región.

¿Cuál ha sido su experiencia al frente de la Dirección Nacional de Promoción y Divulgación de los Derechos Humanos en la Defensoría del Pueblo de Colombia?

Para mí fue un reto enorme diseñar e implementar políticas de promoción de derechos humanos en un país con un conflicto armado tan doloroso y tan largo y con fenómenos de violencia profundamente arraigados, casi normalizados. Es un aprendizaje sobre la Colombia que todos tendríamos que conocer si de verdad queremos construir un país justo y en paz.

También ha sido galardonada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) este año como Gran Premio Chapultepec 2015.

Sí. Un gran honor. Creo que la libertad de expresión es el derecho que permite defender los otros derechos y por eso su notable importancia. Como Relatora defendí la libertad de expresión de medios y periodistas, de blogueros, de defensores de derechos humanos, de quienes están en la oposición –cualquiera que sea la ideología del Gobierno–, en fin, el derecho de la gente a usar su libertad para defender sus derechos, para comunicarse, para dialogar y tratar de entenderse, para actuar colectivamente contra los abusos y la injusticia. Ser galardonada por eso me honra y me compromete.

¿Cómo se crea la Relatoría de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)?

Es un momento muy especial en la región en el cual la mayoría de los países están en una transición de dictaduras o de conflictos armados a regímenes democráticos y existía un consenso en el sentido de que garantizar la libertad de expresión era una especie de salvaguarda para evitar la repetición de los abusos del pasado. Naturalmente es más difícil violar derechos humanos o ser corrupto si existe una verdadera libertad de expresión y si las personas no sufren represalias por sacar a la luz esos actos y denunciarlos. En medio de ese contexto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos crea a la Relatoría y los Estados aplauden su creación.

¿Cuál ha sido su experiencia como Relatora de la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

La defensoría me permitió entender mejor mi país, la relatoría me permitió entender mucho mejor la región. Las cosas han cambiado mucho desde la creación de la oficina. A finales de los noventa existía un avanzado consenso sobre la importancia de los derechos humanos. El gran desafío era implementarlos en serio y en condiciones de igualdad. Sin embargo, en la última década algunos Estados han retrocedido de manera dramática y han acudido nuevamente a expedientes profundamente autoritarios –como encarcelar opositores o cerrar medios– que estaban en vías de ser superados. En ese contexto, la defensa regional de los derechos humanos no es una tarea fácil, pero ayuda que algunos Gobiernos no hayan cedido a la tentación autoritaria y recuerden las razones por las cuales se crearon estos órganos regionales de protección. La memoria de la barbarie muchas veces es el mejor antídoto para no dejarse engañar por cantos de sirena que conducen, la mayoría de las veces, a dolorosos callejones sin salida, ya sea sociales, económicos o políticos.

¿Cómo califica la libertad de expresión en América Latina?

Tiene enormes avances, pero también grandes desafíos. Hoy no afrontamos Gobiernos militares que de manera sistemática asesinan, desaparecen y torturan a quienes piensan distinto. La mayoría de las Constituciones prohíben la censura y en muchos Estados hay jueces independientes que se toman en serio la defensa de este derecho. Sin embargo, las cifras de violencia contra la prensa, especialmente del crimen organizado y de autoridades coludidas con los criminales, son alarmantes y algunos Gobiernos han reformado todo su marco jurídico para impedir la deliberación democrática. Ya no desaparecen, pero en algunos lugares, encarcelan, cierran medios y organizaciones de la sociedad civil, imponen multas millonarias a medios y periodistas. Todo, avalado por jueces completamente capturados por el Gobierno. Los casos emblemáticos son Venezuela y Ecuador.

¿Qué tanto considera que se respeta la libertad de expresión en la región latinoamericana?

Depende. Hay países en los cuales no hay grandes dificultades, existen garantías y las autoridades no están en la tarea de violar la libertad de expresión. Puede ser que en estos lugares existan disputas, pero son disputas normales dentro de un Estado democrático. Me refiero, por ejemplo, a Uruguay. Otros Gobiernos en Estados en los que tradicionalmente ha habido un respeto importante por la libertad de expresión han decidido ensayar experimentos muy problemáticos, como el caso de Costa Rica, en el que felizmente el Gobierno terminó retirando un proyecto de ley que tenía enormes dificultades.

En países como México u Honduras, pese a algunos avances menores, en realidad los Estados han dejado de cumplir sus obligaciones de protección de las personas amenazadas por ejercer su libertad de expresión y de lucha contra la impunidad de los crímenes cometidos. Y, como ya pude mencionarle, Venezuela, Nicaragua o Ecuador son el ejemplo de modelos que han modificado toda su estructura jurídica y han empleado todos los recursos estatales para sofocar cualquier expresión disidente de izquierda o de derecha. Estos Gobiernos controlan toda la esfera pública, en la que subsisten con un altísimo costo y riesgo, espacios no capturados.

El presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, ha manifestado que para su gobierno es importante que las concesiones de frecuencias de radio no solo se les otorguen a los medios de comunicación del sector privado, sino también a los del ámbito público y a las radios comunitarias. ¿Qué ha dicho la Relatoría de Libertad de Expresión sobre las frecuencias radioeléctricas?

La Comisión Interamericana en su declaración de principios del año 2000 indicó que es muy importante que exista pluralismo y diversidad en el debate público y, en consecuencia, que no pueden existir monopolios u oligopolios en el control de los medios de comunicación. Ha dicho también que la radiodifusión privada es fundamental para enriquecer el debate público y que debe tener garantías para actuar de manera vigorosa e independiente y fortaleza para resistir los ataques de quienes desde el Estado u otros sectores pretendan controlar su línea informativa, y que debe existir una radiodifusión comunitaria que permita que sectores tradicionalmente excluidos de la sociedad se expresen libremente, por ejemplo, en sus propias lenguas. Finalmente, ha sostenido que la radiodifusión pública debe estar orientada a la difusión de contenidos de interés general, que distan mucho de los contenidos propagandísticos de algunos países que confunden lo público con lo gubernamental. Los medios públicos no son ni pueden ser medios de propaganda oficial y para ello deben estar regulados por órganos independientes del gobierno de turno y garantizar información de calidad y de interés general. Sobre todos estos temas hay informes de la Relatoría Especial y de la CIDH.

Según el artículo 3 del Código de Ética para los periodistas y profesionales de la comunicación en El Salvador, los periodistas también son responsables de promover la libertad de expresión y el derecho a la información; sin embargo, esto podría exponerlos. Según la SIP, cuatro periodistas han sido asesinados en lo que va del año. ¿Considera que los países latinoamericanos brindan las condiciones de seguridad necesarias para los periodistas?

De ninguna manera. Por un lado, el crimen organizado está creciendo a enormes velocidades y opera como una gran holding de pequeños carteles que tienen una poderosa agenda comunicativa. Estos carteles se han convertido en la amenaza más potente para la vida y la integridad personal de los periodistas de la región. Pero las cosas empeoran y mucho cuando las autoridades son débiles para enfrentar a los criminales, cuando se dejan capturar por los grupos ilegales o cuando intentan rescatar la seguridad como si se tratara de una guerra entre naciones en la que opera la mentalidad amigo-enemigo. En estas tres hipótesis la prensa no solo se encuentra completamente desprotegida, sino que en muchos casos quienes tienen que protegerla se convierten en su principal amenaza. En este sentido, el derecho internacional ha sido claro al establecer que los Estados tienen obligaciones internacionales destinadas a prevenir la violencia contra la prensa, a proteger a los periodistas en riesgo y a luchar contra la impunidad de los crímenes establecidos. Son obligaciones concretas que solo requieren un poco de voluntad política como lo han mostrado experiencias relativamente importantes como la de la Unidad de Protección en Colombia o las últimas actuaciones de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) en Guatemala contra presuntos asesinos de periodistas.

¿Existe alguna diferencia entre la libertad de expresión y la libertad de prensa? ¿Cuál?

La libertad de prensa es una forma de ejercer la libertad de expresión a través de los medios de comunicación en cualquier formato o plataforma. Es tan importante la libertad de prensa que varias sentencias de la Corte Interamericana dedican una parte importante para defenderla y explicar su relevancia particular en cualquier sociedad democrática y las garantías reforzadas que, como la reserva de la fuente, son esenciales para asegurar su existencia.

En el caso de la prensa escrita, ¿cuál considera que es su relevancia?

La prensa escrita tiene importantes diferencias respecto de otros formatos.

Por una parte, los medios escritos pueden investigar de manera más profunda, con menos urgencia y menos limitaciones que las que existen en otros medios, historias de enorme relevancia pública. Estas historias, en general, al ser publicadas en este tipo de medios, permanecen en la opinión y en la agenda pública y no son arrolladas por la inmensa cantidad de información que circula a diario por otros formatos. En este sentido, en un mundo de enormes velocidades en el proceso comunicativo, la primera plana sigue siendo la primera plana.

Otra característica de la prensa escrita es que nos obliga a recorrer caminos que otros formatos nos evitan pero que son fundamentales si queremos realmente actuar como ciudadanas o ciudadanos informados. Cualquiera que quiera leer una determinada sección de un buen diario tendrá que recorrer, al menos de manera rápida, noticias fundamentales de interés general sobre economía, política, relaciones internacionales, derechos humanos, ciencia o arte. Verá que existen opiniones similares y divergentes a la suya y, por lo menos, por ese instante, entenderá que el mundo es ancho y ajeno y que solo la discusión franca de las ideas distintas nos permite saber si tenemos la razón o si debemos cambiar de opinión. Eso no pasa en otros formatos en los que la información puede ser severamente seleccionada, filtrada y compartimentalizada.

Por eso no estoy de acuerdo con quienes creen que la prensa escrita puede ser reemplazada por mensajes de 140 caracteres. Las redes sociales son revolucionarias, extraordinarias en muchos sentidos y han ampliado y democratizado de manera inconmensurable la esfera pública. Pero, en general, no pueden reemplazar ese baño obligado de ciudadanía que da recorrer un buen diario ni la información rigurosa y sosegada que es fruto de la labor seria de quien ejerce el oficio de periodista en medios profesionales e independientes. Por eso, la tensión entre la prensa escrita y el poder está siempre presente, con independencia de las ideologías. Y por eso es tan importante defenderla.

“Es más difícil violar derechos humanos o ser corrupto si existe una verdadera libertad de expresión y si las personas no sufren represalias por sacar a la luz esos actos y denunciarlos”.
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