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Christine Lagarde, del FMI: “Los ancianos viven demasiado...”

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No todo el mundo sabe quién es Christine Lagarde; y sin embargo se trata de todo un personaje con mucho poder y mucho peso para cambiar el destino de Grecia u otros países que también viven de prestado.

8 de Agosto de 2015 a la(s) 6:0 / Sigfrido Munés

La señora Lagarde nació en París el 1.º de enero de 1956 y ostenta cuatro títulos universitarios, incluida una maestría en ciencias económicas. Como estudiante y profesional hizo sus primeras prácticas en Estados Unidos y Francia, destacándose posteriormente en su carrera, hasta llegar a ocupar la jefatura de tres ministerios en su país como miembro de la Union pour un Mouvement Populaire, el partido conservador que apoyó las candidaturas de los presidentes Chirac y Sarkozy. Christine Lagarde tiene plena capacidad como mujer, política, abogada y economista, para escoger qué pensar y saber qué decir. No se trata, pues, de alguien que peque por ignorancia y que pueda afirmar algo sin medir las consecuencias de sus palabras. Y tiene evidentemente muy claros los alcances del poder que han depositado en sus manos.

Desde 2011, y después del escándalo neoyorquino de su predecesor en el cargo, Dominique Strauss-Kahn, Christine Lagarde es la directora gerente del FMI (Fondo Monetario Internacional), gigantesca entidad financiera cuyos propósitos iniciales han cambiado, acentuando su intervencionismo principalmente en políticas internas de naciones y territorios pobres. Se dice, por ejemplo, que las estrategias antinatales y los movimientos proaborto han sido apadrinados por el FMI.

De ser cierto lo anterior estaríamos ante una “poda” demográfica en las dos puntas: matando a los bebés no nacidos, por un lado, y eliminando a los ancianos por el otro. La señora Lagarde ha dicho categóricamente: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, ¡y ya!”

Conminatoria esta señora, pero no específica, aunque sí aboga por una reducción de las pensiones y un aumento en el número de años de servicio para obtener una.

Al escuchar estas frases, surge una serie de comentarios para la señora Lagarde, quien está por cumplir los 60 años y va entrando a la tercera edad, o sea que no es precisamente una persona joven para salvarse de la “poda” que ella misma receta.

Señora: sus palabras suenan a que hay que eliminar, donde existan, las prestaciones sociales, la adecuada alimentación, un lecho confortable y los apropiados cuidados médicos a quienes contribuyeron a construir el mundo en que usted vive y donde ha prosperado. Desgraciadamente, suena también en algunos oídos como que hay que eliminar a los ancianos físicamente.

¿Cuál es la edad apropiada, según su punto de vista, para que los ancianos abandonen este mundo y dejen de ser “un riesgo para la economía global”? ¿Cómo les diría usted a sus padres cuál es la hora para que se marchen de este planeta? ¿Va usted a insinuárselo a gobernantes tan longevos como Fidel Castro y a otros colegas suyos?

Espero que sus asesores en el FMI no se hayan inspirado en aquella película protagonizada por Charlton Heston (1973) en la que mataban a los ancianos para utilizar sus restos como materia prima del Soylent, comida para personas sobrevivientes.

Yo no soy quien para reprenderla, doña Chistine, pero de acuerdo con mi edad (soy mayor que usted) y mi fe, le puedo recordar dos de los mandamientos del Decálogo entregado por Dios a Moisés: el cuarto, que establece honrar a padre y madre, y el quinto que dice ¡no matarás!

Que esté usted bien.

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