El Salvador - Febrero 22, 2017

LPG Radio

Clasificados

Los inmigrantes del fútbol

Deportes
  • Deportes
  • / Fútbol Nacional LMF

Algunos ya se fueron del país, jurando no volver jamás. Otros, malviven de trabajos informales mientras consiguen ubicarse en algún equipo o que quienes les engañaron les devuelvan el dinero./ FOTO LA PRENSA GRÁFICA, ARCHIVO. 

En los últimos seis meses, más de una docena de futbolistas colombianos invirtió para ser reclutada en el fútbol profesional salvadoreño; la mayoría de ellos terminaron maltratados por personas que se dicen agentes de futbolistas.

17 de Abril de 2016 a la(s) 21:19 / LA PRENSA GRÁFICA

Archivado en colombianos El Salvador Futbol promesas Segunda División

Cambió el fútbol de segunda división de Colombia por una aventura en el balompié salvadoreño que le costó 1 mil 800 dólares de su ajustado presupuesto y lo llevó a trabajar en la agricultura y hasta de mesero en una cervecería.

Juan David Martínez Orejuela, oriundo de Ibagué, Tolima, volante, 20 años de edad, ya suma 13 meses en El Salvador. Vino engañado por un entrenador de su país, que le aseguró que por 800 dólares y el costo del boleto aéreo, el fútbol cuscatleco lo recibiría con los brazos abiertos.  

"El profesor (Javier) Ayola me ofreció venirme acá, que me contratarían en el Vendaval (de Apopa, 2a. división). Que venía directo a jugar, ya contratado. Pero eran puras mentiras". conutó.

Ayola es entrenador en la bogotana escuela de fútbol Engativá F. C. y desde marzo del año pasado, se dedica a reclutar jugadores para enviarlos al fútbol salvadoreño. En su página en Facebook, puede leerse este post del 4 de marzo de 2015: "Se necesita un central y un delantero del año 1992-1993-1994-1995 con experiencia para jugar en Centroamérica San Salvador (sic) con un 90% de probabilidad de jugar con un equipo profesional o en la B profesional. Valor de la estadía 1 mil dólares".

Martínez firmó letras de pago y prestó $1 mil 800 dólares para venir, lo equivalente al boleto de avión más otros $800 que le entregó en Comalapa, al nomás salir del aeropuerto, al entrenador argentino radicado en El Salvador Carlos "el Ché" Sánchez.

“Me ofrecieron venir a jugar a El Salvador, que ganaría más dinero, llegaría a firmar, me ilusioné porque ganaría en dólares", explica el deportista.

Ahí empezó un calvario: Sánchez lo alojó en un apartamento cerca del estadio Cuscatlán; al mes, lo expulsaron del lugar por falta de pago; el Vendaval no lo contrató, vivió unos días en casa del argentino, y luego consiguió un chance como utilero del San Pablo de Tacachico, adonde se encargaba de lavar los uniformes e implementos deportivos, sumando ingresos extra como mesero en una cantina y como jornalero.

Actualmente vive en casa del delantero del Chalatenango, su paisano Bladimir Díaz. No tiene trabajo. 

“Me dejaron abandonado, Sánchez se fue para Estados Unidos. No me he ido porque no quiero regresar a Colombia con las manos vacías. He hecho todo tipo de trabajo, a nada le arrugo la cara", dice Juan, ilegal en El Salvador desde el 1o. de julio de 2015.

Sánchez, un argentino con más de cuatro décadas en el país, se defendió asegurando que Martínez y otros jugadores colombianos a los que a él ha dado "albergue" son "jugadores indeseables". "Yo les alquilé una cada muy linda, donde hasta piscina había, pero lo que hacían ahí era acostarse a las 2:00 o 3:00 de la mañana totalmente ebrios, tomados. Y futbolísticamente hablando no jugaban a nada, hay salvadoreños que juegan diez veces mejor que ellos.Estos jugadores al verse marginados por diferentes equipos del fútbol nacional buscan un pretexto para tener notoriedad en el país", aseguró.

Junto a Juan hubo más de una docena de colombianos que han corrido la misma suerte en el fútbol nacional. Algunos incluso vivieron con él bajo el mismo techo, engañados por salvadoreños y por otros colombianos.

UN MÉTODO, UN DESPOJO

Según la Dirección General de Migración y Extranjería, entre enero de 2012 y febrero de 2016, 37 extranjeros solicitaron permiso para trabajar como futbolistas en El Salvador. El 43% de ese total fueron colombianos, pero sólo uno con residencia definitiva; el resto recibió permisos temporales para trabajar o para acompañar a familiares que residen en el territorio.

Ninguno de los colombianos de esta oleada de importación figura en esos registros. La invisibilidad de los inmigrantes es la materia de trabajo de quienes los traen al país: su vulnerable estatus migratorio los vuelve fácil de manejar e intimidar. Y el método es tan bueno que no tiene patente, a la orden de tantos "representantes" como se pueda.

Los modus operandi son parecidos: hay una persona en Colombia, que contacta a los futbolistas y les garantiza un futuro profesional en el balompié salvadoreño a cambio de una inversión preliminar que incluye boleto aéreo, y del pago de una comisión que oscila entre los $500 y los $800 dólares. La mayoría de los jugadores consultados por Grupo Dutriz proceden de Cali.

Al venir al país, se les prueba de modo exprés en equipos generalmente de segunda división, y si no son contratados, se les comienzan a cobrar gastos de estadía, hasta que lo que cancelaron como pago por representación se agota. Y luego, a la calle.

Algunos ya se fueron del país, jurando no volver jamás. Otros, malviven de trabajos informales mientras consiguen ubicarse en algún equipo o que quienes les engañaron les devuelvan el dinero. La minoría vivió el "profesionalismo" del balompié cuscatleco. Las historias de éxito son una excepción.

Sólo con Juan, en la misma tanda, vinieron otros tres colombianos: Andrés Vallecilla, Bernis Jabier Ayola Bello y Jorge Bermúdez. De ellos, sólo  Andrés consiguió un trabajo en el fútbol salvadoreño, con el Ciclón del Golfo de la segunda división profesional.

Ellos cuatro convivieron en un apartamento en La Cima con otros 10 paisanos, en abril del año pasado, todos "representados" por Sánchez.

Pero Sánchez no es el único que trae jugadores colombianos a El Salvador bajo esa modalidad. Entre sus competidores más activos figuran el colombiano Carlos Achury y el salvadoreño Rember Reyes del Cid.

El modus operandi de Achury es parecido, como lo explica uno de sus representados, el defensa de 25 años Joan Alexis Torres.

“Achury me dijo que venía con salario fijo, alimentación, estadía, con un contrato de 1 mil 500 dólares de salario con el Juventud Independiente...  Que sólo vendría a jugar, sin hacer pruebas, y que el equipo ya sabía de mi llegada. Pagué casi dos millones de pesos (mil dólares) por el derecho de venir a El Salvador y otro tanto por el pasaje aéreo. Mi madre (Joana Cachimbo) hizo un préstamo para que yo viajara”, recordó.

Pero una vez en El Salvador, Achury le cobraba la estadía y le dijo que él debía pagar su comida. “Lo cuestioné porque ya había pagado, hubo una discusión fuerte y me salí de esa casa.” Al salirse de la "tutela" de su paisano, Torres quedó en la calle, y sólo una serie de providencias le valieron para sobrevivir.

Hasta Carlos "el Ché" Sánchez reconoce que su "colega" no tiene buena fama en el rubro. "De Carlos Achury, te soy sincero, yo no tengo una buena referencia. A mí nunca me hizo nada, pero se comentan muy malas cosas de Carlos Achury. Dicen que se tumba, que se quiebra a los jugadores", expuso.

Pero Torres encontró espacio en el Real Destroyer y firmó contrato para jugar el Apertura 2015 en el circuito mayor. Sin embargo, la dirigencia portuaria le vendió la categoría al Sonsonate y nadie le reconoció el contrato. Jorge Calles, quien habría sido su entrenador en el Destroyer, le consiguió un cuarto en la Villa Centroamericana.

“Jorge me llevaba pupusas y con eso pasaba la noche. A veces me dormía sin comer. Fue duro. Hablé con mi mamá y le conté. Me dijo que me regresara a Colombia, que el préstamo se pagaría de una u otra forma."

Pero Calles fue nombrado técnico del Quequeisque de la segunda división, y se lo llevó como pupilo a su casa y como refuerzo del equipo. Ahora, vive en una populosa colonia capitalina y alterna su vida deportiva con la venta de tortillas para ayudarse.

LÁGRIMAS EN PATIO AJENO

A la juventud e inexperiencia de los colombianos con los que Grupo Dutriz ha hablado (23 años en promedio), hay que sumar la precariedad de las condiciones en las que vienen.

Algunos logran irse del país sólo mediante la intervención y auxilio de personas que se conmueven de su situación; en el caso de uno de ellos, quien se conmovió nomás enterarse fue Rafael Quintero, cónsul colombiano en El Salvador.

Sólo la intervención del funcionario posibilitó que Juan Camilo Ortiz Perea, delantero, 21 años, se fuera del país. A Perea también lo recibió Carlos Achury, quien nomás recogerlo en el aeropuerto, el 28 de enero de este año, le solicitó 500 dólares para poderlo colocar. Es un dinero que Ortiz recobraría rápido porque, según se le dijo, el equipo en el que recalaría le pagarían 500 dólares de salario, además de comida y alojamiento.

Pero por "colocar", Achury se refería a llevarlo al entreno del San Pablo, de la segunda división. Ahí lo recibieron el 2 de febrero. Al final, el presidente del equipo, Jaime Andrade, y el representante ante la liga, Noel Benítez, le ofrecieron 200 dólares que no aceptó.

Después de eso, con el libro de pases ya cerrado en El Salvador, Ortiz quedó en la calle.

Su situación era compleja, sin recursos y con un boleto de vuelta fechado 29 de febrero que no podía cambiar no sólo porque no tenía para cancelar la penalidad de la aerolínea sino porque no lo había comprado él sino que se lo había regalado el futbolista Jonathan Copete, un conocido delantero de la primera división cafetera.

"No tengo dinero para comer ni plata para regresar", le confesó el jugador al cónsul de su país, Rafael Quintero, en una plática de la que Grupo Dutriz fue testigo. Al día siguiente, luego de la actuación diplomática, volaba de vuelta a su país.

Lo que único que queda de la mayoría de ellos en El Salvador son sus denuncias y un prontuario de penas. Pena como la de Idwur Lendis Hernández Arango, que lesionado mientras jugaba para el Quequeisque quedó varado, sin salario, e incluso debió dormir en el estadio Las Delicias; como las de Julio César Quiñones, David Gómez, Kevin Fajardo,  Víctor Vasco, Julián Ballesteros, Pedro Solano, Felipe Araujo, Gustavo  Adolfo Camilo, Michael Estewar Redin Sánchez....

Antes de irse de El Salvador, el 8 de febrero, con la misma maleta y sin los dólares que junto para que lo "colocaran", Quiñones se arrepentía de haber venido. “Es difícil, lloré mucho al ver cómo las personas se aprovechan de uno tan fácil."
Quizá te pueda interesar
Videos Patrocinados

Estimados lectores

LA PRENSA GRÁFICA mantiene la disposición de dejar sus canales de comunicación abiertos para la libre expresión de nuestras audiencias sobre cualquier tema publicado en nuestras plataformas digitales. Sin embargo, hemos leído comentarios ofensivos así como discusiones bastante negativas que contradicen el sentido de la libre expresión.

Les invitamos a hacer buen uso de este espacio generando discusiones sanas y con respeto, ya que al detectar ofensas o calumnias nos vemos en la obligación de borrar los mensajes.