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"Vendo en el búnker de la MS en San Salvador"

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Desorden. En la Sexta Calle Oriente, cerca del mercado Sagrado Corazón, ya no pasan vehículos por las ventas. Ese desorden también dificulta investigaciones de la PNC.

14 de Diciembre de 2016 a la(s) 6:0 / por Ezequiel Barrera

Aquí los pandilleros deciden todo. Son la máxima autoridad. Extorsionan, asesinan y se pasean armados por los pasillos de este mercado con toda la impunidad del mundo. Lo sé porque aquí vendo todos los días, desde hace 13 años. El mercado Sagrado Corazón, por decirlo de alguna manera, es el cuartel general de la Mara Salvatrucha (MS-13) en el Centro Histórico de San Salvador.

Lo único que es necesario saber sobre mí es que soy comerciante en el Sagrado Corazón. Nada más. Decir mi nombre y qué vendo es demasiada información que podría servir a los pandilleros para que me identifiquen y asesinen, como ya lo han hecho con otros comerciantes que se atrevieron a revelar lo que sucede en las entrañas de este mercado. Desde 2003, cuando adquirí un puesto en el mercado, me fue muy bien en las ventas, tan bien que me convertí en una fuente de empleo. Pero la cosa cambió este año. Tuve que decirle a dos de mis empleados que ya no podía pagarles porque los pandilleros me quebraron económicamente al exigir la extorsión cada semana. Este año he ganado solamente el 20 % de todo lo que vendía en años anteriores. Y no tengo dudas de que mi experiencia es igual a la de los otros 1,100 comerciantes de este recinto. He hablado con algunos y me han contado que les ha pasado igual: han perdido más de la mitad de las ganancias de años anteriores. Algunos, incluso, han decidido cerrar sus negocios porque ya no pueden con la situación.

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LA PRENSA GRÁFICA intentó hablar con la administración de Mercados de la Alcaldía de San Salvador para preguntar sobre la inseguridad que los comerciantes denuncian y para saber si hay planes para prevenir extorsiones, asesinatos o que los vendedores cierren sus negocios; pero no fue posible porque en las oficinas dijeron que no había nadie autorizado para hablar del tema.




Sostengo que el Sagrado es el cuartel o búnker de la MS porque los pandilleros deciden todo aquí. Hasta los vigilantes, que paga la administración municipal del mercado con nuestros impuestos, tienen que pedir permiso a los pandilleros para hacer algo. Un día, una vendedora fue golpeada por su esposo y los vigilantes pidieron permiso a los pandilleros para llamar a la policía. Los vigilantes prácticamente son un adorno aquí. No les queda otra alternativa que cooperar con ellos; si no, seguramente los matarían. Tanta es la cooperación que, por ejemplo, el mercado permanece cerrado por la noche y en teoría nadie puede ingresar. Pero resulta que si los pandilleros quieren entrar, los vigilantes tienen que abrirles. Así fue como a un vendedor le saquearon su puesto de ropa deportiva, porque se opuso a pagar la extorsión. A la mañana siguiente, cuando el comerciante encontró vacío su puesto, comenzó desde cero y contrató a un vigilante privado. Unos días después, los pandilleros esperaron que el comerciante se sentara a almorzar para dispararle y asesinarlo. Su vigilante intentó repeler el ataque, pero fue herido en el intento. El puesto fue cerrado definitivamente.

Hace ya varios meses, los pandilleros amenazaron a vendedores para que desalojaran algunos puestos, sobre todo los de esquinas, para tomarlos y poner a gente de su confianza, que les avisan si entra algún policía o alguien que ellos consideren sospechoso. En esos lugares guardan armas blancas y de fuego. También he visto que en esos puestos pasan tirando cuchillos, machetes, navajas y hasta armas de fuego, después de matar a un comerciante por no pagar la extorsión.

 

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Un policía asignado al Centro Histórico aseguró que los homicidios han disminuido 50 % en los últimos meses en el mercado Sagrado Corazón y en los alrededores, con el plan de la Fuerza de Tarea del Centro, que se implementó desde agosto. Hasta esa fecha ya iban más de 15 comerciantes asesinados en el año en todo el centro. Aunque aceptó que las extorsiones siguen siendo un problema que afecta a los comerciantes de todos los mercados y las calles comerciales del Centro Histórico de San Salvador, dijo que el principal problema de la policía para investigar las extorsiones es que el centro está desordenado y que los pandilleros de la MS, e incluso de la 18 Revolucionarios, se esconden fácilmente en los recovecos de la capital y tienen colaboradores en cada esquina. “Los vendedores no denuncian por temor. A veces nos pasan papelitos diciendo que son extorsionados y así es como denuncian cuando pasamos”, dijo. El agente agregó que, desde la implementación del plan, el alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, dijo que iba a ayudar a policías y soldados con alimentación, pero al menos hasta ayer no habían recibido nada.




Cualquiera pensaría que los pandilleros siguen siendo unos bichos que se tatúan la cara y que andan vestidos como raperos y gabanes. Pero al menos en el Sagrado no es así. El pandillero que actualmente pasa cobrando la renta todos los sábados en la mañana anda bien vestido. Uno se sorprende porque el muchacho pasa desapercibido con sus camisas formales y por dentro, pantalones y zapatos de vestir. Hasta utiliza lentes que lo hacen parecer intelectual. Siempre anda una mochila y una libreta en la mano. El registro contable que lleva de cada puesto es intachable, según lo que he visto. Sabe cuánto debe pagar cada vendedor, porque hay cuotas diferentes según el rubro de lo que uno vende y según lo grande del puesto. A los vendedores de frutas les cobra menos que a los dueños de puestos de ropa y zapatos, por ejemplo.

Sabe quién le debe de la semana pasada y cuánto es el monto acumulado que le debe pagar. Los vendedores jamás nos atrasamos en el pago de la extorsión. Hacerlo nos costaría la vida. Él es el que a veces no pasa una semana porque los policías despliegan un operativo o andan patrullando en la zona. Entonces pasa hasta la siguiente semana.

Antes de llegarnos a cobrar, el pandillero que se viste formal pasó con una cinta métrica midiendo los puestos y asignando cuotas. A mí me dijo que tenía que pagar $60 semanales, pero yo tuve que negociar para que me cobrara $30. Es a lo menos que pude llegar en la negociación, porque me ofreció dos únicas opciones: abandonar mi puesto, bajo el argumento de que muchas personas quisieran tenerlo, o esperar a que un día llegara él a pegarme dos plomazos en la cabeza. Tuve que aceptar pagar los $30.

A ese pandillero que cobra lo vino a presentar de puesto en puesto un cabecilla de la MS, al que le dicen “Zancudo”. Ese cabecilla, según dicen otros vendedores, recibe órdenes desde un penal. Al principio, hace tres o cuatro años, cuando llegó ese “Zancudo” al Sagrado, era un muchacho tostado por el sol y andaba con ropas viejas. Ahora está cambiado. Cuando lo vemos caminar por los pasillos, parece que el sol casi no lo ha quemado últimamente y usa ropa y zapatos de marca.

Además de ese cabecilla, hay otro, al que le dicen “Snider”. Estos dos son los que organizan la logística para cobrar la extorsión los sábados y son los que están detrás de los asesinatos de los comerciantes que no pueden pagar. Creo que no son los que van a disparar, o gatilleros, como les dicen. Creo que son los autores intelectuales de todo lo que sucede aquí.

 

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A esos pandillleros, según el agente de la Fuerza de Tarea, la policía ya los tiene perfilados y los busca para llevarlos ante los tribunales por extorsión, agrupaciones ilícitas y otros delitos.


Los clientes también son asaltados con frecuencia en este mercado. Por eso es que este año hay menos gente comprando. El asalto, por cierto, es lo menos grave aquí.

Una vez, uno de mis clientes llegó contento porque recién se había acompañado y quería comprarme de lo que vendo para surtir el puesto de su mujer, en la colonia donde vivían. Me dijo que querían subsistir de la venta en la colonia y que iba a renunciar a su trabajo.

En eso estábamos, platicando y empacando la mercadería, cuando tres pandilleros llegaron y le hablaron fuerte, como para intimidarlo. Lo rodearon y le dijeron que se levantara la camisa y el pantalón, para ver si tenía tatuajes. No los tenía.

Le exigieron el DUI. Lo sacó, muy nervioso, de su billetera y lo entregó.

A todo esto yo estaba dentro del puesto orando en mi mente para que no le hicieran nada a mi cliente.

Los pandilleros lo agarraron fuerte del brazo y le ordenaron que caminara. Se lo llevaron del puesto y yo me quedé pidiendo al cielo que no le hicieran nada.

A ese cliente nunca lo volví a ver. No sé qué pasó con él. Sus planes, por esa experiencia, quedaron frustrados. Esa no es la única vez que ha sucedido algo igual. Podría contar muchas historias similares que pasan todos los días en el Sagrado.

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El comisionado de la policía Escobar Baños aseguró ayer a LA PRENSA GRÁFICA que, por la temporada navideña y de fin de año, desplegarán 1,000 policías en todos los puntos del Centro Histórico para brindar seguridad a vendedores y compradores. “Esto va a ir progresivamente, porque no solo vamos a reforzar con más elementos, sino que investigadores también se agregarán, en coordinación con la fiscalía. La decisión de la policía es bajar los índices de violencia en el Centro Histórico de forma permanente y no solo en esta temporada, porque en la medida en que bajemos la criminalidad, también influirá en la percepción de la gente”, dijo.




Todo esto me tiene angustiado, con temor y estresado. Todo el tiempo ando aquí viendo para todos lados y asustado. Yo quisiera que la policía instalara algún puesto o alguna base permanente en el mercado y que haga un trabajo de inteligencia para capturar a todos estos pandilleros y que los dejen detenidos. Yo doy fe de que a veces capturan a los pandilleros y a los días los volvemos a ver en el mercado. Cada vez que veo un policía interrogando a un pandillero les quisiera gritar que no crean esa mentira de que son estudiantes y que vienen de la escuela con su mochila.Lo que he pensado, y ya estoy avanzando en eso, es en migrar. Ya fui a visitar países de Centroamérica para ver de qué forma puedo iniciar un negocio allá y moverme con mi familia. Si la alcaldía de San Salvador y si las autoridades nos mantienen en el abandono, como hasta hoy, lo único que me queda es irme del país.
 
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