El Salvador - Abril 26, 2017

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“Hoy sí va a correr la sangre”

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Protesta. Familiares de pandilleros protestaron ayer contra las medidas extraordinarias y pidieron a los diputados que no las prorroguen.

Policías y familiares de pandilleros tuvieron un encuentro inusual ayer. No fue de noche, ni en operativos ni en estrechos pasajes de colonias populosas. Se vieron a plena luz del día frente a la Asamblea Legislativa.

4 de Febrero de 2017 a la(s) 6:0 / Gabriel García

Familiares de reos protestan contra medidas extraordinarias

Parecían tensos. En las esquinas, los jóvenes no paraban de hablar por sus teléfonos celulares y las mujeres volteaban la vista de un lado a otro mientras se pegaban los niños a sus cuerpos. El cambio de escenario también trajo ciertos nuevos matices en los comportamientos de ambos grupos. Los familiares de los pandilleros detenidos no insultaron a los agentes, lo cual suele ser un patrón en escenas de homicidios. Esta vez optaron por unirse al grito de la Iglesia luterana para conseguir una cita con algún diputado y explicarle lo que, a juicio de estas familias, ha sido un macabro desenlace de las medidas extraordinarias de seguridad en las comunidades y las cárceles. Llegaron a pedir el cese de estas medidas, ahora que el Gobierno está cabildeando en la Asamblea Legislativa para que los diputados extiendan por un año más el decreto que permite imponer más restricciones en seis cárceles de todo el país.Las madres, esposas e hijas de algunos pandilleros recluidos no se guardaron ningún señalamiento. Sabían que era su oportunidad para gritar ante la gente lo que desde hace varios meses han callado en las comunidades. “Eso que los policías distinguen entre civiles y pandilleros es mentira, llegan a diestra y siniestra aventando a todo mundo, y si no se quita disparan, no les interesa si hay niños, ancianos o lo que esté en las calles... Si entra a un centro penal le bajan su ropa interior”, relató una mujer que tiene más de ocho meses de no ver a su esposo que se encuentra recluido en la cárcel de Ciudad Barrios, luego de que fue encontrado culpable de cometer un homicidio.

Los policías, por su parte, no podían esconder su disgusto. Algunos, entre sonrisas, fotografiaron a la concurrencia. Otros pasaron en medio del grupo de familiares a muy baja velocidad en sus patrullas con las armas desenfundadas. Los manifestantes pidieron respeto y no ser juzgados por ser familiares de miembros de grupos declarados terroristas por la Sala de lo Constitucional. “Nos hacen como si nosotros somos delincuentes. Los delincuentes son ellos, cometieron un delito y lo están pagando. El hecho de que seamos familia no significa que seamos delincuentes igual que ellos”, dijo otra de las mujeres.

El obispo de la Iglesia luterana, Medardo Gómez, encabezó la marcha en un intento de conciliación. No se cansaba de repetir a los medios que no les pedían que estuvieran a favor de las pandillas, sino que no replicaran el odio y la violencia. “El año pasado murió un joven en el penal de Quezaltepeque, murió de tuberculosis”, dijo el religioso, mientras los medios se le abalanzaron con cuestionamientos en contra del diálogo con pandillas.

En medio de la concentración un grupo de alrededor ocho policías decidió someter a 12 jóvenes contra las rejas de una institución de Gobierno.

“¿Quiénes andan DUI?”, preguntó un agente que portaba un gorro navarone. Cerca de seis de ellos levantaron la mano. “Bueno del lomo les vamos a sacar los DUI a los otros entonces”, dijo otro policía mientras se paseaba con la mano en el gatillo de su fusil. El tono de los agentes cambió cuando las cámaras de televisión abordaron al jefe del operativo, quien esperó que uno por uno los jóvenes detenidos fueran esposados y llevados en dos patrullas. Mientras algunos de sus familiares hicieron un ingente esfuerzo por evitar que los agentes de seguridad notaran sus lágrimas y abrazaron a algunos menores de edad.

El inspector, José Cisneros, jefe del sistema de emergencias del 911 de la Policía explicó a los medios que decidió remitir a los familiares y a los jóvenes como parte de un acto “preventivo”, porque a su juicio era una irresponsabilidad que mujeres llevaran a menores de edad a estas marchas y también que jóvenes no fueran a estos eventos debidamente identificados.

LA PRENSA GRÁFICA intentó acceder a la oficina policial adonde fueron trasladados los jóvenes, sus familiares y un bus que los transportó a la marcha. El acceso fue negado, no obstante un agente que custodiaba el lugar comentó: “Mire, hoy sí va a correr la sangre esta semana, con eso de que les mataron a uno de la FIRT, eso si es alborotar el hormiguero... A ver cómo termina todo esto, la verdad”, en referencia al policía asesinado ayer.

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