El Salvador - Julio 25, 2017

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El país tiene que estar preparado para encarar los diversos desafíos que trae consigo la dinámica de un mundo cada vez más imprevisible

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Esta es hora de actuar tanto interna como externamente con absoluta sensatez y visión, porque cualquier despiste al respecto podría acarrearnos consecuencias del más alto riesgo, tanto para nuestra estabilidad como para nuestro desarrollo. En ningún sentido podemos exponernos a un paso en falso.

15 de Marzo de 2017 a la(s) 6:0

Las condiciones imperantes en el escenario internacional ya no pueden ser factores ajenos a nuestra realidad como país, ya que en la coyuntura que ahora se vive nadie puede estar al margen de los acontecimientos más relevantes de la actualidad, sobre todo cuando se trata de fenómenos que incluyen cuestiones tan vitales para nosotros como son la emigración-inmigración y los movimientos derivados del accionar del crimen organizado que funciona más que nunca como una fuerza transnacional que no se detiene ante nada. Tengamos presente que en este mundo cada vez más globalizado tanto los elementos positivos como los componentes negativos coexisten en el día a día, y eso hace que se vuelvan imperiosas las estrategias particulares y generales para poder ir controlando la situación dentro de lo que compete a cada quien.

El Salvador, desde que se tiene memoria, es un país de emigración, y este fenómeno, que responde a causas internas bien identificables, siempre trae consigo situaciones de alto riesgo. Hace muchos años, nuestro principal destino migratorio era Honduras, y las tensiones que eso produjo derivaron en un breve conflicto bélico cuando los derechos humanos de nuestros compatriotas en aquel país fueron conculcados flagrantemente; luego, durante la guerra y a lo largo de esta posguerra, el destino de nuestros flujos migratorios cambió radicalmente: miles y miles de salvadoreños se han ido a Estados Unidos y también a otros países avanzados en busca del desarrollo que en nuestra sociedad se ve aún muy lejano. Pero en estos días, el riesgo cierto que encarna la anunciada política antiinmigrante de la nueva Administración presidencial estadounidense ha puesto las cosas en ascuas para países como el nuestro.

Por otra parte, el flagelo del crimen organizado nos mantiene contra las cuerdas en muchos sentidos. Estamos en la ruta del narcotráfico hacia el Norte, y eso nos tiene en la mira internacional, aunque hay que poner muy en claro, sin evasivas de ningún tipo, que en este tema tan espinoso y complejo no podrá haber soluciones de control realmente funcional si no se da la necesaria conjunción de esfuerzos entre todos los actores nacionales concernidos, que incluyen a los productores del Sur, a los que sirven de tránsito en el Centro y a los que representan al principal lugar de destino en el Norte.

Nuestro país, por fuerza de las circunstancias imperantes en lo interno y en lo externo, debe mantenerse permanentemente vigilante de su propia situación, para no sufrir más adversidades que las que ya padece. No hace mucho, para el caso, se expresó internacionalmente que el nuestro era un país donde se facilitaba el lavado de dinero, y tal señalamiento puede tener consecuencias muy graves si no se activan mecanismos para perseguir tales actividades delictivas tan en boga en el mundo actual.

Ahora más que nunca hay que cuidar la normalidad en nuestras relaciones internacionales, muy en particular con aquellos países con los que tenemos vínculos e intereses de la máxima importancia, como es en primer lugar Estados Unidos. Esta es hora de actuar tanto interna como externamente con absoluta sensatez y visión, porque cualquier despiste al respecto podría acarrearnos consecuencias del más alto riesgo, tanto para nuestra estabilidad como para nuestro desarrollo. En ningún sentido podemos exponernos a un paso en falso.

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