El Salvador - Julio 24, 2017

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El país necesita avanzar hacia la normalidad fiscal sobre la base de la sinceridad y de la responsabilidad

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Ante una situación semejante, que a todas luces se ha salido de control y amenaza con males mayores en el inmediato futuro, lo pertinente es ordenar la casa en sus distintos puntos, desde el ingreso hasta el gasto, pasando por todas las disciplinas que sean necesarias para que el Estado cumpla con sus funciones y con sus deberes de manera estable y sostenible.

16 de Marzo de 2017 a la(s) 6:0

Es evidente que en nuestro ambiente el manejo de las finanzas públicas viene estando marcado desde hace ya largo tiempo por distorsiones recurrentes, que no sólo mantienen en vilo a las instituciones estatales sino que inciden de manera depredadora sobre la situación nacional en su conjunto, con las consecuencias nefastas que todo eso acarrea para la suerte de la población, que es en definitiva la víctima principal de las ineficiencias y de los deterioros. Tal situación, que se ha venido complicando acumulativamente por la ausencia sistemática de correctivos ordenadores en todo este campo, hace que se viva en una atmósfera de crisis, con el agravante de que no ha habido hasta la fecha ningún esfuerzo exitoso para superar el atascamiento presente.

Aunque en el pasado se vivieron momentos de penuria fiscal nunca se había llegado al punto en que estructuras institucionales enteras se quedaran prácticamente en sequía económica, como es hoy el caso del FODES y del IPSFA. Asimismo se está en riesgo de no poder financiar adecuadamente los próximos comicios legislativos y municipales de marzo de 2018. Y a diario se tienen evidencias de escaseces ya rutinarias en escuelas y en hospitales públicos. Ante una situación semejante, que a todas luces se ha salido de control y amenaza con males mayores en el inmediato futuro, lo pertinente es ordenar la casa en sus distintos puntos, desde el ingreso hasta el gasto, pasando por todas las disciplinas que sean necesarias para que el Estado cumpla con sus funciones y con sus deberes de manera estable y sostenible.

Los temas impositivos y de endeudamiento tienen que ser tratados con la máxima seriedad y dentro de los marcos de la ley y del buen tino. Desde 2009, cuando llegó al Ejecutivo la primera Administración de la izquierda, se han puesto en marcha más de veinte impuestos de la más variada índole, lo cual ha significado un incremento muy significativo en el monto de lo que se dispone; sin embargo, cada vez alcanza menos lo que llega a las arcas del Estado, lo cual hace ver que a todas luces falta hasta la disciplina más elemental para administrar aquello con que se cuenta. Y en lo tocante al endeudamiento, éste ha seguido creciendo aceleradamente, pese a que la mayoría calificada que se requiere para aprobarlo ha sido un freno constante.

Ahora estamos en un impase muy peligroso en toda esta problemática, porque no hay iniciativas reales y prometedoras en camino en ninguna de las dos direcciones básicas: el redimensionamiento inteligente y responsable de las políticas económicas y financieras del Estado y la construcción de un acuerdo nacional de amplia base política para lograr la normalidad permanente en este campo.

La solución no puede ser cargar más impuestos a una población que ya está agobiada por los que existen, ni puede ser tampoco andar buscando salidas laterales y meramente coyunturales a lo que tiene condición de fondo. Los políticos y los técnicos de todas las procedencias tendrían, de inicio, que sumar esfuerzas y fuerzas en pro de un entendimiento integral sobre todas estas cuestiones, que son básicas y se hallan íntimamente conectadas.

Mencionamos al comienzo dos palabras que son siempre insustituibles para avanzar hacia las soluciones efectivas: sinceridad y responsabilidad. Y en el caso de las finanzas públicas secuestradas por la ineficiencia y el desorden, que esos términos funcionen es vital al máximo.
 
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