El Salvador - Julio 26, 2017

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Acelerar para frenar el miedo

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Cuando aceleró el carro la mañana de un mes cualquiera en el año 2007, su vida tomó un impulso que ya nadie podría detener.

27 de Mayo de 2017 a la(s) 0:0 / Julio Rodríguez

La carrera más importante a sus 38 años había iniciado sorteando curvas, pistas rápidas y caminos escabrosos. La ingeniera Elizabeth Martínez decidió frenar sus miedos, acelerar sus triunfos y alcanzar sus metas.

“A carcajadas se reían cuando me subía al carro, para participar en las competencias de cuarto de milla”, me dijo con cierto grado de indignación y una sonrisa nerviosa que frenaba una lágrima que no se atrevía a salir de sus ojos vivaces, ahora que ya había entrado en la historia del automovilismo salvadoreño como la primera mujer piloto en participar en el deporte automotor, por mucho tiempo casi exclusivo de hombres en El Salvador.

Era de tarde y en el autódromo El Jabalí, ubicado en las afueras de la capital salvadoreña, la noche estaba por derrotar los últimos destellos del día. Entonces encendió su vehículo modificado para correr en la ciudad y en las pistas de carrera, y comenzamos un veloz recorrido por su vida.

Banderillazo de salida. Casada, tres hijos, ingeniera civil de profesión. Mucho tiempo se dedicó al hogar, pero sus sueños y metas no arrancaban por las razones más diversas (culturales, tradicionales, familiares y sociales). Por casualidad, un día le sustituyó a su esposo –él es el apasionado de los autos– en una reunión, días después probó su valor para correr un cuarto de milla, alcanzando los 180 kilómetros por hora en segundos.

Curva peligrosa. Trabajar y correr autos son dos peligrosas curvas donde más de alguna vez chocaron los intereses, y hubo que bajar la velocidad, replantear las estrategias para continuar con la familia y que todos fueran ganadores. Lo logró, aunque eso implicó esfuerzos mayores y no detenerse, aunque el combustible pareció terminarse en algunos tramos de la carrera.

Recta prolongada. En El Salvador vivir del deporte no es fácil, por no decir imposible. La piloto Elizabeth Martínez ha tenido que buscar otras pistas para correr: proyectos de ingeniería civil y asesorías para mantener el buen estado del vehículo y de hogar. Con su esposo de copiloto logran triunfos en equipo, porque ambos conducen y conocen las rutas y los obstáculos para evitar accidentes.

Impulso final. Elizabeth ha hundido el acelerador en el último tramo de la pista. Aquí es donde ha tomado las decisiones más importantes: no bajar la velocidad, detenerse solo para cambiar llantas, poner combustible y seguir conduciendo hasta llegar a la meta. Ahora es una mujer extrema, ha vencido los miedos y levantado trofeos de campeona nacional. Su hogar tiene puesto los cinturones de seguridad. La carrera no es la última, faltan pistas por recorrer.

Meta. La logró cuando el otro día un niño se le acercó en una gasolinera, la abrazó y le pidió posar con ella para una fotografía. Y es que así como ama a sus hijos ella quiere ser influencia positiva en los niños, “porque es a ellos a quienes los adultos les destruimos su mundo familiar, social y profesional, si no pensamos como ellos le diremos adiós a otra generación”, me sentencia indignada.

El premio. Ella me dijo: “Los mejores trofeos que he ganado son mi familia, ser campeona nacional y saber que Dios es mi entrenador”. Cuando cada mujer que escucha su historia decide frenar los miedos y hacer un cambio de velocidad para que sus metas no se alejen, entonces Elizabeth siente que ha ganado otra carrera. La confianza en Jesucristo y nuestra actitud pueden llevarnos por una mejor ruta.
 
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