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27 de Mayo de 2017 a la(s) 0:0 / Inés Martínez

Como es costumbre cada mayo, se les festeja a todas las mujeres que son madres, y que en nuestras familias salvadoreñas el resto de los días del año pasan muchas veces desapercibidas, en su mayoría realizan trabajo en el hogar, el cual no es remunerado, porque lo hacen “por amor”, “porque el destino se los puso en el camino”, “porque las mujeres para eso han nacido”. Porque desde niñas los estereotipos que se enseñan son los que están fundamentados en lo mismo de hace 3 o 4 generaciones. Las niñas juegan con muñecas, con juegos de cocina, juegan a maquillarse y a ser atractivas para el sexo opuesto, porque “deben darse a desear”... y crecen con esa mentalidad y toda la sociedad gira alrededor de esto, apoyando fielmente a tales ideales.

Se llegan los 20 o 30 años en el cual si la mujer no tiene hijos se le considera un espécimen raro, que no encaja con lo esperado y en muchas ocasiones es vista de menos valor que las que sí tienen hijos/as, es decir que se destina a la mujer a la maternidad, es la única forma para la “realización femenina”, y aquella que no ha dado a luz no es una buena mujer, una verdadera mujer.

Por su lado los partidos políticos a pocos meses de las elecciones para diputados y alcaldes de 2018 están muy concentrados en la elaboración de sus plataformas electorales, para obtener tan anhelado escaño legislativo. Probablemente se escuche algún plan, programa o proyecto que mencione como beneficiarias a las mujeres, pero en el fondo es lo que menos les interesa y no solo a los políticos sino también a todos los actores de la sociedad; los hechos hablan más que mil palabras, si bien es de común conocimiento que la economía y la delincuencia son problemas graves que aquejan al país no deberían ser los únicos a los que se les ponga el foco de atención.

Este día debemos reflexionar seriamente, sobre el derecho a decidir ser o no ser madre. Es de vital importancia transmitir a las siguientes generaciones que no están en la obligación de serlo. El famoso “instinto maternal”, motivo por el cual las mujeres estamos llamadas a procrear y a ser las responsables directas de la reproducción, sin pensar seriamente en las implicaciones que esto conlleva a nivel personal: físico y mental, y en el hecho mismo de no desear serlo.

Recientemente hemos visto casos en los que mujeres salvadoreñas han sufrido aborto ya sea inducido o espontáneo, acusadas por todos los actores sociales como inhumanas, pero... ¿Qué decir de los homofóbicos?, de las violaciones sexuales hechas por sacerdotes, pastores, por los tíos y por los propios padres, pero quedémonos con algo que ocurre a cada instante y que también es invisible: el acoso callejero, “porque la culpa la tiene la mujer, la muchacha, la niña por provocar con la vestimenta, por insinuarse, por buscárselo”. ¿Hasta cuándo?, ¿hasta cuándo las mujeres y niñas lograremos ser agenda nacional, de verdadera importancia?, solamente personas con visión podrán entender que la solución al subdesarrollo y lograr por fin un desarrollo sostenible y sustentable tal cual El Salvador se ha comprometido con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) es dando la oportunidad a las niñas, jóvenes y mujeres a acceder a la educación, a ser independientes, a ser seres pensantes y productivos, solo así se podrá salir de la pobreza en la que históricamente han estado y continúan estando sometidas.
 
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