El Salvador - Julio 25, 2017

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En el país continúa vigente la dañina práctica de no tomar medidas preventivas para evitar los daños que luego son irreparables

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Dicha vulnerabilidad se refiere a la situación que se da en los centros de trabajo, y que si bien es constantemente vigilada por las autoridades correspondientes en los lugares privados ha quedado en dramática evidencia que tal vigilancia no opera en las áreas públicas. Esta es otra muestra, incuestionable por cierto, de que la institucionalidad estatal no predica con el ejemplo.

12 de Julio de 2017 a la(s) 0:0

En El Salvador ha faltado siempre, en todos los órdenes de la vida nacional, una cultura de la prevención, la cual en verdad es parte muy significativa de la cultura de la responsabilidad, que es la que no existe como base. En términos generales, lo que acontece en el diario vivir, y en cualquier tiempo y latitud, casi nunca proviene de lo inesperado: casi siempre lo que ocurre es consecuencia de una causa determinada, y esto exige tomar a tiempo las medidas preventivas pertinentes para posibilitar el mejoramiento continuo de las condiciones de seguridad en todos los campos del quehacer cotidiano. Es ese vínculo causal tan determinante en todos los sentidos lo que a diario se desconoce y se evade en el ambiente, con los efectos que están a la vista.

En estos días el suceso tan deplorable y alarmante que se dio en las instalaciones principales del Ministerio de Hacienda, donde se desató un incendio de grandes proporciones que dejó graves daños humanos y materiales, incluyendo víctimas mortales y muchos heridos de consideración, ha puesto en el foco otra de las serias vulnerabilidades que nos aquejan. Dicha vulnerabilidad se refiere a la situación que se da en los centros de trabajo, y que si bien es constantemente vigilada por las autoridades correspondientes en los lugares privados ha quedado en dramática evidencia que tal vigilancia no opera en las áreas públicas. Esta es otra muestra, incuestionable por cierto, de que la institucionalidad estatal no predica con el ejemplo.

Simbólicamente se dice que una vez que el fuego ha hecho de las suyas de nada vale llorar sobre las cenizas. En este caso, la frase simbólica se apega estrictamente al suceso real. El titular del Ministerio afectado ha dicho luego del suceso que “ahora que ha pasado todo podemos analizar qué pudo haber faltado, qué pudo haber sobrado, qué no se utilizó...” Y efectivamente hay que hacer tales evaluaciones en función de corregir deficiencias y solucionar carencias; pero lo más importante, luego de una experiencia tan alarmante y dolorosa como la vivida el pasado viernes, es comprometerse con la responsabilidad preventiva, que nunca debe faltar como mecanismo generalizado de seguridad a tiempo.

Nuestro país es un vivero de vulnerabilidades y de inseguridades, y eso lo debemos tener presente en todos los momentos y circunstancias, para ganar y ejercer conciencia sobre las tareas que hay que mantener en acción constantemente. Somos vulnerables frente al clima, que en la actualidad parece haber entrado en rebeldía extrema; lo somos también por efecto de nuestras condiciones telúricas de siempre, que nos mantienen en vilo por la sismicidad que no cesa; y también lo somos en relación con las estrecheces de nuestra geografía, que nos limita las oportunidades en el ámbito de los bienes naturales. No son las únicas vulnerabilidades relevantes, desde luego, porque las de índole social y estructural tienen enorme gravitación en nuestra existencia como sociedad y como individuos. El tratamiento de las diversas vulnerabilidades existentes resulta, pues, tarea de importancia verdaderamente vital.

Que en esta oportunidad lo sucedido no sea noticia pasajera, sino llamado de atención que en verdad funcione como tal. Todos tenemos que actuar como lo que somos: una sociedad que no puede quedar librada a su suerte, sino que ha de responder a sus variados desafíos en la forma y con la oportunidad que se requiere.
 
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