El Salvador - Julio 25, 2017

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“Hago luego existo”

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René Descartes (1596-1650), filósofo francés considerado el padre de la filosofía moderna, expuso una de las premisas fundamentales del racionalismo moderno: “Pienso luego existo”.

15 de Julio de 2017 a la(s) 0:0 / Rafael Mejía Scaffini

Contrariamente, hoy hacemos muchas cosas sin pensar, lo que cuenta es la sensación de que hicimos algo, da la impresión que más que buscar la verdad y la auto realización, lo que buscamos es escondernos en medio de la agitación.

Al proceder de esta manera, constatamos que una vez “logrado el objetivo”, este no tiene el impacto esperado, y para los que todavía cuestionamos la existencia, el “objetivo logrado” se convierte en un profundo vacío.

En la perspectiva bíblica, las únicas obras que satisfacen, trascienden e impactan la tierra, son las que fueron concebidas por Dios mismo, es decir, aquellas que fueron preparadas en el cielo, para que las hiciéramos realidad en la tierra. Pablo lo expresa: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2.10).

Es en la intimidad con Dios que esas obras nos son reveladas, y asignadas de acuerdo con los dones recibidos por cada uno para poder realizarlas. El ejemplo de Caín, labrador de la tierra, y Abel, pastor de ovejas, ambos hijos de Adán y Eva, es muy revelador al respecto. Ambos habían sido educados en el temor de Dios y decidieron presentar una ofrenda: “Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas” (Ge. 4.3-4). Ambas ofrendas parecían estar listas para agradar al Señor, sin embargo un imprevisto sucedió: “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante” (Ge. 4.5).

¿Por qué Dios se agradó de la ofrenda de Abel y no de la de Caín? Algunos comentadores relacionan este acto con el corazón de Caín, apuntando que si bien es cierto su ofrenda era buena, su corazón no, contrariamente al corazón de Abel. Esta explicación podría contener algo de verdad, sin embargo no termina de explicar muchas interrogantes que surgen al reflexionar sobre la reacción del Señor ante la ofrenda de Caín.

Más bien, a través de este acto, Dios dejaba establecido que Él no se deja impresionar por nada que provenga de la tierra, sino por lo que nace en el cielo y se alcanza por fe, tal cual está escrito: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas” (Heb. 11.4).

Son las obras que se alcanzan por fe las que impactarán positivamente la tierra y darán sentido a nuestra vida. El problema radica en que no nos gusta vivir por fe, pues nos provoca incertidumbre y además requiere dependencia de Dios. Sin embargo, esta es la propuesta que el Señor nos hace para nuestro real crecimiento: “Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Is. 46.9-10).

Es de suma urgencia disponernos a entender y sobre todo hacer realidad lo que Dios concibió para nosotros, nuestros hijos y nuestro país, pues solo así seremos sorprendidos por los resultados que podremos alcanzar.
 
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