El Salvador - Julio 25, 2017

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La autorregulación no se impone

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Un periódico, como medio de comunicación, tiene la obligación de informar todo lo que pasa en un país. Esa es la función del periodista: informar. Mientras mejor informados están los ciudadanos, toman mejores decisiones, esperan más de sus gobernantes e incluso están dispuestos a dar más por la sociedad.

16 de Julio de 2017 a la(s) 0:0 / Luis Laínez

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Cada medio de comunicación elige la forma en que dará a conocer su información, lo cual constituye su línea editorial. Eso es inherente al trabajo periodístico. Eso, de ningún modo, es una camisa de fuerza. Al contrario, es una especie de guía. Para el caso, en una publicación dedicada a tratar temas económicos, como la revista EL ECONOMISTA, del Grupo LPG, no cabe, por ejemplo, un espacio dedicado a las noticias de los famosos, pero sí un análisis de cómo afectan a la industria textil los pedidos de determinadas prendas empujadas por la moda que, en algún momento, un famoso impuso.

LA PRENSA GRÁFICA, en cambio, es un periódico generalista, con múltiples secciones, destinadas, cada una, para llegar a una audiencia diferente.

Por eso puede encontrar noticias duras (judiciales, políticos, económicos y sociales), pero también entretenimiento, deportes, cultura y avances tecnológicos. Hasta hay clubes dedicados a resolver los crucigramas que se publican todos los días en las páginas de este periódico y gente muy pendiente de la publicación correcta de las mareas y hasta del horóscopo y las caricaturas. Todo esto hace que LA PRENSA GRÁFICA tenga amplia aceptación, amén de más de un siglo de tradición en el país.

Sin embargo, los hechos de violencia son parte muy importante de la realidad salvadoreña. Ocultarlos es mentirle al país y ser cómplices de sus perpetradores.

No se trata de que haya un “interés morboso” por contar la cantidad de personas fallecidas, como suelen decir algunos funcionarios y comparsas del Gobierno, sino que es parte de ese compromiso que todo periodista tiene de informar todo lo que pasa.

Así como se informa de las muertes en este país, también se informa cuando hay reducciones de homicidios o que hay 66 municipios en los que hasta la mitad de este año no se ha reportado ni una sola muerte violenta.

Pero, claro, dejarlo hasta ahí hubiera sido una explosión de felicidad para las autoridades de Seguridad. Cambia el panorama cuando se informa, además, que en esos 66 municipios solo vive el 6 % de la población y que no forman parte del Programa El Salvador Seguro. O sea, que no son un éxito del gobierno, sino el resultado de otras decisiones y condiciones locales.

Pero, bueno, son gajes del oficio. Lo que sí está fuera de toda discusión es que con la excusa de que el país necesita noticias positivas se tiene que dejar de informar lo malo que pasa. Esa es la intención de la Ley del Sistema Nacional de Prevención de la Violencia, la cual ordena en uno de sus artículos la “autorregulación” en los medios de comunicación. Y, si no se cumple, la Comisión Nacional de la Prevención de la Violencia (CONAPREV), a través de la Dirección General de Prevención Social de la Violencia y Cultura de Paz (PREPAZ), realizará “cualquier acción que sea indispensable y conveniente para el mejor cumplimiento” de la ley, así como “las demás que otorgue el ordenamiento jurídico”.

Esto, en una palabra, es mordaza. ¿Cómo se puede hablar de autorregulación si habrá un censor verificando que se cumpla, autorizado, además, de tomar “cualquier acción que sea indispensable y conveniente”?

Por decreto no puede haber paz y armonía. Y por decreto tampoco se puede crear un paraíso en la Tierra.
 
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