El Salvador - Agosto 20, 2017

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María de Boet entregó su alma al Creador

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La reconocida empresaria salvadoreña María Rodríguez de Boet falleció el pasado domingo por la noche, a la edad de 95 años. Su deceso ha causado hondo pesar.

25 de Julio de 2017 a la(s) 0:0 / Reina María Aguilar

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Su deceso se dio en la capital, en su residencia, donde estuvo rodeada de cariño y de atenciones de sus familiares.

Doña Mariíta, como cariñosamente la llamaban, nació el 23 de abril de 1922 en San Miguel. Sus padres fueron Juan Ramón Rodríguez y Emma Amaya de Rodríguez. Ella fue la mayor de seis hermanos; le sobreviven Emma Rodríguez de Gómez y Pablo Rodríguez.

Sus primeros estudios los realizó en el colegio Nuestra Señora de la Paz, de su cuidad natal, y en el colegio La Asunción, de la capital.

Se graduó de secretaria ejecutiva y en Administración de Empresas en el Pasadena City College, de Los Ángeles, California, en 1947.

En 1949, contrajo matrimonio con Paul Boet, con quien procreó cinco hijos: Elizabeth, Ricardo y Roberto (ambos ya gozan de la paz del Señor), Ana María y Nancy. “Mi madre fue un ejemplo a seguir; sus 13 nietos y 17 bisnietos fueron uno de los mejores regalos que Dios le dio”, expresó su hija Nancy, quien agregó: “Nos ha dejado un gran vacío, pero siempre estará en nuestros corazones”.

Empresaria visionaria

El 2 de abril de 1950, junto con su esposo, fundó el almacén Kismet, ubicado en una pequeña casa en la Calle Rubén Darío. Sus operaciones las inició vendiendo radiolas Grundig y discos; después se trasladó a las cercanías del parque Libertad, luego abrió Kismet Caribe, frente a la plaza Divino Salvador del Mundo.

También formó parte de los prestigiosos negocios del centro comercial Metrocentro, y en 1978 Kismet traspasó fronteras y abrió sus puertas en Guatemala, donde logró tener buenos clientes.

“Su vida fue el mejor regalo que Dios nos pudo dar a la familia”, expresó Nancy al referirse a su madre, y a quien describió como una hija de Dios y quien formó parte de la Renovación Carismática Católica.

Reconocimientos

Su vida empresarial y personal fueron objeto de merecidos reconocimientos. En 1991, se hizo acreedora de la Palma de Oro, alto reconocimiento que la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador otorga a personas que han dejado una huella imborrable; de esta gremial fue socia. En 1997, la Universidad Dr. José Matías Delgado le confirió el doctorado honoris causa; además, se hizo acreedora de reconocimientos por parte de la Asociación de Orquideología Salvadoreña, de la que fue presienta por varios períodos y presidenta honoraria hasta el final de su vida. El Club Rotario, Cruz Roja Salvadoreña, entidad a la que le dedicó años de su vida para atender a los más necesitados, y la Asociación de Migueleños Residentes en San Salvador también reconocieron su labor.

Este día, a partir de las tres de la tarde, será velada en Montelena Complejo Funerario; y mañana, también a las tres de la tarde, en la capilla del mismo complejo, se oficiará una misa de cuerpo presente, en la que familiares y amigos le darán su último adiós.

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