El Salvador - Agosto 19, 2017

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En los últimos 20 años, el 95 % de los partos adolescentes se da en países de ingresos bajos y medios, con las mayores tasas en África subsahariana y Latinoamérica.

29 de Julio de 2017 a la(s) 0:0 / Inés Martínez

En El Salvador en tan solo 7 años, 117 niñas de 12 años dieron a luz en un hospital de la red pública, y en casi 7 años el Ministerio de Salud reporta que se han atendido 70,332 partos de adolescentes entre 15 y 19 años. Datos alarmantes en una cultura donde se naturaliza y se le ve normal que una joven deje sus estudios por dedicarse a ser madre, llamándole “bendición” a su reproducción sin estar preparada ni mental ni físicamente, teniendo serias consecuencias desde económicas, educativas y de salud entre algunas: el traumatismo, leucemia, cáncer, o tumores; en algunos casos y en otras su muerte durante el parto ya sea por complicaciones del embarazo por no estar preparadas físicamente o a causa del suicidio. ¡Y qué decir del sistema judicial y el engranaje legal! ¿A quién protege?

Los suicidios en adolescentes embarazadas, que su índice va cada día en aumento así como sus causas diversas: negación del embarazo, cero planificación, producto de violación sexual-estupro, presiones familiares y sociales. Dichas muertes reflejan destrucción total en la defensa emocional y psíquica de una adolescente. Embarazo adolescente, etapa en la cual les tildamos con cualquier calificativo, y responsabilizando únicamente a la joven de tal suceso, desligando al joven, “pues él como hombre va a llegar hasta donde la mujer lo permita”. A estas alturas, hacemos el ridículo comportándonos de tal manera, pues el acto sexual es responsabilidad de ambos y para practicarse en la edad adulta, aunque no sea necesariamente para reproducirse; pero sobre todo la responsabilidad radica en aquellas personas que siguen induciendo a tales prácticas y no queriendo hablar sin tapujos con la juventud, esperando a que sus amistades se lo cuenten aunque no necesariamente de una buena manera y con la debida orientación que tal temática merece.

La adolescencia debe ser una edad para desarrollar al máximo su potencial. La importancia de practicar deportes, hacer algún tipo de arte, o realizar diversos talleres para desarrollar cualquiera de las 8 inteligencias, ya sea en el sector público o en el privado. Enseñar a la juventud el valor que tiene el dinero y cómo es la forma correcta de ganárselo. Si hablamos de moral y religión empecemos por ahí. Familias que aplauden cuando la niña o el niño dicen malas expresiones, agresiones verbales a otros, felicitar al joven por tener muchas novias, etcétera. ¡Hasta dónde y hasta cuándo llegaremos con esta situación! Estamos en una sociedad en que las familias son encubridoras, alcahuetas y generadoras principalmente de la mala crianza de la juventud que cree que se automerece ser líder o jefe, sin haberse preparado académicamente o que no necesita estudiar para ser alguien en la vida, porque su familia le da todo, creando así una juventud acomodada, que de llegar a la edad adulta son seres maltratadores, homicidas, secuestradores, etcétera. Y el sistema de educación con la múltiple burocracia y despreocupación en mejorar tal situación, jóvenes que se creen dueños del mundo sin serlo de nadie ni de ellos mismos.

Me entristece que esta cultura de reproducción continúe de tal forma, cuando nuestra preocupación no debería radicarse en dejar un mejor planeta para nuestros hijos, sino que deberíamos procurar dejar mejores hijos al planeta.
 
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