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El fin del chavismo y los desafíos de la reconstrucción y transformación de Venezuela

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En los anales de la historia del siglo XXI, el chavismo liderará el ejemplo del mayor desastre económico-social y corrupción de casi dos décadas, en uno de los países más ricos del mundo.

10 de Agosto de 2017 a la(s) 0:0 / Alberto Arene

No tengo duda de que en los anales de la historia latinoamericana y de los experimentos “socialistas” del siglo XXI, el chavismo liderará el ejemplo del mayor desastre económico-social y corrupción de casi dos décadas, en uno de los países más ricos del mundo. Hoy que se aproxima su inexorable final, la tarea de la reconstrucción y transformación de Venezuela pronto se convertirá en el gran desafío, tanto para salir de semejante desastre como para viabilizar su futuro. Pero también para proyectar la identidad y alternativa del nuevo poder emergente.

Con la caída acelerada de un tercio de su producción interna en los últimos 3 años; el recorte de subsidios, inversión y gasto social; la hiperinflación e hiperdevaluación y la reducción acelerada del valor de los salarios, pensiones e ingresos de los pobres y la clase media; el desabastecimiento generalizado de alimentos y medicinas, y la crisis humanitaria; con el liderazgo del homicidio a nivel mundial compitiendo con El Salvador; con el deterioro generalizado de la infraestructura y el retroceso de la industria petrolera; y con el masivo endeudamiento que hipotecó un buen trecho de su futuro; los avances sociales financiados con el extraordinario boom de los precios del petróleo han sido completamente revertidos, ahora en plena caída libre.

Al gobernar con considerables grados de legitimidad y hegemonía en sus primeros 15 años, requiriendo de represión selectiva, la violación generalizada de los derechos humanos no caracterizó el ejercicio del poder chavista. Eso cambió en los últimos tres años, deteriorándose aceleradamente con asesinatos, detenciones ilegales, presos políticos y torturas cada vez más comunes en un régimen más militar que civil, con sus líderes vinculados al narcotráfico. Apoyado por solo el 10-15 % del electorado, la represión creciente para gobernar le es ahora indispensable para intentar contener las marchas, protestas y paros que por primera vez se generalizan, aferrándose al poder.

Si bien la democracia con Chávez fue siempre más de origen que de desempeño, fue cuidadoso de guardar las formas y fachadas de la legalidad, mientras Maduro tiene que prescindir de ellas. Esto explica la elección apresurada e ilegal de la sala constitucional para anular la nueva asamblea legislativa con mayoría calificada de la oposición, la destitución de la fiscal chavista que denunció las violaciones constitucionales que culminaron con la “elección” ilegal y fraudulenta de su asamblea constituyente que dejó al régimen al margen de la constitución y de las leyes, fracturando aún más al chavismo y terminando de aislar al régimen internacionalmente.

Quebrado financieramente, sin capacidad de pagar sus próximos compromisos a los acreedores internacionales diversos, al margen de la constitución y de la legalidad democrática, repudiado por la inmensa mayoría del pueblo restiado en la protesta, y por casi toda América, Europa y las naciones democráticas y civilizadas del mundo, los días de Maduro y del chavismo en el poder están contados. Ha llegado la hora del desenlace, de la toma del poder de las fuerzas democráticas respaldadas internacionalmente, a lo que nos referiremos próximamente.

Unificar a la oposición en el gobierno y lograr la mayor convergencia política y social será la gran prioridad nacional, así como escoger a los mejores hombres y mujeres en los puestos de responsabilidad para enfrentar –primero– el período de emergencia y reactivación, y el de reconstrucción y transformación, después. Venezuela deberá potenciar y valorizar, finalmente, sus diversos y enormes patrimonios y recursos naturales y humanos, sembrar el petróleo y transformar el pernicioso modelo petrolero-rentista por un modelo competitivo que potencie la inversión, el trabajo, la innovación y la creación de riqueza sobre los subsidios generalizados de la renta petrolera, con una democracia que fiscalice el poder.

Entre las prioridades de este período resaltan:

1. Plan de Emergencia social. Atención prioritaria de alimentación, servicios de salud y medicamentos a los grupos más vulnerables; aprovisionamiento de medicinas, equipamiento a los hospitales, y servicios de salud a la población.

2. Plan de emergencia y reactivación económica, y recuperación de la industria y exportación petrolera.

3. Reestructuración, renegociación y refinanciamiento de la deuda pública multilateral y bilateral con los organismos multilaterales financieros, y créditos diversos.

4. Recuperación de cientos de billones de dólares en bancos, acciones y patrimonio en el extranjero robado al Estado por la cleptocracia chavista, y estímulo para el retorno e inversión de capitales legales.

5. Plan para la atracción de inversiones, desarrollo económico y diversificación productiva y exportadora.

6. Retorno de talentos profesionales y recursos humanos diversos.

7. Reformar y fortalecer las misiones sociales, quitándole su naturaleza populista y clientelista.

8. Reestructuración de las fuerzas armadas y de los cuerpos de seguridad, dando de baja a los oficiales involucrados en la corrupción y el narcotráfico, y/o en la represión.

9. Política sostenida de transparencia, probidad y ataque frontal a la corrupción.

10. Política internacional de fortalecimiento de las relaciones con los países y organizaciones regionales democráticas del mundo, y política económica internacional con Asia (China, India, Japón y Corea del Sur).

Después de estas dos décadas literalmente perdidas, ojalá semejante desastre haya, al menos, inoculado al pueblo de adoptar regímenes fascistoides tan exitosos en el impulso de la pobreza sostenible de nuestros pueblos.
 
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