El Salvador - Agosto 19, 2017

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La extorsión nuestra de cada día

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Captura. Un policía observa en la pared una serie de números telefónicos, en la casa de Antonio Barahona, capturado por el delito de extorsión en el cantón Joya Galana, de Apopa, en septiembre de 2009.

La extorsión es uno de los delitos más extendidos en la sociedad salvadoreña. Su ubicuidad hace posible que una persona pueda ser víctima, incluso, de sus mismos familiares. A pesar de que las autoridades afirman que existe un alto grado de efectividad en su combate, la revisión de decenas de expedientes judiciales da cuenta de que quien es condenado es, casi siempre, quien se encarga de recoger el dinero, no quien amenaza y, quizá, es el beneficiario final de su acción.

13 de Agosto de 2017 a la(s) 0:0 / Un reportaje de Moisés Alvarado Fotografías de Archivo

Esa mañana, la del 3 de junio de 2014, Calixto vio salir a su hija Irene hacia la escuela, con su maletín café en la espalda, vestida con su uniforme escolar. La vio salir como se mira llover, esperando que regresara a la hora acostumbrada. La adolescente no llegó a la casa nunca más.

Al siguiente día, Calixto recibió una llamada. Desde el otro lado, una voz de hombre le advirtió que tenían a su hija y que debía pagar $700 para recuperarla. Para ver de nuevo con vida a su hija, Calixto estaba obligado a conseguir el equivalente del salario de un cabo de la Policía Nacional Civil con 16 años de servicio dentro de la corporación.

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