El Salvador - Agosto 19, 2017

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Una tregua palabreada, traicionada y crucificada

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Un verdadero proceso pacificador y no una tregua “palabreada” políticamente, como la que se llevó a cabo en El Salvador, requiere de muchas voluntades interesadas en el bien común, comprometidas con la paz, para no corromper un proceso pacificador con determinadas agendas políticas.

12 de Agosto de 2017 a la(s) 0:0 / Sherman Calvo

Un auténtico proceso de paz está fundamentado en el perdón y en la reconciliación. Esa es la paz que buscó siempre monseñor Fabio Colindres, quien además de la conversión y salvación de las almas como buen Pastor, actuó con una idea de trascendencia, de deber moral y eso va de la mano con lo que predica la Iglesia Católica en su doctrina social. Sin embargo, llegó un momento en el cual monseñor Colindres se sintió solo y rechazado en todos los niveles. El expresidente Funes mintió, según varios testigos, al afirmar que desconocía el proceso de la tregua. Los hermanos obispos de monseñor, con justificada razón, al no entender lo que estaba pasando, se apartaron del tema, haciendo lo correcto, según lo expresó monseñor Colindres en su declaración.

Cuando pienso en la bondad, se me hace difícil despojarla de su aura cristiana, de nuestro redentor Jesucristo, de su pasión y muerte, con la que se entregó sin medida a una voluntad superior. La bondad no siempre está donde dicen, ¿en la neutralidad? ¿En la renuncia a luchar? Quién sabe... pero seguramente vivirá en la entrega, en la fe, en la caridad, compartiendo la firme esperanza de que la maldad caiga por sí misma, rendida a los pies de la bondad, consciente de la superioridad moral de esta.

La genuina inteligencia no se esconde tras una vasta cultura o una prodigiosa memoria. La inteligencia en grado máximo equivale a bondad. El hombre verdaderamente inteligente es bueno. El hombre verdaderamente bueno es inteligente. Una bondad que no está exenta de ataques de maldad, más por interés que por ignorancia, tal y como ocurrió con la “tregua” en El Salvador, proceso que fue desfigurado de esos principios justos y humanitarios, para ser traicionada, entregada y crucificada.

Decía Freud, resumiendo la filosofía de Platón: “Los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad”. Debería reinar en el mundo la bondad pura. Otro filósofo también hizo un alegato a favor de ella, toda una temeridad en los tiempos que corren: “Me parece importante reivindicar la bondad, la que conocían los antiguos griegos, para quienes la excelencia de la vida era la belleza y el bien. Bondad era la excelencia humana”.

Por el contrario, aparentar ser bueno resulta sospechoso, sospechoso de atentar contra los cimientos de la correcta y honesta actuación, que se traduce en “el fin justifica los medios” a cualquier costo. En este caso, el de la “tregua”, siempre se trató de sorprender en su buena fe a la OEA, a la Iglesia y a los medios de comunicación, para darle un rostro humanitario a lo que estaba oculto: una “tregua beneficiosa” para el Estado, cuyos efectos colaterales no pudieron controlar sus propios “facilitadores”. “La tregua entre pandillas fue una política de Estado que se estaba desarrollando en esa época”, afirmó David Munguía Payés, ministro de Justicia y Seguridad durante la tregua. “El expresidente Funes tenía pleno conocimiento de la tregua porque era una política del Gobierno...”, afirmó Francisco Salinas en su declaración.

Estoy a favor de monseñor Colindres y con todos los obispos y sacerdotes que creen que hay que reivindicar, hoy más que nunca, una idea de bondad distinta, una bondad inteligente, como una fuerza ancestral que viene haciendo girar el mundo desde tiempos inmemoriales.
 
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