Dicen que la palabra afán posee un origen árabe, que vendría de la palabra “faná”, que significa “agotamiento por pasión”. Cualquier diccionario explicaría de otro modo este concepto: “Afán es la actitud de alguien a entregarse a una actividad con todo su interés”. De lo que no hay duda es de que todos tenemos afanes y estos, a final de cuentas, determinan nuestra realidad. Un antropólogo ya había planteado antes que sería interesante conocer los afanes colectivos, los de todos los salvadoreños. El ejercicio suena complicado; sin embargo, para esta edición el periodista Ronald Portillo nos platica del afán de muchas parejas salvadoreñas que pujan por adoptar a un hijo. Muchas de ellas, como leerán en su crónica, deciden adoptar porque simplemente les nace hacerlo, esto a pesar de tener hijos biológicos.

Querer ser padre adoptivo podría resultar potencialmente positivo, tomando en cuenta que desde 2005 –y según números del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA)– contabilizaron a más de 1,700 niños y bebés que caben en la complejísima etiqueta del “abandono”.

En nuestro fotorreportaje nacional, el periodista Giovanni Lemus acerca su lente a un afán totalmente distinto: es el de varios salvadoreños que viven en la costa usuluteca. Ellos mismos se llaman galleros, porque lo suyo es el palenque de gallos de pelea. En una tarde de viernes del pasado mes de diciembre, Giovanni Lemus capturó estas imágenes que describen el ambiente que se genera en torno de dos gallos armados con cuchillas en sus espolones. El afán de muchos de estos galleros no solo es criar su propio gallo de raza, sino competir en derbis, apostar –algo que no guiña con la ley– y en el mejor de los casos ganar, obtener dinero.

En nuestro reportaje internacional, el periodista español Guillermo Altares nos platica de uno de los afanes estadounidenses que más debate está generando en los últimos días: el afán de armarse. Luego de la última masacre en una escuela de Connecticut, Guillermo Altares trata de buscar una respuesta a este suceso. Repasa la historia bélica de Estados Unidos y se detiene en una de sus famosas enmiendas. Esa que, hasta el día de hoy, permite que el que lo decida tenga acceso a portar armas: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido”.