Probablemente cuando un joven busca su primer trabajo se acomoda a las opciones que surjan: una empresa pequeña que ofrezca flexibilidad de horarios y no descuente ISSS, AFP y demás se convierte en una excelente opción, dejando más liquidez para sus gastos. Sin embargo, esas supuestas ventajas iniciales se convierten en un verdadero dolor de cabeza cuando la vida exige ponerse formales –es decir, burocráticos– y el joven –que ahora ya no lo es tanto– lleva cinco años trabajando para dicha empresa.

La informalidad es un gran problema. Es como una especie de bola de nieve que envuelve a empleados, empresas y por consecuencia, al país.

Los empleados tienen limitadas opciones para créditos, nulos o escasos viáticos o prestaciones, vulnerabilidad e inestabilidad en fechas de pago, cumplimiento de contratos, etcétera. Poco a poco los va invisibilizando del sistema, acortando opciones de desarrollo. Se vuelve un problema macro cuando todos los empleados que forman parte del sector informal salvadoreño suman cerca de 1.7 millones, de acuerdo con datos de FUSADES.

Esta bola de nieve envuelve a las empresas que operan informalmente. Técnicamente no existen en el tejido comercial, se ven limitadas de acceder a oportunidades de negocios por su condición y aún así deben pagar altos costos de operación que generan pérdidas y complicaciones.

Sin embargo, aun cuando estas empresas buscaran formalizarse, en sociedades de baja confianza como la salvadoreña un trámite en lugar de tardar días tarda años. Esto representa un costo enorme y, de alguna manera, la ineficiencia de la maquinaria estatal se convierte en un incentivo para mantenerse “cómodo” en la informalidad.

Este problema parece ser un factor común en los países latinoamericanos. La OIT informa que desde 1990, el 85% de los nuevos puestos de trabajo en América Latina y el Caribe fue creado en el sector extralegal. ¿Qué es lo que está pasando?

De acuerdo con el autor del libro “El misterio del capital”, el economista e investigador peruano Hernando de Soto, uno de los principales problemas de los países de la región tiene que ver con la informalidad. De Soto dice que en países como el nuestro “lo marginal es la legalidad, mientras que la extralegalidad se ha vuelto la norma. El ‘sector privado’ local en realidad solo es una fracción del mundo empresarial.

El grueso de la iniciativa empresarial en los países del tercer mundo se encuentra entre las compañías de construcción ilegal, fabricantes de artefactos y demás compañías ubicadas en el otro extremo de la sociedad. La única disyuntiva real de los gobiernos de esos países es incorporar esos recursos económicos a un marco legal ordenado y coherente”.

Las dificultades burocráticas en el proceso de formalización de una empresa e iniciativas emprendedoras son un gran obstáculo para la economía nacional. Y a fin de cuentas, los verdaderos afectados son salvadoreños honrados que buscan salir adelante a pulso de trabajo y entrega.

De todas maneras en El Salvador no cae nieve, ¿por qué habríamos de dejarnos arrastrar por ella?